Alma Karla Sandoval * 

2,700 likes, 502 comentarios y 669 veces compartido en Facebook son las cifras del siguiente párrafo sobre la situación salarial de algunos profesores en nuestro país: “En la mayoría de las instituciones educativas públicas y privadas de México, los maestros que trabajan en los niveles medio superior y profesional o universitario, son explotados sin compasión. Por menos de 500 pesos la hora, un doctor o posdoctora dictan clases que implican planeación, tiempo frente a grupo y trabajo en casa calificando ensayos y exámenes. Hasta 180 pesos o 200 puede percibir un profesor altamente calificado. Súmenle que no hay plazas y que los tiempos completos son muy disputados, cada vez desaparecen más. Por menos de 5000 pesos al mes (250 dólares aproximadamente) un docente dicta tres materias o seminarios. Una injusticia tremenda. Lo peor es que se acepta la paga porque no, no hay más”. 

   Las respuestas, como ya se dijo, no tardaron en llegar. Primero se le reclamó a quien esto escribe presumir esa paga, pues decenas de maestros aseguran que, en varios centros educativos privados, la remuneración por hora en licenciaturas llega a ser de hasta 70 80 pesos exigiendo al profesor contar con maestría. Asombrada, constaté que más de quinientos profesores opinaban sin parar sobre sus pésimas condiciones de trabajo. Más de 300 cuentan que no les alcanza, por eso tienen otros empleos, incluso venden zapatos, cosméticos, tamales, lo que sea, para completar. Asimismo, las quejas justificadas se vuelcan a lo que perciben, en contraste, los diputados, senadores, regidores, alcaldes o secretarios de estado de cara a la mendicidad a la que se condena a los profesores universitarios. 

Digo mendicidad sin exageraciones, en términos religiosos, apelando a la idea de las órdenes mendicantes como los franciscanos o dominicos quienes combinan la vida contemplativa con la activa predicando y evangelizando sin poseer bienes propios. Desde ahí, insisto. Y sí, con algo de ironía. Varios de esos maestros que han compartido dicho párrafo, aseguran que dar clases en prepa o en universidad es una labor que se ejecuta casi como un apostolado, un hobby o, de plano, porque no se encuentra, en ninguna parte, otro trabajo. 

  Más allá de cartillas morales e ideologías obtusas que no llenan de pan el estómago de los maestros, que no los motivan para ofrecer cátedras excelentes a nuestras juventudes, la realidad se impone tal como lo dijo Carlos Monsiváis: “La educación superior en México es una tragedia de dimensiones descomunales.” 

¿Agregamos el hecho de que nuestra presidenta ha tenido “a bien” colocar al frente de la Secretaría de Educación Pública a personajes como Mario Delgado o a “colaboradores estrella” como Marx Arriaga quien hace poco denunció que la Nueva Escuela Mexicana, convertida en estandarte de la 4T, quiere ver al magisterio arrodillado?, ¿qué futuro hay si se politiza la educación de este modo?, ¿cuál es la ruta del aprendizaje activo, colaborativo y con un profundo acento en pensamiento crítico? Respuesta: ninguna. Los maestros no ganan lo suficiente para comer. Los maestros tienen miedo de hablar porque la morenización de su empleo los ata, los latiga, los somete. Los maestros son esclavos de un sistema cuyo panorama en tiempos de IA es más negro que la noche oscura de cualquier alma. Los maestros son rehenes de todas las fuerzas políticas por igual en un torneo donde la única ganadora es la ignorancia y su príncipe consorte: el atraso o el estancamiento que permite la putrefacción continua del tejido social. ¿Hasta cuándo?  

No sé si la solución pase por la denuncia, la protesta y las calles tomadas como hace varios años. Eso lo recuerdo bien en mi pueblo. Casi anochecía. Detrás de la ventana vimos pasar a gente corriendo, huían del garrote. Eran trabajadores de la educación. Habían protestado desde hace semanas porque no, el sueldo no les daba para vivir. En su nombre escribo estas líneas. También porque entre esas personas iba mi maestro Willy con las mangas arremangadas y el puño en alto. Esa lección sí la aprendí. Ahora soy maestra, creo en la educación como sostén de nuestra vida. Quienes educamos no somos pordioseros. Nada ni nadie debe seguir precarizándonos. 

* Escritora 

Alma Karla Sandoval