¿Duelen al regresar? ¿O empiezan a sanar

cuando regresan, y entonces descubrimos

que duelen hace mucho, los recuerdos?

Viajamos en su interior. Somos sus pasajeros.

Andrés Neuman

Una manera de conversar con la historia familiar es contando la historia familiar. Novelar es un medio para recorrer los rincones más amorosos, pero sobre todo los más sinuosos, de ese laberinto que suelen ser las familias, y en el nombre de esa acción está el reto: No velar. Porque de eso se trata, de abrir las compuertas de una historia que nos concierne profundamente, sin la complicidad del silencio que a lo largo de los años llenó de huesos los armarios familiares. Los cuentos y los poemas también son medios de exploración a través de la biografía de nuestro clan, herramientas que hacen viable un exorcismo imprescindible para reconocernos, con todos nuestras virtudes y nuestros lastres.

En Una vez, Argentina*, el escritor Andrés Neuman cuenta la historia de su familia, recorriendo al mismo tiempo algunos momentos de la historia de su país, a través de un viaje que se propone realizar “de espaldas”, en busca de ese tiempo perdido, que no solo es el propio sino también el de aquellas vivencias que le llegaron de oídas, en las cartas que intercambió con su parentela, en los documentos y fotografías de la historia familiar, suma de testimonios que relatan lo que no vivió pero que le incumbe de una manera entrañable. Ese viaje “de espaldas”, está cruzado por sucesos que han construido a la Argentina del siglo XX: la migración, el peronismo, las dictaduras militares, la guerra de las Malvinas, los gobiernos de Alfonsín y Menem. Este cruce no es sólo una escenografía para la historia familiar: “Mientras a mi tía la torturaban, a su esposo lo habían obligado a mirar.” / “Una mañana del 77, el año en que me tocó nacer, Delia y Mauricio recibieron una llamada extremadamente sinóptica. Cierta voz amiga les dijo apenas: Rajen.”

Una vez Argentina relee críticamente la memoria familiar, en un juego de espejos con la memoria del país. Lo que nos sucede como individuos está íntimamente relacionado con esas historias que se entretejen en las calles y en los suburbios de los poderes políticos, económicos y culturales. Andrés Neuman se propone encontrar una identidad, una manera de asirse al mundo que le ha tocado vivir.

La migración está en el centro de este relato: el bisabuelo Jacobo nació en la Rusia de los zares, huyó a Buenos Aires y allí conoció a una joven lituana llamada Lidia, con la que se casó. El tatarabuelo René, un escultor francés que fue desterrado de su país por no arrodillarse ante el obispo de Bourges, y huyó con su esposa Louise Blanche a una remota población del norte argentino. “Mi bisabuela Juliette Pinauld llegó a Argentina a los dos años de edad y durante toda su vida se negó a hablar en francés, lengua en la que balbuceó sus primeras palabras. Me pregunto hasta cuando su memoria infantil tradujo secretamente de una lengua a la otra, cuál fue el primer día en que en lugar de soleil le amaneció el sol”.

La sustancia de esta novela, como la sustancia de la vida y de todo lo que somos, es la memoria, ese recurso tremendamente frágil, capaz de suplantar a la realidad, pero a fin de cuentas un asidero necesario en la búsqueda de la identidad, ese quien somos igualmente gelatinoso. ¿Dónde radica esa identidad? ¿En la infancia? ¿En el lenguaje? ¿En nuestro país de origen? En este caso, en una novela donde se entreteje la realidad y la ficción para crear otro mundo, cavando lo más profundo posible, antes de que caiga el atardecer.

En esta memoria prenatal, la música es un detonante de la memoria: “Hay una partitura en mi memoria. Desde antes de nacer, en el umbral del vientre de este mundo, escuchaba música. Mi madre iba a ensayar con la barriga rebosante y los pies impacientes. Yo me movía dentro de ella, danzaba torpemente al ritmo que indicaba el director, buscaba el mejor ángulo para escuchar. Y en las paredes tibias de mi casa de carne se confundían los instrumentos de la orquesta, la respiración de mi madre y mis futuros pensamientos. ¿Qué se piensa antes de nacer? ¿Será como una larga, sola nota con sordina? ¿Cómo un compás de espera, similar a la atención del arco suspendido encima de las cuerdas, a punto de aterrizar? ¿O será más bien un silencio sonoro, un silencio cargado de sentido igual que en el solfeo?”

*Una vez Argentina, Andrés Neuman.

Editorial Alfaguara, 2014.

Raúl Silva de la Mora