23 años de desafíos rumbo a la cobertura universal de salud en México

Lina Sofía Palacio Mejía y Juan Eugenio Hernández Ávila*

En México, se han realizado esfuerzos para garantizar que todas las personas tengan acceso a servicios de salud de buena calidad, sin importar si tienen trabajo formal o no. Pero ¿qué tanto se ha logrado avanzar? Investigadores del Instituto Nacional de Salud Pública hicieron un análisis exhaustivo de 23 años de política sanitaria en México (2000-2022), examinando reformas de salud, inversión pública e indicadores de uso hospitalario y mortalidad.

Los resultados muestran aciertos y desaciertos. Por un lado, entre 2000 y 2012, se triplicó el gasto público per cápita para quienes no contaban con seguridad social (como las personas que trabajan por su cuenta o tienen empleos informales). En ese periodo, la inversión en infraestructura fue considerable y creció el número de hospitales, consultorios, médicos y enfermeras. Además, en los hospitales de la Secretaría de Salud se observó un aumento consistente en el número de admisiones hospitalarias (incremento anual de 5.6% en promedio), especialmente en zonas marginadas, en las que había un acceso limitado a servicios de salud. Estos indicadores sugieren una expansión real de servicios y acceso. Sin embargo, a partir de 2012 el ritmo de crecimiento se frenó. Aunque el número de hospitales siguió aumentando, la cantidad de camas y médicos por habitante ya no mejoró al mismo ritmo.

Lo más preocupante es que al analizar indicadores de impacto, como las muertes evitables —es decir, aquellas que no deberían ocurrir si se cuenta con prevención oportuna y atención médica adecuada— siguen siendo mucho más frecuentes entre las personas sin seguridad social. Mientras que en la población asegurada esas muertes han disminuido de manera constante desde el año 2000, en la población sin seguridad social no solamente no han bajado, sino que incluso han aumentado en los últimos años. Por ejemplo, las muertes por causas prevenibles incrementaron en promedio 1.5% por año entre 2012 y 2018 y 3.3% por año entre 2018 y 2022, aunque en este último periodo el incremento se debió, en gran medida, a la epidemia por Covid-19.

¿Por qué ocurre esto? El estudio sugiere varias razones. Primero, muchas personas sin seguridad social que viven en condiciones de mayor pobreza, durante años tuvieron dificultades para el acceso a la atención médica, lo que pudo afectar su salud a largo plazo. Segundo, el sistema de salud sigue siendo muy fragmentado: los servicios se brindan a través de diferentes instituciones para distintas poblaciones, lo que dificulta la coordinación. Y tercero, como el acceso a servicios está ligado al empleo formal, millones de personas quedan fuera de una atención continua y de calidad. En México 55% de la fuerza de trabajo carece de un contrato formal y de las prestaciones asociadas a éste. Esta característica limita la sostenibilidad de sistemas de salud vinculados al empleo.

Aunque se han logrado avances importantes, como la reducción de las disparidades geográficas de acceso, se requiere fortalecer la capacidad resolutiva de estas unidades, así como la calidad de la atención. Es necesario que todas las personas, sin importar su situación laboral, puedan recibir atención médica de calidad cuando la necesiten. México presenta tasas de mortalidad prevenible (435 por cada 100,000 habitantes) superiores a países de la región como Chile, Colombia y Costa Rica, donde varían entre 148 y 405. Esta comparación indica oportunidades para optimizar la efectividad del sistema actual.

Reformas exitosas en otros países —como Brasil, Colombia, Chile y Turquía—han separado efectivamente funciones de gobernanza, financiamiento y provisión de servicios, fortalecido la atención primaria y garantizado la continuidad política a largo plazo. Estas experiencias sugieren que mejorar la situación del sistema de salud de México requerirá de esfuerzos más allá de la expansión de recursos.

En resumen, las reformas en salud en México han tenido efectos positivos, pero aún queda mucho por hacer. Lograr la cobertura universal requiere no sólo incrementos presupuestarios, sino transformaciones estructurales que garanticen servicios integrados, sostenibles y orientados a resultados de salud equitativos para toda la población mexicana.

* Especialistas en salud pública. Invitados por el Dr. Eduardo C. Lazcano Ponce

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La Jornada Morelos