

La palabra por sí sola
¿Alguien ha hablado de la poeta como demiurga? Supongo que existirá uno que otro texto, pero lo que se dice inventariar o conformar una revisión seria de los casos en la historia de la literatura en que las mujeres han fundado reinos, me parece que hay poco. Mucho menos si la poeta es mexicana, portadora de un palabrar consolidado, congruente en su hacer, pensar y poetizar. Me refiero a Hortensia Carrasco Santos (Acatlán, Puebla, 1971), otra de las voces ocultas en la escena de la poesía en Latinoamérica. Deuda que no salda la crítica ni el clasismo pacista que perdura en festivales, encuentros, publicaciones donde si eres una autora con conciencia social, si participas en colectivos en defensa de los Derechos Humanos, si vas con las madres y los padres de los 43, si te “ensucias” dándole la voz a las madres buscadoras, si vas de una casa de la cultura a otra, de una feria a otra, con tus propios medios, con tu propia voz, con tu propia editorial, con tu propio dinero y creyendo que otro mundo tiene que ser posible, pues ahí tienes que te consideran, seamos honestos, una poeta menor que se autopublica o, al menos, una autora a quien no se le debe prestar la atención merecida porque esos temas, ¿cómo van a ser dignos del parnaso de los premios? Y aunque te los ganes todos, aunque sean muy importantes, como es el caso de Esther M. García, la sospecha, el rechazo, la persecución, siguen latentes a pesar de que se disimulan. Pero hay que ver lo que se dice, lo que se piensa en verdad.
Siempre he dicho que, si tu trabajo toca temas “poéticos” como el lenguaje mismo, el lenguaje en contubernio con otros lenguajes, los mitos occidentales u orientales (nunca prehispánicos), los personajes clásicos de la literatura universal, tienes más garantías de respeto o aceptación, quiero decir, tu poesía es más fácilmente validada, aun cuando los poemarios con los premios más importantes en nuestro país de los últimos diez años sí se los han llevado autoras que hablan de la violencia o el cuerpo enfermo. Dos ejemplos de Aguascalientes: Maricarmen Velasco, con La muerte golpea en lunes (2022) y AnaClara Muro Chávez con Electrocauterización. Algo como una llaga (2025).
Hortensia Carrasco Santos es una gran poeta, desde la versatilidad temática, porque ha ganado reconocimiento a pulso desde ambas orillas y ni así se le celebra, no se pondera su trabajo como debería. Lo compruebo: ganó el Premio Nacional de Poesía María Elena Solórzano 2019 con Muererío, un implacable poemario sobre los feminicidios en nuestro país. Su más reciente libro, Polifonema (2024), el cual vaya que se adentra en la génesis del lenguaje, obtuvo el XVII Premio de Poesía Editorial Praxis, ¿entonces?, ¿qué se necesita para ser leída por cierta élite?, ¿ganarse todos los premios Bellas Artes porque son los que más caché te dan porque son los más chonchos?
La verdad es que a Carrasco eso no le importa. Líneas arriba me referí a su congruencia, a su compromiso con la poesía desde la sangre, desde la vida en obra, lecciones de su maestro Saúl Ibargoyen a quien ella leyó subrayando y cuyo poder de la imagen que se desdobla insólita heredó como muy pocos alumnos del enorme poeta uruguayo exiliado en México. De ese escriba de a pie, de su imaginación desbordante y desbordada, de los compañeros del taller de dicho poeta, se desprende una obra que debe, insisto, revisarte con sumo respeto: Polifonema, mitopeya desde el génesis de la palabra y su derivación poética. En veintidós momentos como escenas de tapices antiguos o códices, asistimos a la fundación de los sonidos del lenguaje. Es un personaje femenino quien protagoniza esas aventuras en diálogo con los cuatro elementos, el frío, el mar, los árboles, la muerte, los ruidos del cuerpo, los animales y más:
De la boca sale el canto y de las flores la partitura del rocío,

y tú, Polifonema, hurgas el diafragma de los hombres
y encuentras que la vida es obertura y pauta.
En cada narración entendemos que también la sinestesia es parte de la magia del existir revelada por una voz madura, plena en el dominio de dones lingüísticos:
Chillan, chirrían, achuchan, ululan
las aves nocturnas y el águila que se extiende en la montaña.
Roznidos inquietan la tranquilidad de las flores,
rebuzneos grises, marrones, blancos
alteran la quietud, hace eco en la hojarasca,
omeos blanquinegros en una sabana transciende el ocaso.
Puff, puff, puff, puff, puff es el cansancio de la cebra.
Relinchazados, relincharazos, relinchantes
van los caballos broncos, libres en la llanura.
Balidos se encrespan, sacuden las rocas,
balitea una oveja sola en su blancura.
Guarrea el cerdo que duerme sobre su maizal imaginario,
verraquen hembras adornadas con festones de lechuga,
berrea el ciervo cuando se mira en el río,
ronca una cierva en cama de musgo y paja.
Chicharrea sí la cigarra, canta y muerte.
Metralla emplumada, la cigüeña en el horizonte,
y en el zafírico lago voznan lo cisnes, croan las ranas.
Dicen que sí, dicen que no, pero al fin lloran los cocodrilos.
Esto es sólo una muestra del asombro que concita Hortensia cuando Polifonema convertida en demiurga le entrega, después, lo gutural a la especie humana. Pero a ver, expliquemos, un polifonema es un concepto que se utiliza en poesía para referirse a la coexistencia de múltiples voces o perspectivas dentro de un mismo poema o texto. En esencia, un polifonema implica que diferentes personajes, puntos de vista o incluso diferentes lenguajes poéticos se entrelazan y coexisten, creando una textura rica y compleja en la obra. Todo eso se cumple en el poemario de Carrasco Santos, desde el humo con sonido, hasta las vocales al tiempo que se erige un mundo, un espacio cuyo tiempo mítico se abre ad infinitum para la música del alma.
Cuando esa voz poética afirma:
En cambio, la ballena azul, corazón de 180 kilos,
dio a Polifonema dos latidos escondidos en lo profundo
y treinta y siete eran eco sonoro en la superficie del mar,
dos latidos que hacen temblar algas y peces,
treinta y siete que se escuchan cuando el cetáceo
en la lejanía pareciera el punto inicial del horizonte.
Cuando eso ocurre, la textura del libro como en un cuadro se complejiza armoniosamente y las imágenes, más allá de su noción cubista o surrealista, cosechan los frutos de una propuesta que bien vale el premio conseguido.
Como decía al comienzo, hay poetas que deben leerse en este mundo atravesado por inmersiones supuestamente literarias, poesía que se vende disfrazada de tal, pero que no es más que sentimentalismo de tarjeta de cumpleaños que hasta Seix Barral edita porque tiene compradores. Lectores, no sé. Ser lector es otra cosa como ser una poeta verdadera sin escándalos, autopromociones vacías ni resentimientos como plomo en las alas. Ser poeta implica que triunfe la palabra por sí sola.
*Escritora

Imagen cortesía de la autora

