El “desarrollo morelense”: el greenwashing para el agroextractivismo

Ernesto M Santibañez*

La dictadura de los mercados globales y la modernización han desarrollado nuevas formas productivas que se adhieren a las exigencias de un solo patrón: las empresas transnacionales. Este sujeto omnipresente, y por supuesto omnipotente, dicta hoy a los campesinos de América Latina, y aún más a aquellos con afanes de empresarios, qué ha de producirse, cómo ha de producirse y qué hay que olvidar.

De este modo, en el estado de Morelos seguimos reproduciendo sistemas de monocultivos de aguacate sostenidos por paquetes tecnológicos promovidos desde nuestros gobiernos, en donde en nombre del desarrollo y el beneficio económico se desplazan cada vez más los cultivos base de nuestros pueblos y con ellos toda la herencia cultural que representan.

Este modelo extractivista, presente en las discusiones de Gudynas para América Latina, sigue reproduciéndose como una fiebre que, con miras a la bonanza, deseca los signos vitales de un enfermo campo mexicano: el agua y la comunidad. Un modelo completamente insostenible desde cualquier punto desde el que se analice, ya sea ambiental, social o cultural.

En municipios como Ocuituco, Tetela del Volcán o Hueyapan, por mencionar algunos, empresas como Calavo Growers o Walmart extienden contratos de compraventa, atando a los campesinos a fluctuaciones de mercado que ellos no controlan. Estas asociaciones, a pesar de presentarse como un salvavidas para los productores que buscan un mejor precio para sus cosechas, se vuelven a favor de un solo sujeto, siendo los productores quienes asumen todos los riesgos climáticos y de producción.

Entre sus consecuencias podemos mencionar la constante lucha por los manantiales entre el estado morelense y los vecinos de Puebla, la pérdida de biodiversidad que busca la estandarización del gusto y la dependencia a una sola variedad de aguacate, el Hass, un solo producto genéticamente uniforme en aras de la ventaja comparativa con la que contamos para producirlo.

Frente a este escenario, no hablamos de volver a un pasado romantizado en donde todo era mejor; hablamos de buscar alternativas que se construyan horizontalmente, no desde los mercados, los laboratorios y la academia, sino desde los saberes y necesidades reales de los pueblos. Se necesitan mercados que cuestionen y replanteen las formas hegemónicas que reproducimos, con circuitos locales y economías sociales que hagan realidad el “del campo a la mesa” acortando cadenas y devolviendo el control a los productores y consumidores.

*Ingeniero Agrónomo especialista en Sociología Rural y Maestrante en Ciencias en Sociología Rural por la Universidad Autónoma Chapingo (UACh). Actualmente realiza su Estancia de Investigación en el CRIM-UNAM. Contacto: santibanezernesto122@gmail.com

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La Jornada Morelos