Elizabeth Mildred Maluti Lúa*

La Asamblea General de la ONU proclamó el periodo 2015-2024 como el Decenio Internacional para los Afrodescendientes, citando la necesidad de fortalecer la cooperación nacional, regional e internacional en relación con el pleno disfrute de los derechos económicos, sociales, culturales, civiles y políticos de las personas de ascendencia africana, así como nuestra plena e igualitaria participación en todos los aspectos de la sociedad, esto con el objetivo de promover los derechos humanos, la justicia social, la inclusión y el desarrollo de las personas afrodescendientes, reconociendo nuestras contribuciones y lucha contra el racismo.

Y aunque el objetivo se centró en el reconocimiento, justicia y desarrollo, buscando erradicar el racismo, quedaron desafíos pendientes.

Es por ello por lo que surge el Segundo Decenio Internacional, proclamado por la ONU en diciembre de 2024, para continuar de 2025 a 2034 con el fin de asegurar el pleno acceso a nuestros derechos e intensificar la acción para superar los legados de la esclavitud y el colonialismo, combatir el racismo, discriminación y prejuicios, una situación que hasta el día de hoy afecta a las personas y comunidades afrodescendientes a nivel mundial.

Cada 24 de enero se conmemora el Día Mundial de la Cultura Africana y Personas Afrodescendientes, adoptado por la UNESCO en 2019 con el objetivo de celebrar las culturas del continente africano y de las diásporas africanas en todo el mundo, promoviéndolas como instrumento eficaz para el desarrollo sostenible, el diálogo y la paz.

El reconocimiento constitucional

Es hasta el año 2019 que en México se reconoce en la Carta Magna, la existencia y derechos de Pueblos y Comunidades Afromexicanas en el artículo 2° apartado C, adicionando diversas disposiciones en 2024, lo que significa un comienzo para subsanar la deuda histórica de la invisibilización, aunque aún falta mucho por hacer.

Según INEGI en el censo 2020, en México 1 de cada 100 personas, nos autoadscribimos como afromexicanos y/o afrodescendientes. Lo anterior, funciona únicamente como punto de partida, ya que hubo deficiencias significativas, ya que debido a la falta capacitación hacia las personas encargadas de llevar a cabo la encuesta, esta no se llevó a cabo de forma correcta. La pregunta que debían realizar a todas las personas, independientemente de su fenotipo o color de piel era: “Por sus costumbres y tradiciones, ¿se considera usted afromexicano, negro o afrodescendiente?”, sin embargo, esta pregunta no se realizó a todas las personas encuestadas debido a que los encuestadores asumieron que por su fenotipo no lo eran, o decidieron dejar de hacerla debido a que el por el peso que el racismo y discriminación tienen hasta el día de hoy en la sociedad, las personas encuestadas se ofendieron con la pregunta, como si ser afrodescendiente fuera motivo de vergüenza o significará algo negativo. Otra razón triste y alarmante, fue el completo desconocimiento de lo que significa ser afrodescendiente, motivo por el cual muchas personas contestaron que no se identificaban como afromexicanos y/o afrodescendientes a pesar de serlo, ya que desconocían el término.

La herencia africana en México

Por desgracia, la existencia de una herencia africana en México es hasta el día de hoy desconocida, negada y silenciada. Su borramiento tiene origen en la construcción de un México centrado únicamente en 3 ejes, que giran entre lo indígena, español y mestizo, dejando fuera un eje de igual importancia como fue el africano, teniendo en cuenta la fuerte presencia que significaron: 200,000-250,000 como número estimado de personas esclavizadas registradas que llegaron a Nueva España, sin contar las que llegaron por contrabando y significa una cifra difícil de calcular. Trabajaron de manera forzada en minas, plantaciones de azúcar, ranchos, agricultura y labores de cuidado dejando un legado importantísimo en la construcción de lo que hoy conocemos como México, ya que no se puede entender el país sin las diversas aportaciones de los africanos y afrodescendientes en nuestra historia.

Con personajes históricos decisivos y estratégicos como Vicente Guerrero, José María Morelos y Pavón, Amelia Robles, Emiliano Zapata, Ana María Chiquita -quien protagonizó una de las primeras manifestaciones de esclavizados en Morelos en 1763, exigiendo condiciones de vida dignas, con el grito “Queremos vivir mejor”-, los hermanos Galeana, Juan Álvarez… entre muchas mujeres y hombres afrodescendientes anónimos que lucharon para que hoy podamos vivir en un panorama mucho más digno.

La presencia afrodescendiente en México no se debe únicamente al acto cobarde y atroz de la trata trasatlántica, se debe también a las migraciones contemporáneas, como es mi caso, siendo orgullosamente hija de padre zambiano (centro-sur de África) y madre mexicana, soy afromexicana/afrodescendiente de primera generación. Siendo mi padre un destacado profesionista, deportista y activista que llegó a México de manera voluntaria, que amó a México, y que como muchos africanos y afrodescendientes aportó sus saberes a la sociedad mexicana.

Las aportaciones de la raíz africana en México son plenamente visibles en nuestro día a día, las encontramos en la jamaica, el tamarindo, la fritura en aceite, el angú,

mondongo (pancita o menudo), moronga etc. En palabras cotidianas como chamba, mochila, cafre.

La mano, la música y la sabiduría tradicional

Las personas afrodescendientes en México jugaron un rol fundamental en la construcción colonial, aportando su mano de obra como albañiles, arquitectos y artesanos en obras clave como la Catedral de México, iglesias en Morelia, Puebla y Oaxaca, y haciendas, dejando un legado esencial en la edificación de fortalezas (Acapulco, Veracruz) y la configuración urbana, aunque su contribución ha sido históricamente minimizada, busca reivindicación cultural en la actualidad a través del estudio de sus aportes arquitectónicos y culturales, según CNDH.

En la música, jazz, soul, R&B, cumbia, salsa, merengue, tango, samba, blues, hip-hop, etc. Como algunos exponentes afromexicanos Antonia Peregrino y Álvaro Carrillo compositor de Sabor a Mí y El Andariego, entre muchas otras.

En el uso de hierbas, inciensos, veladoras y utensilios para rituales. Según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) sobre el censo 2020, hay 40 mil 799 creyentes de las religiones de origen afro.

Es urgente que se conozca que la afrodescendencia no es exclusiva de Guerrero, Oaxaca y Veracruz, que, si bien es cierto que en ciertos estados existe mayor presencia, también lo es que esta población se extiende a toda la República Mexicana. Es imperativo que desde la primera infancia se conozcan las múltiples aportaciones africanas y afrodescendientes en nuestro país, que se plasme en los libros de texto, que se difunda en los medios de comunicación, ya que esto permitiría resignificar, honrar, asumir y reconocer la afrodescendencia como es, desde el orgullo.

Las razas no existen, el racismo sí

Pero ¿por qué México desconoce o niega su raíz africana? Aunque parezca increíble, en pleno siglo XXI, el sistema de castas sigue arraigado en el pensamiento colectivo, creando la idea de la existencia de “razas” y de la superioridad de una sobre otra. Las razas no existen, sin embargo, el racismo sí, siendo una construcción social de jerarquías y sistemas de dominación, catalogando a grupos como inferiores basándose en el origen étnico, la apariencia y la cultura, significando ventajas y desventajas, privilegios para algunos y exclusión para otros.

Dicho pensamiento ha creado brechas de desigualdad dando paso al racismo sistémico, aquel que obstaculiza e impide el acceso a los derechos humanos, que impacta en el acceso a la salud, la vivienda, la justicia, el ejercicio y desarrollo pleno de nuestras capacidades y cultura, una estructura que genera prejuicios y estigmas, que repercute significativamente en la salud mental y el poder vivir una vida digna. El racismo también va acompañado de perfilamiento racial y brutalidad policial, el racismo sigue costando vidas.

En Morelos, según los datos más recientes de la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) 2023 del INEGI, la población afrodescendiente en Morelos representa el 4.9% del total de la población del estado, siendo la segunda entidad con mayor porcentaje de personas afromexicanas en el país.

Sin embargo, a pesar de la estadística, la negación, desconocimiento e invisibilización de la afrodescendencia, perpetúan la creencia de que la presencia de personas afro en Morelos se remite únicamente a provenientes de las costas, también hay quienes creen que simplemente no pertenecemos aquí, que somos extranjeros, o relacionan lo afro solamente al color de piel o fenotipo, cuando ser afrodescendiente no tiene que ver con estereotipos, puedes ser una persona de piel clara sin cierto fenotipo/estereotipo y ser una persona afro.

También existe quien simplemente no sabe que es afrodescendiente debido a que, por motivos de racismo y discriminación, la herencia familiar se silenció sin lograr conocer y transmitir la historia y los saberes de nuestra herencia africana.

Las personas afro originarias de Morelos existen, ya que quienes llegaron de manera forzada a las múltiples haciendas de Morelos, provenientes de África hace siglos, nunca se fueron, se establecieron aquí, formando familias enteras que hasta el día de hoy habitan nuestro estado. De la misma manera quienes somos descendientes de migraciones contemporáneas y hemos construido arraigo en la entidad.

Ausencia de representación legal

La ausencia de representación real de personas afrodescendientes en espacios de poder y toma de decisiones sigue siendo un tema que obstaculiza que Morelos reconozca y abrace su identidad afro, ya que las personas que ocupan esos espacios no conocen a la Comunidad, no han trabajado por ella, ni conocen nuestras necesidades, fortalezas y problemáticas.

Es necesario contar con representantes que cuenten con un vínculo real con la raíz africana, acompañada de un trabajo con antigüedad pertinente que les respalde y sea comprobable.

En Morelos la afrodescendencia solo es importante en temporada electoral, cuando aparecen afromexicanos nunca antes vistos en la lucha, únicamente para ocupar un cargo público. Es por ello por lo que siempre he impulsado la iniciativa de la autoadscripción calificada, ya que una carta bajo protesta de decir verdad deja la puerta abierta al oportunismo y usurpación; esto evidencia el motivo por el cual las desigualdades no desaparecen, la cultura y las aportaciones afrodescendientes, que son innumerables, no se difunden, porque solamente estamos visibles en los discursos de vez en cuando, pero nunca en las acciones.

Como Primera Representante Afromexicana en Morelos, electa en Temixco, he realizado múltiples trabajos de visibilización y reconocimiento de mi herencia africana, uno de ellos fue como organizadora y anfitriona del XXV Encuentro Internacional de Pueblos Negros con más de 400 asistentes de diferentes estados de nuestro país, así como participantes de Colombia, Cuba, Brasil, Estados Unidos, Zambia, Senegal, Togo, Italia Argentina, un evento que celebró la cultura y los aportes, un espacio donde también se expusieron las necesidades y desafíos de la comunidad afrodescendiente, donde tuve la fortuna de ser acompañada por organizadores y colaboradores como David Gómez, Director del Centro de Estudios Afromexicanos Tembembe y todo el equipo de la Ex Hacienda de Temixco que organizó y otorgó todas las facilidades, lo cual llevamos a cabo con el objetivo de honrar y darle voz a todas aquellas personas africanas y afrodescendientes que llegaron a esa Hacienda de manera forzada, que con miedo y dolor se enfrentaron a lo desconocido y que a pesar de todas las adversidades resistieron, dejando un legado histórico y cultural invaluable. Este evento significó algo histórico para el municipio de Temixco y el estado de Morelos.

El activismo también me llevó a desarrollar un trabajo de investigación para mi titulación de posgrado, con el tema: “Impacto del desplazamiento forzado de personas africanas y afrodescendientes: Orígenes, causa y consecuencias en el ámbito internacional”, ya que hasta el día de hoy el sector afro es uno de lo más azotados por el desplazamiento forzado a nivel mundial. Me condujo también a presentar la primera campaña institucional en Morelos para prevenir la violencia contra mujeres afrodescendientes, titulada: “Cómo nos gustaría ser tratadas a las mujeres afromexicanas”, con el objetivo enaltecer la herencia de nuestros rasgos, de informar acerca de la necesidades y problemáticas de las mujeres afromexicanas, erradicar estereotipos y prevenir la violencia sexual y obstétrica.

La cultura africana significa orgullo, resistencia, herencia ancestral, y no se limita a un día. Nuestra cultura se vive y celebra a diario, rescatándose y transmitiéndose de generación en generación.

*Primera Autoridad Representante Afromexicana en Morelos, electa en Temixco.

La cultura afrodescendiente debe visibilizarse y reconocerse: Foto: cortesía

La comunidad afrodescenciente se puede reconocer en todo el país. Foto: UNAM

Hay quienes simplemente no saben que es afrodescendiente debido a que, por motivos de racismo y discriminación, la herencia familiar se silenció. Foto: UNAM

La cultura africana significa orgullo, resistencia y herencia ancestral. Foto: UNAM

La Jornada Morelos