

La historia rima y la gente lo olvida: que podría aprender algo de ella. El 15 de agosto de 2025 la presidenta de México Claudia Sheinbaum y el presidente de Guatemala Fernando Arévalo se reunieron para discutir temas de migración y seguridad. Pero este es un tango de tres y tiene su tempo, el 31 de julio de este año, México y Estados Unidos acordaron una pausa a los aranceles gringos de 90 días, 8 días después Trump asegura que se tienen planes para entrar militarmente a México, Sheinbaum lo niega y un dron sobrevuela el Estado de México. Esta visita no es casualidad y si se lee a la luz de la historia todo va tomando forma. Aquí algunas notas.
El inicio de esta columna habló de la “doble externalización de la política migratoria”, que sucedió una vez más con la Cumbre de Migración el 23 de octubre de 2023. En dicha reunión el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador invitó a varios presidentes de centro, caribe y sur de América para conversar temas de migración, seguridad y cooperación. Estas son casi, las mismas premisas con las que se habla de externalización desde países de inmigración hacia países de emigración y tránsito. Espero no pecar de simple por intentar ser claro. La externalización es delegarle la administración del control territorial a otro Estado, lo hacen muchos espacios como Estados Unidos hacia México o Costa Rica, la Unión Europea hacia Italia, España y Grecia y, Australia con Naurú y Papúa Nueva Guinea.
El caso es que también empiezan a hacerlo países considerados de tránsito, es decir, México le delega control a Guatemala, Italia a Libia, España a Marruecos y así sucesivamente. La intención es alejar a las personas migrantes lo más posible de espacios de inmigración y que la frontera se encuentre cada vez más lejos. La crítica a esto desde la escuela decolonial y la teoría queer es que se instrumentalizan este tipo de mecanismos. Por ejemplo, Turquía controla tan bien el paso de migrantes que amenaza a la Unión Europea con “dejar pasar” a los migrantes si no le apoya con beneficios económicos o subvenciones financieras, monetarias o comerciales. A la instrumentalización de la externalización por parte de países de tránsito o de emigración se le conoce como “efecto boomerang” de la externalización de fronteras. Es una forma de “hackear” el sistema de control de la migración.
Sin embargo, esto es una forma casi mecánica de entender el proceso, además de que se lucra con las vidas y sufrimiento migrante, aunque parece una estrategia inteligente por parte de países de emigración y tránsito, la realidad es que se usa a la persona migrante como moneda de cambio. Esta estrategia del gobierno de México de reunirse con sus homólogos en Centroamérica pocas veces ha sido para trazar una línea relacionada directamente con el desarrollo o la cooperación.
La externalización se argumenta bajo principios de seguridad, cooperación y desarrollo. México lo intenta también, bajo lógicas de seguridad, cooperación y desarrollo intentará mantener postura de líder de la región para poder negociar con Estados Unidos en momentos de crisis que se avecinan. Hay que leer el discurso mexicano con luces más discretas. Mientras el secretario de seguridad Harfuch asegura que el dron sobrevuela a petición del gobierno mexicano como un acto de cooperación, sólo hay respuesta cuando esto llega a los medios.
Para que lean que es política y no politiquería. Otro ejemplo histórico de esta estrategia es cuando Peña Nieto en 2014 se reunió con su homólogo guatemalteco durante la “crisis” de infancias y adolescencias no acompañadas. En aquel momento el Congreso estadounidense y Barack Obama conversaban sobre ¿Cómo reducir o parar la crisis de Niñas, Niños y Adeolescentes (NNA) no acompañadas? En vísperas de la llegada de Trump, en ese mes México propuso el programa Frontera Sur. Famoso por militarizar y securitzar el sur de México para contener migrantes. Como todas son medidas paliativas y no de raíz, esto se hizo con la intención de reducir la mediatización de infancias en la frontea sur de Estados Unidos. De esta forma se preparó el terreno frente a la preocupación de Obama reflejada en una llamada telefónica días después de 2 de julio de 2014, el programa en la frontera sur fue un catalizador que se vendió como responsabilidad compartida, cooperación, desarrollo y seguridad en la región.

México también tiene sus ejemplos y sus intentos por lidiar y paliar las disparidades con negociadores marginalmente dispares. Sin embargo, quienes pagan el costo de ese balance generalmente son las personas, en el caso mexicano no sólo son los migrantes, son las personas que sufren operativos como “rápidos y furiosos” o la desvalorización de la mano de obra mexicana a través del modelo de maquila. La crítica es prudente, pero se hiela la sangre cuando se pregunta ¿Qué propones?
*Momoxca, internacionalista, escritor y migrantólogo.

