Otilio Edmundo Montaño Sánchez: testimonios sobre su muerte entre la infamia y la traición

 

“Moreno, delgado aún por aquellos años, con el rostro enmarcado por unos espesos bigotes, Otilio Edmundo […] llegó a Yautepec allá por 1908 a la escuelita de gobierno”, escribió el yautepequense diputado constituyente Juan Salazar Pérez. “Un traje gris, gazné en el cuello y calzando zapatos de una sola pieza, es todo el recuerdo que guardo de él”, evocó sobre el profesor ayalense el autor, panadero, comerciante y presidente municipal de Yautepec.

Por ignorancia, por prejuicio o por mala fe, Otilio ha sido minimizado, menospreciado o excluido por la mayoría de los autores al biografiar a Emiliano Zapata Salazar. Jesús Sotelo Inclán, al referirse al Plan de Ayala, no hace la menor alusión al profesor; John Womack Jr. y Francisco Pineda Gómez, con una postura acrítica y poco ética, sólo reiteraron los adjetivos que el abogado potosino Antonio Díaz Soto y Gama profería en contra del ayalense.

Salazar Pérez cuestiona y reflexiona: “Ahora, si en verdad pesaba sobre Montaño la duda de la traición, ¿por qué no también sobre sus compañeros?, ¿no es ingenuo pensar que sólo él estaba implicado?, ¿por qué no enjuiciaron a todos? La respuesta no puede ser más clara, porque sólo Montaño había atraído la envidia y el odio de sus verdugos”, es decir, Manuel Palafox Ibarrola, Serafín Robles Morales y el propio Díaz Soto, entre otros.

“Mayor infamia no pudo cometerse con un acusado. Y hasta el propio general Zapata le volteó la espalda, dejándolo por completo en manos de sus enemigos”, condenó el autor. “Ni la más remota posibilidad de defenderse le dejaron: Incomunicado, escarnecido, humillado, Montaño tuvo que soportarlo todo con estoisismo [sic], no en balde había abrevado en las fuentes de la filosofía griega, con venerable dedicación”, reconoció Salazar Pérez.

Con los testimonios del capitán Moisés Bejarano, los coroneles Pablo Brito, Samuel Chavarría Benítez y Quintín González Nava, así como de Luis Montaño Sánchez, hermano del profesor, el autor construyó su ensayo. Para González Nava, entre los revolucionarios surianos “existió la certeza y la creencia de que su muerte se debió a la trampa que le fraguaron el grupo de políticos que se incorporaron con nosotros, mucho después de firmarse el Plan [de Ayala]”.

Otilio Edmundo Montaño Sánchez, tras un juicio sumario, fue fusilado en la plaza de Tlaltizapán la mañana del viernes 18 de mayo de 1917. El autor del Plan de Ayala, presidente de la Soberana Convención Revolucionaria y ministro de Educación, murió víctima de la infamia y la traición. “Montaño, con su muerte, nos volvió a dar, como el sabio ateniense, y, guardadas las proporciones, una gran lección de autenticidad, de grandeza y de pundonor”.

Otilio Montaño; Juan Salazar Pérez; primera edición; Cuadernos Morelenses; Gobierno del Estado de Morelos; México, 1982; 66 pp.

Imagen: Otilio Edmundo Montaño Sánchez (fragmento);

Archivo del Centro de Estudios de Historia de México.

Jesús Zavaleta Castro