

Un deseo
M Ávila*
Antonio, de 19 años, vive en Cuernavaca. Desde que tiene memoria, desea dedicarse al arte y la cultura, por lo que comenzó a trabajar en un bar que organizaba eventos diversos. La vida nocturna le pareció increíble, con eufóricas emociones al lado de personas auténticas, haciéndole pensar que, entre performance y conciertos, su deseo pudiera hacerse realidad. Con el paso del tiempo intercambió besos con Andrés, su compañero, quien le parecía agradable. Sin embargo, al poco tiempo Andrés comenzó con hábitos extraños: desaparecía por días y no llegaba a trabajar, estaba nervioso la mayor parte del tiempo y siempre alerta. Además, por el bar comenzaron rumores sobre que consumía drogas, aquellas que Antonio jamás probaría. El tiempo pasó y chismes aún más complejos corrían en el trabajo: ahora se decía que ahí se conseguía aquellas drogas y que algunos trabajadores eran quienes la proporcionaban. Aunque Antonio nunca vio nada de eso, decidió ya no trabajar allí. Casi un año después conoció a Pascal, con idénticos deseos y con quien aceptó formalizar una relación. Pasado el tiempo, Pascal organizó un evento artístico en aquel bar. Inevitablemente Antonio se encontró a Andrés y, entre recuerdos y rumores nuevos, el asunto se calentó tanto que Andrés fue despedido debido al escándalo ocasionado. Por redes sociales Andrés acusó a Antonio de perjudicarlo: lo culpaba a él y a Pascal de revelar sobre la venta de drogas en el bar, no solo ocasionando su despido sino también exponiéndolo. Para terminar, Andrés le dijo que ahora él y Pascal estaban en peligro, irían tras de ellos y los castigarían. Antonio, temeroso de las amenazas, le confesó a su pareja lo que pasaba, y en lugar de apoyo, recibió la culpa por la situación. “Atente a las consecuencias”, le dijo Pascal colgando la llamada y abandonándolo para vivir una pesadilla. Antonio comenzó a temer de las personas que caminaban detrás de él en la calle y los autos que se detenían a su lado antes de cruzar un semáforo. Los balazos y heridos se hicieron presentes cada vez más cerca de su zona de confort; la Guardia Nacional comenzó a habitar fuera de su hogar; personas que él conoció en aquel bar eran acusadas de actos violentos; una persona más perdió la vida, y en redes sociales vio el boletín de desaparición de alguien a quien siempre vio frecuentar los mismos lugares que visitaba. Todo ello le causaba temor. Pasó el tiempo y sin que la amenaza se materializara, Antonio se distanció del ambiente artístico; terminó pensando que tal vez no todos son increíbles o auténticos, que no se puede confiar en el prójimo, que debería su experiencia ser como una de esas “para forjar carácter” y que su deseo de dedicarse al medio pudiera ser solo eso, un deseo.
*Laboratorio de Contra/Narrativas (CIIHu-UAEM)

Imagen: Cortesía del autor

