
Durante muchos años la batalla por la liberación femenina ha modificado la manera en que las mujeres se desenvuelven en el ámbito social, partiendo desde derechos básicos como trabajar, votar y decidir sobre su cuerpo de manera independiente; si nos enfocamos en la libertad sobre el cuerpo femenino, el proceso ha sido realmente largo y sustentado en explicaciones que se han reducido a hipótesis sobre las razones en la manera de vestir de las mujeres, entre las cuales resalta la idea de seguir estereotipos marcados socialmente pero además aprobados por hombres poderosos que gobernaban el mundo de la moda, cine y televisión.
Junto con la libertad laboral y económica, surgen nuevos liderazgos en el mundo del estilo, con cabezas femeninas en las riendas a la par del surgimiento de un movimiento en redes sociales que buscan defender la naturaleza del cuerpo y evitar idolatrar figuras estéticas que mediante procesos han logrado lo que- al momento- se considera bello; sin embargo, esta batalla tiene sus contrastes, por un lado se busca fomentar la idea de amor propio y por otro tenemos cientos de mujeres buscando una perfección inexistente explicado con la absurda idea de ser vistas y reconocidas como mujeres bellas ante los ojos no solo de los hombres, sino principalmente frente a otro grupo de mujeres con quien se tiene una competencia no declarada abiertamente.
Existe un comportamiento contradictorio a la época donde la mujer se ha defendido, ha gritado e intentado luchar una guerra contra los hombres mediante acusaciones sobre su dominación, ante esto surge el concepto “sororidad” determinando el apoyo mutuo entre mujeres siendo esto un tema confuso. Tenemos mujeres modernas con la capacidad de elegir cómo vestirse, pero también observamos a muchas de ellas elegir atuendos que retan a la comodidad muchas veces defendiéndose ante las miradas inevitables de algunos hombres ¿De verdad creen ellos ser la razón de la selección del closet?
Si colocamos como ejemplo las instalaciones de un gimnasio se podrá observar gran variedad de atuendos, acordes a la marca de moda ya sea un clon o la versión original, peinados perfectamente arreglados, maquillaje y vasos de igual manera, respetando marcas que se posicionan en el mundo del entrenamiento físico; muchas de las vestimentas no son diseñadas precisamente a la comodidad durante la actividad física, para lo cual es preciso retomar el surgimiento de la revolución fitness femenino que surge aproximadamente en los años 70s con la aparición de los “aerobics” popularizado por Jane Fonda quien diseñó entrenamientos grupales con una forma de vestir que uniformo a quienes se unieron a este movimiento, parte de la batalla feminista retoma este momento como la sexualización del cuerpo en el entrenamiento físico, de manera curiosa y traicionera en la actualidad nos enfrentamos al mismo suceso en una época donde la interacción es global.
Desde tops deportivos que han dejado de funcionar como ropa interior para convertirse en parte del atuendo hasta leggins y shorts que resaltan los glúteos femeninos, usados de manera indiscriminada pero además siempre con la verificación o checada en los espejos de las instalaciones por mujeres decididas a darle seguimiento a la hipertrofia del músculo más favorable para la biología femenina, también indicador del cerebro humano primitivo de reproducción. Esto quiere decir que hemos vuelto a los instintos más primitivos, muchas mujeres buscan verse al espejo y aprobar lo que ven, un músculo que de manera muy inconsciente aprueba la sensación de ser reproductiva por lo que surge una nueva pregunta ¿Qué no es esto también una sexualización?
Regresando dentro de nuestra observación al campo de batalla (el gimnasio) también se observa un combate entre mujeres de la cual no se habla, no por falta de interés, si no por la defensa de la sororidad; algunas que no siguen el reglamento de vestimenta descrito se ven bombardeadas por la pasarela de lo que se convierte en su objetivo pero al mismo tiempo se sienten minimizadas e inseguras respecto a como lucen ellas y es que existe un lenguaje corporal que pasa por alto para los ojos de muchos hombres en el que se intenta imponer una figura más fuerte frente al más débil que en este caso será esa mujer que no acata lo impuesto, que no denota sus glúteos y que simplemente quiere mejorar su salud.

El vestirse de cierta manera no tiene nada que ver con la aprobación masculina, se trata de una batalla entre mujeres buscando quien luce mayormente su estética femenina para colocarse como la más atractiva, algunos de los medios son solo lenguaje no hablado pero en algunas ocasiones surgen los rumores sobre otra mujer a la cual no conocen buscando desacreditarla ya no solo por su físico si no también por una serie de adjetivos que si son escuchados pueden generar un gran impacto psicológico, todo esto ante los ojos del feminismo y su arma moderna (sororidad) comprobando nuevamente una triste derrota para un movimiento que inicio con las mejores intenciones pues tenemos mujeres libres y modernas conflictuadas con otras mujeres, intentando destruirlas con palabras y miradas ¿Dónde esta ese apoyo mutuo que muchas soñamos?

*Psico nutrióloga

