Cuernavaca y sus vicisitudes como tierra de conquista entre los siglos XVI y XXI

“Y otro dia fuimos camino de otro mejor, y mayor pueblo, q fe dize Coadalbaca, y comúméte corrompimos aora aquel vocablo, y le llamamos Cuernabaca, y auia détro en èl mucha gente de guerra, […] y eftaua muy fuerte por vnas cabas, y riachuelo q eftan en las barrancas por donde corre el agua, muy hondas de mas de ocho eftados abaxo”, narró Bernal Díaz del Castillo sobre el arribo de Hernán Cortés de Monroy y Pizarro Altamirano y sus tropas.

Cuernavaca fue tierra de conquista desde antes de la llegada de las fuerzas cortesianas a estas tierras: Cuauhnáhuac y Huaxtepec fueron señoríos sometidos de la Triple Alianza. Además de otros insumos, a los mexicas tributaban mantas de algodón; y a los españoles tributaron camisas de algodón. Sin embargo, esta región que hoy corresponde al territorio del estado de Morelos fue siempre apreciada por la vastedad de sus aguas y la fertilidad de sus tierras.

“A Cuernavaca voy, que sólo aspiro / a disfrutar sus auras un momento: / pausa de libertad y esparcimiento / a la breve distancia de un suspiro”, escribió el filósofo y poeta neoleonés Alfonso Reyes Ochoa sobre Cuernavaca ‒1949‒. Aunque, por su poética referencia a las urracas cuernavacenses, es deducible que el también diplomático nunca fue víctima de las excretas de las endrinas paseriformes o que padecía una por él ignorada anosmia.

Si bien Cuernavaca fue origen, lugar de paso o destino de personajes como el geógrafo José Antonio Pichardo Linares; el científico Alexander von Humboldt; el insurgente José María Morelos y Pavón; el emperador de México Maximiliano de Habsburgo; o el revolucionario Emiliano Zapata Salazar; entre otros, en la década de 1930 la capital morelense vivió un nuevo e intenso proceso de “conquista” por visitantes de fin de semana y nuevos residentes.

En este contexto, enfrentamos una lamentable conceptualización: Si para algunos opinadores México es el “patio trasero” de los Estados Unidos de América, para otros más Cuernavaca es el “patio trasero” de la Ciudad de México. Y, en ello, hay parte de responsabilidad de los cuernavacenses, pues la identidad se remite a lejanos recuerdos de tiempos que no volverán, así como a la segregación social entre la cabecera, los pueblos y las colonias del municipio.

Recientemente apareció en redes una serie de videos que tienen por objetivo ridiculizar a los cuernavacenses, recurriendo a ofensas, bajezas y vulgaridades, ante una presunta y petulante superioridad de los oriundos de la capital del país. Como ignorante, mentirosa, alcohólica, violenta, irresponsable y corrupta se describe a la gente de Cuernavaca. ¿Se trata de una intencionada campaña de desprestigio? En el siglo XXI hay otros intentos de “conquista”.

Historia verdadera de la conquista de la Nueva España; Bernal Díaz del Castillo; reproducción facsimilar de la primera edición de 1632; Manuel Porrúa S.A.; México; 1977; 298 pp.

Imagen: Cuernavaca. Panorámica desde el norte (fragmento);

Cuernavaca, Morelos / ca. 1900 / Archivo Jesús Zavaleta Castro.

Jesús Zavaleta Castro