Carlota de Bélgica, emperatriz de México en la Casa de Borda en Cuernavaca

 

“Unos cuantos kilómetros antes de llegar á Cuernavaca, salió a recibirnos una numerosa comitiva presidida por el comandante militar del lugar, General D. Francisco G. Casanova. Se formó una valla de tropa desde la garita hasta el Palacio Municipal, que fué el edificio destinado para que sirviera de residencia á los soberanos durante su estancia en la ciudad”, narró José Luis Blasio y Prieto, secretario particular de Maximiliano de Habsburgo.

A las siete de la mañana del 1 de enero de 1866 inició el periplo a Cuernavaca del emperador, la emperatriz Carlota y la comitiva imperial. “Una mañana clara nos trajo un día hermoso que no podía ser más bello en esta época del año”, recordó el botánico Wilhelm Knechtel, “jardinero de la corte”. Y añadió: La vista es encantadoramente bella, y quien venga desde México en esta época del año al ver este panorama por vez primera jamás lo olvidará”.

“La recepción como siempre fué cordialísima, por la tarde se sirvió una gran comida y por la noche se quemaron unos fuegos artificiales muy vistosos”, recordó Blasio. Ante la idea de Maximiliano de “que se le arreglara en Cuernavaca alguna residencia”, Ángel Pérez Palacios, dueño de la hacienda de San Salvador Miacatlán, le recomendó el arrendamiento de la Casa de Borda. Y el emperador “quedó prendado verdaderamente de esa finca tan hermosa”.

“La víspera habíamos estado paseando en medio de naranjos, laureles, rosas, platanares, y de esos árboles tropicales que rodean las chozas de los indios y para los que no existen nombres en francés”, escribió Carlota, tras enterarse de la muerte de su padre, Leopoldo I, a la archiduquesa Sofía de Baviera: “Abandonamos Cuernavaca, en medio de vestidos de duelo, de arcos de triunfo [y] rodeados de silenciosas condolencias por parte de la población”.

“Siendo muy abundantes en Cuernavaca las plantas exquisitas, el corredor se encontraba lleno de tiestos que contenían ejemplares de las más hermosas, además se habían decorado los muros con primorosas trepadoras y exquisitas orquídeas y abundaban también peceras de cristal con muy bellos peces y jaulas con pájaros multicolores”, escribió el también historiador Blasio sobre los resultados de la restauración de la antigua Casa de Borda.

Entre opiniones sustentadas y juicios irracionales sobre María Carlota Amelia Augusta Victoria Clementina Leopoldina de Sajonia-Coburgo-Gotha encontramos a una mujer que enfrentó una compleja vida. Reconocida y vitoreada por unos, criticada y odiada por otros, Carlota de Bélgica, referente inevitable en la historia nacional y, particularmente en la historia cuernavacense, falleció en Meise, Halle-Vilvoorde, Bélgica, el 19 de enero de 1927.

Maximiliano íntimo. El emperador Maximiliano y su corte. Memorias de un secretario particular; José Luis Blasio; primera edición; Librería de la Vda. de C. Bouret; México; 1905; 478 pp.

Las memorias del jardinero de Maximiliano. Wilhelm Knechtel. Apuntes manuscritos de mis impresiones y experiencias personales en México entre 1864 y 1867; primera edición; Instituto Nacional de Antropología e Historia; México; 2012; 280 pp.

Los viajes de Maximiliano en México. 1864-1867; Konrad Ratz y Amparo Gómez Tepexicuapan; primera edición; Consejo Nacional para la Cultura y las Artes; México; 2012; 476 pp.

Imagen: Carlota de Bélgica (fragmento); ca. 1865

Maximiliano íntimo. El emperador Maximiliano y su corte.

Memorias de un secretario particular; José Luis Blasio; 1905.

Jesús Zavaleta Castro