El árbol de la resistencia

Miguel Ángel Martínez Martínez[1]

El zócalo de la ciudad de Puebla es considerado Patrimonio Cultural de la Humanidad, espacio donde nacionales y extranjeros disfrutan de los tiempos coloniales y contemporáneos que se conjugan en ese lugar. Ahí mismo, el 29 de noviembre de 2024 el colectivo Voz de los Desaparecidos en Puebla instaló un memorial permanente para visibilizar a las personas desaparecidas de la región, contribuyendo con él a la memoria histórica de un espacio común. De tres piezas, de un árbol como figura, de 1.70 de altura y un peso de 800 kg, con la frase “cuando ya no pueda caminar, en este árbol te esperaré” inscrita en mármol como vindicación del peso histórico y la voluntad permanente de las familias buscadoras, la figura se impuso, no sin conflictos. En torno de las cinco de la tarde inició su instalación. El escándalo para los funcionarios públicos se desató cuando se abrió una ligera brecha en el piso del zócalo para fijar la pieza. Inmediatamente los cuerpos policiacos aparecieron para detenerlos. El daño a las lajas ancestrales era su argumento, aunque las madres buscadoras señalaron que los gobiernos las cambian a voluntad. Entre las discusiones, una veintena de policías arribó al lugar dispuestos a detener al colectivo. Algunos empujones incrementaron la tensión. Para resguardar la instalación, el colectivo formó un círculo humano en torno al Árbol de la Esperanza. Ahí estaban, las madres, familiares y acompañantes, de la mano, resistiendo, como lo han hecho siempre, con la firme decisión de enfrentar la presión y amenazas, la incompetencia y falta de voluntad de un gobierno que administra las desapariciones porque es incapaz de resolverlas. Las discusiones seguían: los rostros desencajados de mandos medios y bajos del gobierno por la osadía de la colectiva se posicionaban frente a un árbol inamovible. “Para ustedes son más importante estas piedras que los desaparecidos. Dejaremos de colocarlo cuando nos traigan a nuestros desaparecidos”, gritaban las madres buscadoras con su lucidez dolorosa. Cerca de las siete de la noche, los policías abandonaron el lugar y la treintena de buscadoras intercambiaron impresiones de lo ocurrido. “Si se llevan a una, nos vamos todas”, dijeron, ante la posibilidad de la detención de María Luisa, rostro visible de más de un centenar de familias que sigue buscando a los desaparecidos por todos los medios. Por sexto año consecutivo el colectivo Voz de los Desaparecidos en Puebla colocó un “Árbol de la Esperanza”, aunque ese día fue la primera ocasión en todo el territorio poblano que se instaló un memorial en el centro político y cultural de un estado sitiado por las desapariciones, señalando, tal vez, que todo monumento de cultura es un documento de barbarie.

*Laboratorio Contra/Narrativas (CIIHu-UAEM)

Fotografía cortesía del autor.

  1. Colaborador del Laboratorio de Filosofía Forense, BUAP

La Jornada Morelos