

Pequeños seres, grandes acciones: el papel fundamental de los insectos en la naturaleza
“Si ves un insecto, ¡mátalo! es malo”, es lo que los adultos le decimos a los niños, esta creencia es algo común en la sociedad en general. Aunque el organismo no sea un insecto, puede ser una araña, un alacrán o una garrapata (ácaro), hay que matarlo ¡no vaya a ser que te pique!
En Mesoamérica los insectos han formado parte de la cultura, la sociedad, la salud, la alimentación, la agricultura, la religión, la mitología, entre otras. Los indígenas domesticaron a los insectos y utilizaron la miel y la cera en rituales, como un alimento y como medicina. Los mayas utilizan la miel en festividades y es una fuente de ingresos.
Para el estado de Morelos se tienen registrados 58 especies de insectos que se comen u ofrecen productos comestibles, entre los que se encuentran las larvas de palomillas, “medidores”, “jumiles” “chapulines”, “cochinillas”, “chicatanas”, cucarachón de agua, picudo del nopal, entre otros. En la época Prehispánica, se adoraba a la palomilla “cuatro espejos” (Rothschildia orizaba), como una deidad que representaba la tierra y la luna. Desde el punto de vista económico, en la época de la colonia, se utilizaba el cultivo de la morera (árbol de moras), para criar gusano de seda en la región.
Muchas veces confundimos a los insectos con los arácnidos, pero son grupos distintos. Un arácnido tiene ocho patas, carece de antenas, no tiene alas, además suelen tener más de un par de ojos compuestos, por otra parte, un insecto tiene un par de antenas, seis patas, generalmente cuatro alas que pueden reducirse o faltar y un par de ojos compuestos.

La grandeza ecológica de los insectos radica en su habilidad como grupo para transferir grandes cantidades de energía, ya que tienen un papel determinante en mantener la estructura de las comunidades de los seres vivos. El material vegetal muerto es difícil de degradar y algunas cucarachas y termitas son las únicas que pueden hacer este trabajo, por lo que se conocen como “ingenieros ecológicos”.
Los escarabajos son recicladores de basura de nuestro entorno, ya que se alimentan de excremento (Fig. 1), carroña, plantas muertas y hongos. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura (FAO, 2013), si el excremento del ganado permaneciera en la superficie, cerca del 80 % del nitrógeno se perdería en la naturaleza.

Figura 1. Escarabajo pelotero adulto que empuja su bola de estiércol para atraer a la hembra
La presencia de orugas o “medidores” constituyen un indicador del estado de conservación de los suelos. Como parte de la red alimenticia, las orugas son alimento para aves, lagartijas y otros animales, si se encuentran en un área, pueden ser indicadoras de un ecosistema saludable que apoya diversas formas de vida. Si se encuentran en grandes cantidades pueden indicar una plaga y causar defoliación en las plantas.
La polinización por insectos como abejas, polillas, mariposas (Fig. 2), y escarabajos es fundamental. En México de las 316 especies de plantas cultivadas, 236 son utilizadas como comestibles, de ellas se consumen los frutos o semillas de 171, de las cuales 85% depende en cierta medida de los polinizadores (CONABIO, 2025).

Figura 2. Polinización por mariposa (Familia Lycaenidae)
La conservación de insectos en Morelos es esencial para mantener la biodiversidad y los beneficios de la naturaleza para las personas. Con apoyo de los Nodos de Impulso a la Economía Social y Solidaria (NODESS), se podrán implementar acciones que involucren a las comunidades, instituciones y gobierno. Es importante establecer centros de monitoreo, implementar programas de seguimiento, establecer redes de colaboración, lo cual permitirá identificar especies en riesgo, a partir de ello diseñar estrategias de protección y recuperación de ambientes naturales.
*Dra. Ma Ventura Rosas Echeverría, Profesor Investigador de Tiempo completo, Escuela de Estudios Superiores del Jicarero, maria.rosase@uaem.mx, mvrosase@gmail.com

