

COMPLICIDAD
Apenas transcurrido el impacto del robo del siglo en el Louvre, los mejores guionistas del país se reunieron en Hollywood para escribir la película que se estrenará antes de que ocurra algo aún más surrealista en el país galo, como podría ser desmontar la Tour Eiffel en una noche. Creían haberlo visto todo con el incendio de la catedral de Notre-Dame en 2019, pues no. Durante la pasada mañana dominguera que anunciaba ser cualquiera, el mundo entero escuchó, entre incredulidad, asombro y algo de escepticismo, el relato noticioso. Cuatro ladrones disfrazados de obreros entraron al museo como si nada. El recinto resistió a dos guerras mundiales, pero fue vencido ese día en siete minutos.
Para que tan insólito hurto pudiera ocurrir, hicieron falta que ningún policía vial requiriera el permiso de estacionar en la vía pública del montacarga; que las cámaras que tapizan la Ciudad Luz no despertaran la atención de los vigilantes a cargo; que la única cámara de seguridad de la Galerie Apollon no apuntara hacia la ventana, de manera a que los ladrones operaran con suma comodidad; que la alarma siguiera descompuesta y que las fuerzas policiacas que acudieron perdieran la carrera contra las motonetas Tmax de los ladrones en la autopista A6.
Son demasiados elementos a favor de los antagonistas para escribir una buena película, a menos que queramos hacer una comedia, coincidieron Gina, Lorenzo, Gilberto y Lisa, reunidos en su primera junta de preproducción. Durante la lluvia de ideas, surgieron las siguientes preguntas y propuestas: ¿Quién se beneficia con este robo? Un magnate que quisiera apropiarse las joyas de la última emperatriz de Francia, por ejemplo. ¿A quién ponemos a cargo de la investigación? Podríamos lanzar una nueva temporada de los Simuladores por ser cuatro integrantes o pedirle a Blue Demon Jr. o al Hijo del Santo que investiguen el caso en París, de otra forma, tendríamos que crear nuevos personajes, a menos que retomemos al fantasma de Belphégor, al inspector Gadget o Clouzeau… Uno de los ladrones leyó Fantômette cuando era niño; eso ya es un indicio. Escuchen lo que dice en la página ocho de Appelez Fantômette de 1975: “Basta con colocar una escalera contra la pared, subir hasta el primer piso, puesto que nada más hay uno. Enseguida, se rompe el vidrio de la ventana. Recorremos diez metros, rompemos la vitrina de un martillazo y tenemos en nuestras manos el objeto”. Uy, esta vez nos fallaron los Simpson con sus predicciones. ¿Y si le agregamos una injerencia extranjera? ¿Acaso tú vas al Louvre a robar y te llevas tu pasaporte para perderlo en el lugar? Bueno, si fueron tan torpes para dejar caer la corona de Eugenia de Montijo en la huida. ¿No que eran profesionales? Sugiero una trama sustentada en cadena de complicidad por amor, no al arte, sino a una mujer. Oigan, lo que tenemos que quitar es el comunicado de prensa en el que las autoridades felicitan a los empleados por no haber heridos ni muertos. También quitemos eso de que no ha renunciado ni han rescindido a ningún responsable del museo por el robo del siglo.
No me van a creer, pero resolví el enigma: ¡quien sale más beneficiado es el mismísimo Louvre!, exclamó Lorenzo ¿Perdiendo ochenta y ocho millones de euros? Sí, pero ganando una publicidad planetaria financiada por millones de creadores de contenidos. Ahora, los visitantes ya no se van a retratar frente a la Joconde sino ante la ventana fracturada más famosa del mundo.
Nota: Los sucesos y personajes retratados en esta historia son ficticios. Cualquier parecido con personas vivas o muertas, o con hechos actuales, del pasado o del futuro es coincidencia, o tal vez no tanto. Lo único cierto es que no existe manera de saberlo y que además no tiene la menor importancia. Creer o no creer es responsabilidad de los lectores.

*Escritora, guionista y académica de la UAEM

