

Economía social: semillas de bienestar
Rosalía América González Soto**
En México, el concepto de bienestar suele vincularse de manera casi exclusiva con los programas de apoyo gubernamental. Sin embargo, la experiencia de cientos de comunidades demuestra que el verdadero bienestar surge cuando las personas se organizan, resuelven juntas sus necesidades y construyen un futuro común. Este es el espíritu de la economía social y solidaria: una manera distinta de producir, ahorrar, consumir y compartir; donde el centro no es el lucro individual, sino el bien común.
La Secretaría del Bienestar y el Instituto Nacional de la Economía Social (INAES) han reconocido este potencial. El elemento conector a nivel regional y local son los NODESS (Nodos de Impulso a la Economía Social y Solidaría), nodos que articulan a diversos actores: universidades, comunidades, cooperativas y gobiernos locales. En este entorno de cooperación, florecen iniciativas que combinan el conocimiento académico con la sabiduría comunitaria: proyectos de producción agroecológica, cajas de ahorro solidarias, redes de trueque o pequeñas empresas sociales que, con apoyo técnico, logran consolidarse y generar empleos dignos.
El impacto de la economía social va más allá del beneficio económico. En regiones donde las oportunidades son escasas, un taller comunitario o una cooperativa de mujeres puede significar arraigo, identidad cultural y esperanza. Jóvenes que antes pensaban en migrar descubren que pueden quedarse en su territorio y construir un futuro colectivo. Mujeres que durante años sostuvieron a sus familias en silencio ahora ocupan espacios de liderazgo y fortalecen la voz de sus comunidades.
No obstante, los desafíos son grandes. La economía social enfrenta la invisibilidad frente al mercado tradicional, la falta de acceso a financiamiento y la necesidad de mayor capacitación en gestión, administración y comercialización. Muchas cooperativas mueren en el intento porque no logran escalar sus proyectos ni insertarse en cadenas productiva más amplias. Para ello, es fundamental fortalecer la coordinación entre los actores involucrados, diversificar las fuentes de financiamiento y ofrecer formación contextualizada en gestión y comercialización, así como promover la innovación constante. Aquí el papel del Estado es clave: no para sustituir a las comunidades, sino para acompañarlas, tejer redes y garantizar que la solidaridad es también una política pública.

Hoy, cuando el país busca alternativas para superar desigualdades históricas, la economía social aparece como un pilar estratégico. No como una utopía romántica o un simple complemento, es una práctica para construir otro modelo de desarrollo. Un modelo donde la riqueza no se concentra, donde la cooperación reemplaza la competencia feroz y donde el bienestar deja de ser dádiva para convertirse en derecho compartido.
La apuesta está en nuestras manos. Fortalecer los NODESS
* Doctor. Centro de Desarrollo de Productos Bióticos. Instituto Politécnico Nacional. efloresh@ipn.mx
**Doctora Centro de Desarrollo de Productos Bióticos. Instituto Politécnico Nacional. rsoto@ipn.mx


