

Laboratorio de Contra/Narrativas,
CIIHu, UAEM
Amar es luchar: Las bordadoras
Sofía Landa González
En México, al menos hasta el 4 de agosto de 2025, hay 131 654 personas desaparecidas; 1662 personas en Morelos hasta julio, de acuerdo con la Comisión Independiente de Derechos Humanos. Según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, hay 338 casos de feminicidio en el país durante los primeros 6 meses del 2025, aunque solo el 25% de las muertes se investigan como tal. Y mientras todo esto pasa, desde el 2011, 22 personas buscadoras han sido asesinadas y otras dos siguen desaparecidas. Frente a esto, las mujeres de la nación se organizan, no solo para hacer el trabajo de las autoridades incompetentes, sino para crear comunidad y acuerpar a quienes lo necesiten. Morelos no se queda atrás, con la colectiva “Existimos porque resistimos”, un grupo de lucha y resistencia feminista y comunitaria, fundado en 2020. Dentro de esta colectiva están las bordadoras de la Casona Spencer, que se juntan todos los sábados a las 12 del día. Estas mujeres, tan fuertes como llenas de conocimiento y amor, dedican parte de sus vidas a bordar los rostros y nombres de quienes nos faltan, para luego hacer las mantas que se llevan a las marchas que buscan visibilizar la lucha; a hacer muñecas quitapenas para quienes siguen aquí extrañando a sus personas amadas; a conservar la memoria con cariño y respeto, honrando la vida y acompañando a quienes han sido directa e indirectamente tocadxs por la desgracia e injusticia. Esta es una familia conformada mayormente por mujeres, pero que acepta las manos de cualquier persona dispuesta a ayudar. Música, olor a tierra mojada, palomitas y café acompañan las tardes de sábado entre hilos, risas y el recuerdo de quienes ya no están. Ir a la casona Spencer es una experiencia inundada de sentires, en donde, a pesar de lo vivido, lo que destaca es la calidez, el cariño por lo que hacen y por su compañía. Me lleva de vuelta a la terraza de mi tía, donde de niña bordaba pañuelos y fundas de almohadas con ella y mi abuela. En este lugar todas las experiencias convergen, desde una madre y una hija que van en busca de algo que fortalezca su vínculo, madres que bordan y buscan a sus hijxs, esposas que llevan en sus corazones a sus amados, hasta estudiantes que buscan ayudar y que a la par encontraron refugio. El amor es un acto de resistencia y, a mi parecer, la mejor forma de sobrellevar el dolor. Estas mujeres me han demostrado que así es. Al final siguen aumentando las cifras y las autoridades no hacen su trabajo, pero lo peor es que 131 654; 1662; 338 y 24 no son tan solo cifras; son hijas, hijos, personas que nos faltan, personas a las que se sigue esperando y buscando, por las que se exige justicia y recuerdo, porque es lo mínimo que merecen.

Acuarela realizada por Nadia Emaizire Enríquez López.


