Aranceles, tacos y alta tecnología

 

Entre el azote que traen algunos fatalistas sobre el casi apocalíptico efecto que tendrán los aranceles que don Trump impuso a los productos mexicanos que ahora costarán mucho más en los Estados Unidos haciendo que los taquitos que degustan nuestros hermanos migrantes allá en el norte sean todavía más caros, o pinches, o las dos; y el optimismo de otros que parecen haber excedido la dosis recomendable de antidepresivos o tomarlos con café cargado y azúcar, vienen muy bien las posturas frías y calculadoras que han mostrado el gobierno de la República y el de Morelos que llaman atener la cabeza fría para analizar y actuar en consecuencia.

Porque si bien los azotados reducen la respuesta mexicana a los aranceles a un mitin político en el zócalo el próximo domingo (que es forma, no fondo), lo cierto es que los anuncios y filtraciones previas al acto en que la presidenta Sheinbaum hará el anuncio de cómo responderemos a la unilateral iniciativa del trumpismo, dejan ver que por lo menos hay una intuición sobre hacia dónde debería girar el barco de la economía mexicana para paliar de alguna manera el impacto de la política arancelaria que no es proteccionista, sino simplemente un berrinche de bully.

Se ha trazado una respuesta en dos planos, primero la búsqueda de nuevos mercados, en lo que Morelos ya tiene una ligera ventaja con exploraciones para colocar productos en Europa, por ejemplo. El viejo continente (un mote medio gacho considerando que todos tienen la misma edad) y Asia parecen alternativas viables. Morelos ya tiene experiencia en el comercio exterior con España, Francia, Japón, y en grado menor, pero con posibilidades de crecimiento, en América del Sur; así que no habría tanto problema con dónde colocar la producción local de exportación.

El segundo plano es el fortalecimiento del mercado local mediante la exaltación de la producción nacional a través del distintivo Hecho en México. El sello fue presentado en Morelos por primera vez fuera de la Ciudad de México, lo que sin duda entraña una distinción atribuible a un proyecto económico trazado por el equipo de Víctor Sánchez Trujillo e Iván Elizondo Cortina, secretario de Desarrollo Económico y titular de la Comisión de Inversiones, que genera sus primeros éxitos con la atracción de proyectos empresariales para Morelos a partir de una idea de negocios que parece viable y de la que se había hablado mucho pero poco se concretaba, Morelos como un hub logístico en el centro del país. Un hub logístico se entiende como un centro de operaciones para la clasificación, transporte, expedición y distribución de mercancías, una acepción no limitativa, porque la idea es que en el estado también se produzcan bienes agroindustriales, farmacéuticos, de ensamblaje ligero, alta tecnología, energías limpias, y otras apuestas en las que Morelos lleva mano.

Pero fortalecer el mercado local no es sencillo, especialmente si hablamos de que el consumo de bienes duraderos en México está fuertemente dominado por los bienes de base tecnológica, gadgets, electrodomésticos, computadoras, cuyo gran puente de entrada al país suele ser Estados Unidos, aunque los consumidores mexicanos han mostrado en los últimos años cierta preferencia por los productos asiáticos, principalmente chinos, basta ver la telefonía móvil y los ecosistemas que teje a su alrededor.

Por supuesto que ninguna de las dos pistas sobre las que se teje hasta ahora la respuesta mexicana parece tranquilizar a los azotados, que consideran con algo de razón, la excesiva dependencia que México tiene de los Estados Unidos. Dependencia que, insistimos, deja de ser cada día que pasa una necesidad y se convierte poco a poco en comodidad.

La posibilidad de explorar mercados, en tecnología China e India hacen cosas sumamente interesantes; Europa y Canadá también desarrollan productos de alta calidad; y el cada vez más obligado requerimiento de desarrollar tecnologías propias; parecen presentar para México un escenario de oportunidades en el que, por plan estratégico o mera casualidad, Morelos parece estar apostando fuerte. Energías limpias, empresas de base tecnológica, productos médicos y farmacéuticos, son tres de las áreas que iniciarán o fortalecerán producción en el estado en los próximos meses. Todas las líneas de producción citadas tienen enormes espacios en el mercado internacional y atienden además a necesidades locales.

Siempre hay peros, y el que tiene este optimista escenario para Morelos es que depende de muchos factores que están fuera del control de los empresarios, sus trabajadores y los talentos que todos ellos suman. Hace falta aún la infraestructura, las garantías de seguridad pública, el trabajo de promoción y apertura de nuevos mercados. Cuestiones que caen en el trabajo de los gobiernos estatal y federal. Hasta ahora, las cosas en ambas instancias de mando parecen ir bien, pero la política mexicana es tan volátil como el valor de las monedas en Sudamérica. Valdría la pena recordar la conseja popular “no cambies de caballo a mitad de la carrera”, por muy gordo que pudiera caerles a algunos el caballo, el jinete, o la carrera.

El escenario de guerra comercial, ciertamente, no conviene a nadie, pero azotarse tampoco es el remedio. En cambio, trabajar, producir, innovar, explorar, se han vuelto obligaciones para salir adelante en medio de la crisis que seguro viene.

@martinellito

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Daniel Martínez Castellanos