Las Copas del Mundo de fútbol en 1970 y 1986 compartieron la mejor cara del país, particularmente en el rubro del turismo. La primera de ellas dio cuenta de un México moderno, pujante y todavía en la esfera del Desarrollo Estabilizador. La segunda, de una nación líder en turismo, cultura y resiliente trás los dramáticos sismos del año anterior. El Mundial del 86, también mostró a una sociedad mexicana que comenzaba a dar pasos firmes hacia el fin del régimen de partido único, fue memorable la rechifla al presidente Miguel de la Madrid en el Estadio Azteca. Desafortunadamente y a pesar de la grandeza de México, el panorama en el 2025 es muy distinto de las condiciones que prevalecieron en los Mundiales de 1970 y 1986.

En días pasados, el secretario de Turismo de Morelos, Daniel Altafi Valladares participó en un panel en la Cámara Española de Comercio en la Ciudad de México, donde con bombo y platillo, anunció que el estado será una sede alterna para ofrecer al turismo extranjero experiencias culturales, naturales y comunitarias con el fin de complementar la oferta nacional durante el Mundial. Se agradece cualquier esfuerzo para promocionar Morelos allende Tres Marías, pero también hay que recordar el antiguo dicho atribuido a San Bernardo de Claraval que reza:” que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones” y es aquí donde surge la legítima duda en cuanto a nuestras capacidades turísticas, no con el ánimo de desacreditar, sino de enfrentarnos a la cruda realidad, pues al final del día, todos queremos que le vaya bien a Morelos.

En días pasados la periodista de investigación Peniley Ramírez publicó en su columna Linotipia, las duras condiciones que ha impuesto la FIFA a las sedes mexicanas para llevar a cabo los partidos mundialistas, desconocemos si estos criterios se aplicarán también a las sedes alternas, pero nos muestran, lo mínimo que exige la organización mundial con respecto a la calidad en la prestación de servicios turísticos durante el evento.

Volviendo a Morelos, hay que tomar en consideración lo siguiente: el 95% de nuestro turismo es nacional, aunado a que Estados Unidos y Canadá, quienes comparten la sede con México, tienen vigentes sendas alertas migratorias a sus ciudadanos para no visitar Morelos, derivado de la alarmante inseguridad. Los funcionarios de la representación del poder ejecutivo morelense en la Ciudad de México, aliado indispensable para la promoción de Morelos, despachan en el Palacio de Gobierno en Cuernavaca, esto porque sencillamente no hay recursos para proporcionarles viáticos para trasladarse a trabajar a la capital. A nadie se le ocurrió entonces contratar a gente que viva en la Ciudad de México para cubrir estas importantes funciones de apoyo.

A lo anterior, se suma el caos que se vive en la principal vía de acceso a Morelos, la autopista México-Cuernavaca, siempre con asaltos, tráfico y accidentes fatales de motociclistas. Se añaden también, las deplorables condiciones y el paisaje aledaño a los accesos y al trayecto del Aeropuerto Mariano Matamoros hacia Cuernavaca. A lo largo y ancho del Estado, campean la falta de infraestructura, de señalética en los caminos, la imagen urbana deteriorada, la basura y los grafitis, así como un comercio informal imparable. Justo una de las imposiciones de la FIFA a México, y que Peniley Ramírez refiere en su mencionada columna, es la de no permitir ambulantaje a dos kilómetros a la redonda de los estadios. Lamentable será ver en Cuernavaca, a los turistas extranjeros frente al espectáculo que nos obsequian los plateros que invadieron la plaza del “Morelotes”.

Es innegable que Morelos cuenta con establecimientos y una oferta de primera calidad, somos depositarios de un patrimonio mundial inscrito por la UNESCO, tenemos un destacado acervo material e inmaterial, pero todo lo anterior no se podrá aprovechar en su entera magnitud, sino existe un entorno que sea amigable con los visitantes. Los esfuerzos de turismo estatal no se deben limitar a declaraciones de prensa aclamando un lleno total en la ocupación hotelera durante un puente, tomándose la foto en los actos públicos u organizando mesas redondas donde las sillas vacías del auditorio son oportunamente cubiertas con funcionarios de gobierno en horas de oficina, sino que debe traducirse en acciones conjuntas para volver hacer de Morelos el paraíso turístico que alguna vez fue.

Insisto, el potencial es enorme, pero no ha sido aprovechado, por ejemplo: la rama del turismo comunitario que en otras latitudes, es una fórmula exitosa con modelos como lo es el turismo rural español, en SECTUR Morelos se ha limitado tan solo a elaborar una relación de cocineras tradicionales y calendarios de fiestas patronales, un buen trabajo de investigación sin duda, pero que poco se ha traducido para beneficiar a la oferta gastronómica tradicional o bien para llevar turistas a las ferias y carnavales, que más allá de la micheladas, constituyen una rica manifestación de la identidad y la cultura local.

El camino no es corto, tampoco sencillo, pero mucho menos es imposible de alcanzar. El Mundial de fútbol está a la vuelta de la esquina, tristemente la justa deportiva ha evidenciado nuestras debilidades, pero también se sabe qué los tiempos difíciles significan periodos de oportunidades, hagamos votos para que así sea en Morelos a partir del próximo verano.

*Escritor y cronista morelense.

Roberto Abe Camil