

Alejandro Becerra Dubernard*
El próximo 03 de febrero se conmemora el 212 aniversario luctuoso de Mariano Matamoros, héroe insurgente y benemérito de la patria. Sacerdote combatiente, Matamoros cura párroco de Jantetelco, lugar desde el que partió el 13 de diciembre de 1811 acompañado por un reducido pero heroico grupo de 47 hombres, entre ellos su hijo Apolonio, para incorporarse a la lucha armada bajo las órdenes de José María Morelos.
La Dirección General de Museos y Exposiciones de la Secretaría de Cultura resguarda en el exconvento de San Pedro Apóstol la que fuera su celda-dormitorio, así como algunos objetos que le pertenecieron –una casulla y una silla, entre otros–, hoy exhibidos en este pequeño pero significativo museo, fundado en 1871, lo que lo convierte en uno de los museos más antiguos no sólo de Morelos, sino de México.
Don Mariano Antonio Matamoros y Guridi nació el 14 de agosto de 1770 en la Ciudad de México, entonces parte del Virreinato de la Nueva España. Como muchos criollos –hijos de españoles nacidos en territorio americano–, optó por la carrera eclesiástica. Los cronistas de su tiempo lo describen como “un hombre delgado, de pequeña estatura, color blanco amarillento, ligeramente picado de viruela, con cabello rubio y ojos azules —el izquierdo un poco más pequeño que el derecho. Su voz era gruesa y hueca. Tenía muy arraigado el vicio de fumar puro”. No se conoce retrato alguno realizado en vida; la imagen que ha llegado hasta nosotros fue pintada por José Obregón en 1868 y se conserva en el Palacio Nacional.
En 1807 fue enviado como cura párroco a Jantetelco, presuntamente como castigo, debido a un escándalo familiar derivado de una supuesta relación con una pariente cercana. Poco después de su llegada, España fue invadida por las tropas francesas, hecho que desencadenó la Guerra de Independencia en 1810.

Siendo aún sacerdote en Jantetelco, Matamoros fue acusado de simpatizar con las ideas libertarias de los criollos y de favorecer el movimiento insurgente, por lo que fue denunciado ante las autoridades. Logró escapar y el el 16 de diciembre de 1811 se integró en Izúcar a las filas insurgentes encabezadas por Morelos.
El movimiento de independencia suele dividirse en tres grandes momentos: el primero, protagonizado por Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Josefa Ortiz y los hermanos Aldama; el segundo, encabezado por José María Morelos, Mariano Matamoros, Nicolás Bravo y los hermanos Galeana; y el tercero, liderado por Vicente Guerrero, Guadalupe Victoria e Agustín de Iturbide.
Mariano Matamoros acompañó a Morelos durante algunas de sus más importantes campañas y resultó ser tan buen estratega militar que el Siervo de la Nación lo consideró “su brazo derecho”. Su participación fue crucial durante el Sitio de Cuautla, ocurrido el 19 de febrero al 02 de mayo de 1812. Durante esos 73 días, Matamoros fortificó la defensa, sostuvo la moral insurgente y, junto a Hermenegildo Galeana, organizó la resistencia, reparó brechas, gestionó recursos y mantuvo la disciplina de las tropas en condiciones extremas. En la madrugada del 2 de mayo, logró romper el cerco impuesto por el general realista Félix María Calleja, facilitando la salida exitosa de Morelos de la plaza sitiada.
El 05 de enero de 1814, Matamoros fue capturado y encarcelado en la prisión clerical de la Inquisición en Valladolid, hoy Morelia. Morelos ofreció al Calleja la vida de doscientos prisioneros españoles a cambio de su liberación, pero el intento fue en vano. Entregado a las autoridades civiles, fue juzgado y declarado culpable de “traición” al rey Fernando VII. Fue ejecutado el 03 de febrero de 1814 en el Portal del Ecce Homo, hoy conocido como Portal de Matamoros.
Visitar este museo que honra la memoria de don Mariano Matamoros, es una oportunidad para fortalecer y enriquecer nuestra identidad como morelenses. La invitación se completa con un recorrido por el centro del Chumil, espacio donde la historia, el paisaje y la memoria dialogan con el presente.
* Director general de Museos y Exposiciones

