Lo vigente de lo pasado

 

Vivimos en un mundo en donde la velocidad y el cambio son fenómenos que caracterizan nuestras formas de vida. Esto tiene muchas implicaciones, empezando porque a lo mejor esos fenómenos son más percepción que realidad. Uno de las principales causas de esta situación, quizá la más importante, es la forma en que procesamos los contenidos que recibimos de los medios de comunicación convencionales y digitales, sobre todo lo que se refiere a las noticias. Pareciera que lo único importante que pasa en la vida es lo que en este momento está sucediendo y se transmite en vivo y en directo por los medios. Lo sucedió ayer o antier se ha esfumado, se nos olvida y parece no tener ya importancia.

Estas consideraciones requieren desarrollarse más ampliamente, pero en esta ocasión me sirven sólo de introducción para traer a la memoria de algunos, o al conocimiento de otros, de un evento importante sucedido en la Ciudad de México, en el aparentemente lejano año de 1979, del siglo pasado; y digo aparentemente lejano, porque su contenido, significación y relevancia están más vigentes que nunca.

Me refiero a la “Declaración de Ciudad de México”, resultante de la Conferencia Regional de ministros de Educación y de ministros Encargados de la Planificación Económica de los Estados Miembros de América Latina y el Caribe, celebrada del 4 al 13 de diciembre de 1979, y organizada por la UNESCO con la cooperación de la CEPAL y de la OEA.

https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000159987

Se dejó constancia de que la Conferencia se efectuó “en un ambiente altamente positivo de consenso sobre el crucial momento histórico que viven los países de la región en la coyuntura mundial, con clara conciencia de que ha llegado una nueva etapa para la afirmación solidaria de la propia cultura y para asumir plenamente el destino de los pueblos de esta parte del globo”. Señalemos que esta lectura del entorno de América Latina y el Caribe de hace 46 años, plasmada en la Declaración, bien puede describir lo que está sucediendo en la actualidad.

Se refrendó la necesidad de vincular a la educación con “un nuevo estilo de desarrollo” que debe “reorientar las actividades económicas hacia una mayor homogeneidad social y hacia la producción de bienes y servicios que sean realmente necesarios para la sociedad y para las naciones”. De igual manera, la Declaración afirma la competencia que tiene la Educación de “humanizar el desarrollo”, en razón de su “potencialidad básica para contribuir a forjar un futuro culturalmente más independiente, que revista condiciones sociales y económicas más armónicas y más justas, y que alcance aquellos valores propios de la dignidad humana que la totalidad de las poblaciones de la región merecen y requieren”.

Lo aquí mencionado en la Declaración equivale a una declaración de principios de lo que debe justificar todo lo que se haga en nombre de la educación, ya sea desde dentro del propio sistema educativo formal escolarizado, como lo que en ese sentido se haga desde otros ámbitos bajo alguna de las múltiples modalidades de educación no-formal.

De lo aquí citado de la Declaración, quiero resaltar lo siguiente:

1. La UNESCO, organismo multilateral perteneciente a la familia de la Organización de Naciones Unidas (ONU), acompañado de dos organizaciones regionales del ámbito latinoamericano, esto es,  la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), también vinculada a la ONU, así como la Organización de Estados Americanos (OEA) suscriben una convocatoria simultánea a los Ministros de Educación y a los Ministros de Planeación económica para refrendar la necesidad de articular sus acciones en favor del desarrollo, a través de la educación.

Este hecho fue muy relevante, entre otras cosas porque suscribía el imprescindible papel del gobierno en la conducción del desarrollo, situación que pocos años después quedaría desvirtuada por el pensamiento neoliberal el cual suscribe que “el mercado”, y no el gobierno, es quien debe guiar el desarrollo de un país en todos sentidos.

2. Se habló de un “nuevo estilo de desarrollo”, que estimule las acciones económicas hacia una mayor equidad social, y oriente la producción hacia bienes y servicios realmente necesarios.

Por desgracia, el neoliberalismo abortó la intención de construir ese nuevo estilo de desarrollo, e hizo que se perdieran en nuestro país al menos 36 años que hubieran sido claves para instrumentarlo. La necesidad de vincular la educación y el desarrollo nacional bajo los conceptos arriba señalados está vigente, y dichos conceptos deberían ser el sustento de las políticas públicas y de las propuestas legislativas de un gobierno progresista; sin embargo, es fácil darse cuenta de la dificultad de que esto se haga realidad.

En efecto, la onerosa carga financiera de la ya varias veces pagada, pero aún vigente deuda pública nacional; el modelo caduco de gestión de la democracia representativa con que operamos; el cáncer de la corrupción aún no atemperado en los tres poderes y los tres órdenes del gobierno de la República; así como la inmadurez cívica de gran parte de la ciudadanía por el desconocimiento de cómo operan las funciones económicas y gubernamentales de nuestro país en este momento de cambio de orden mundial, colocan al Estado Mexicano en una situación de alta complejidad.

Sigue vigente el anhelo de la “Declaración de Ciudad de México” de instrumentar una educación y un modelo de desarrollo sustentable en favor de la gente. Seguiremos hablando de esto en la próxima entrega.

*Interesado en temas de construcción de ciudadanía.

Educación financiera y desarrollo económico - Universidades Hoy

Imagen cortesía del autor

Vicente Arredondo Ramírez