

Los mexicanos abrazamos, se trata de una muestra de afecto proferida, incluso hasta para quienes apenas conocemos.
No es que seamos facilotes, pero está en nuestra cultura, aunque la modernidad entre el enfriamiento de las relaciones personales, la mayor distancia social y hasta las reminiscencias de las pandemias han moderado y en algunos casos hasta extinguido esta práctica que resulta muy importante para la salud mental.
Hay estudios que rastrean la costumbre de abrazar como un ritual social presente con mayor frecuencia en las culturas latinoamericanas y de la Europa Mediterránea. En todos los casos se asocia la práctica con la conexión social y emocional; el fortalecimiento de las relaciones, los lazos de confianza y apego; se le conceden funciones terapéuticas porque reducen el estrés al permitir la liberación de oxitocina y la disminución del cortisol; atenúan la negatividad en contextos de conflictos interpersonales; y reflejan también la intensidad de las relaciones y los diferentes lazos emocionales (no es lo mismo abrazar a un conocido que amigo, o a un familiar que a la pareja).
En la historia nacional se abrazaron Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero en Acatempan para dejar atrás sus diferencias (o casi) y sellar la unión de realistas e insurgentes con lo que comenzó la culminación de la guerra de Independencia.
En la Revolución, Villa y Zapata también se dieron su abrazo en Palacio Nacional para sellar la alianza de los ejércitos revolucionarios del Norte y Sur.
Como la mayoría de los políticos tienen el anhelo de pasar a la historia, ellos abrazan mucho y procuran hacerlo frente a las cámaras, aunque eso desgasta el símbolo y para muchos refleja una hipocresía enorme.

Ese desgaste no implica que los mexicanos dejen de abrazarse. La disminución de la propensión a abrazar parece tener otros motivos.
El abrazo como terapia y marca de relaciones
La profusión por llevar las relaciones interpersonales a través de plataformas digitales, dinámicas sociales más aceleradas, temores sanitarios, y el fomento a la competencia en lugar de la colaboración entre las personas, parecen haber contribuido a que la gente se olvidara del contacto físico. Esta tendencia ha provocado que abunden los estudios científicos sobre el contacto interpersonal; hasta ahora, la evidencia apunta a que estos comportamientos pueden mejorar el funcionamiento de las relaciones y el bienestar individual.
Según los estudios, las personas que tienen mayor contacto interpersonal no sexual tienen mejor salud física, psicológica y relacional, y pueden amortiguar mejor los efectos negativos del estrés psicológico.
En términos sociales, los abrazos parecen ser determinantes culturales también. Se trata de un ritual que ayuda a identificar y reforzar las relaciones interpersonales. Algunas culturas como la japonesa privilegian el respeto al espacio personal, por lo que abrazan poco; otras como la inglesa, abrazan moderadamente. Los italianos y los mexicanos abrazan profusamente, pero no igual a todo mundo.
Por ejemplo, el abrazo a la pareja permite tocar casi cualquier parte del cuerpo (aunque el resto de la gente no necesita ver desplantes demasiado íntimos); los amigos permiten abrazos por los hombros y la cintura; la madre y el padre abrazos en la espalda; los hermanos se abrazan por los hombros igual que a los tíos, los primos; en el caso de los conocidos, el abrazo suele ser menos cerrado y se limita a un toque en el hombro.
Los abrazos de consuelo se dan sobre los hombros y permiten que la cabeza del doliente se recargue igual en el pecho o los hombros. Los de felicitación van a la parte alta de la espalda y suelen acompañarse por palmadas. Los de duelo son más duraderos y llevan palabras de aliento o condolencia. Los abrazos de saludo acompañan a un apretón de manos.
Así, la forma y los sitios de contacto marcan para el resto el tipo de relaciones (en algunos casos de intenciones sobre las relaciones), y también la función del ritual.
¿Abrazo? Gracias, prefiero no tocarte
La hafefobia es un trastorno mental que se manifiesta en un miedo intenso, irracional y persistente a tocar o ser tocado por otras personas. Para quienes lo padecen, el abrazo -la forma de contacto físico más extensa- significa un mundo de terror. No es una dolencia común, y en algunos casos, como después de traumas por violencia, puede ser pasajera.
Pero no es necesario padecer hafefobia para no gustar del abrazo. Hay quienes simplemente no quieren ser abrazados; otros no quieren que tú los abraces y es algo que debe respetarse.
Salvando que pueden serle poco simpático a quien rechaza tu abrazo, puede haber una diferencia de formación cultural, o un cambio generacional.
La soledad crónica suele reducir el agrado por el contacto físico. La privación de tacto obligada por la pandemia de Covid.19, hizo aprender hábitos de distanciamiento especialmente en quienes en aquella etapa eran adolescentes o adultos jóvenes.
Las personas que provienen de familias con menor apego, con lazos paternales traumáticos, los solteros, suelen abrazar menos o sentirse incómodos con estas muestras de afecto.
El rechazo al contacto no es generacional, por cierto. Aunque los millennials y los centennials tienen fama de no ser proclives a los abrazos, lo cierto es que abrazan más que generaciones anteriores especialmente de personas que pertenecen a sus grupos cercanos; aunque la evidencia científica muestra que las preferencias por el contacto físico tienen variaciones individuales significativas.
Tampoco la vida digital ha influido en evitar el contacto físico, aunque inicialmente tuvo un impacto en el distanciamiento y el tiempo de encuentros interpersonales, en México, las generaciones nativas digitales mantienen un alto contacto físico.
En cambio, la diferencia está en la forma de evitar el abrazo. Mientras las generaciones anteriores se sienten obligadas al abrazo, o lo evitan casi huyendo del sitio (me ha pasado); millennials y centennials parecen estar cómodos con explicar directamente las razones de su rechazo al contacto interpersonal y el mantenimiento del espacio individual con expresiones que reflejan sus sentimientos en el momento o de forma permanente.
El Día Internacional del Abrazo
Al final de cuentas, la gente decide a quiénes y en qué momento abrazar, pero algo que queda claro es la necesidad psicológica y cultural de hacerlo con cierta frecuencia.
Los abrazos son tan importantes que tienen su día internacional, el 21 de enero, a partir de la iniciativa de un psicólogo estadunidense, Kevin Zaborney, quien notó que la gente de ese país tenía dificultades para mostrar afecto en público, especialmente en el invierno; así que en 1986 propuso la celebración, a mitad de la estación más fría del año, para generar algo de calorcito humano.
Para celebrar el día internacional del abrazo, lo recomendable es recordar la importancia terapéutica y social de esta práctica, enterarse más sobre sus efectos y abrazar a quienes quieres, a final de cuentas la mayoría de ellos te responderá de buen grado el abrazo.
Para empezar la fiesta, te adelantamos un abrazo que dure todo el año.

Los abrazos marcen las relaciones humanas y los contextos en que se presentan. Imágenes IA de Copilot




