Un ser humilde

 

En la anterior colaboración, Un acto sinfín se refirió la crítica de Vasconcelos al exacerbado énfasis de la tradición filosófica sobre el lenguaje o expresión conceptual; en específico, en dicha colaboración se refirió la insuficiencia del concepto para abordar la realidad del número, pues a aquél se le escapa el ritmo de éste. De acuerdo con Vasconcelos, la tradición filosófica, a partir de una exclusiva lectura formal y conceptual de Pitágoras, padece dicha insuficiencia ontológica por lo que es preciso enfatizar, en su lugar, un punto de vista estético o una expresión poética: Un rumor invisible.

 

En esta ocasión referiremos la crítica de Zambrano a dicha tradición filosófica, pues, como Vasconcelos y Unamuno (Una filosofía cardiaca), encuentra en el pensamiento poético el modo (ético quizá) de valorar y respetar nuestra realidad: Un pensamiento poético.

Destaco en Zambrano su crítica a Parménides, al señalar que fue con él con quien la realidad se subsume al ser, ser que es unidad e identidad consigo mismo. Como ya se comentaba, la multiplicidad de las apariencias todas se reduce sólo a lo que es captable a través de la mirada del intelecto, “el ser ideal captado en la idea y cuyo rasgo fundamental es la identidad, de la cual se deriva la permanencia, la inmutabilidad” (Pensamiento y vida).

Tal ha sido, pues, la huella, según Zambrano, que dejó Parménides en la tradición. Contra a éste, así como contra el mito de la caverna de Platón, sumida en las sombras, de las cuales debemos desprendernos para salir a la luz y alcanzar la verdadera y oculta esencia de las cosas, el hombre abstracto, erigirá Zambrano su crítica.

Frente a la historia que propone Hegel, como razón desplegada en el tiempo y rango superior del saber esencial, coloca Zambrano la irracionalidad profunda de la vida, la temporalidad e individualidad; pero no con la soberbia que caracteriza al pensamiento abstracto, con la cual ‘vida’ resultaría ser un absoluto sustitutivo, sino con la humildad, expresa Zambrano, de los pequeños pasos, de la particularidad que toda obra debe guardar.

Así, historia y vida serán contrarios de la historia como abstracción que plantea el idealismo hegeliano; cuántos hechos habrá dejado de lado esta concepción de la historia, pregunta Zambrano, cuántos pueblos y cuántas historias se habrán fragmentado por no coincidir con esta exigencia de principio histórico; el no ser no sólo se excluye como posibilidad de existencia, sino que también tiene consecuencias en la vida práctica y cotidiana de los hombres, tal como lo es su pasado.

De este modo, Zambrano rechaza el principio que supedita la existencia a un sólo criterio de identidad respecto a la Idea y, contrario a establecer condiciones a priori sobre lo que ya existe, opta por asimilar lo real a través del a posteriori, esto es, de lo que ya está dado en relación con la existencia: “la cosa completísima y real, la cosa fantasmagórica y soñada, la inventada, la que hubo y la que no habrá jamás… no se afana para que de las cosas que hay, unas sean y otras no lleguen a este privilegio, sino que trabaja para que todo lo que hay y lo que no hay, llegue a ser”.

Un ejemplo de ello lo encuentro en los términos que Zambrano utiliza, como realismo y materialismo español, pues no son estos conceptos que determinen una manera de concebir la realidad, sino que de la propia existencia, particular, del pueblo español se construye el término en cuestión; es decir, de acuerdo con esta óptica, la vida genera teoría, y no al revés; con la realidad se fundamentan términos, y no al revés.

* Profesor de Tiempo Completo de El Colegio de Morelos.

Aristeo Castro Rascón