Hipergamia

 

En el mundo de la farándula, abundan los casos de hipergamia y en el mundo real también. ¿Existe alguna diferencia entre ambos? Los primeros se ventilan de manera viral y los otros quedan consignados en los comentarios del círculo de amistades, familiares o digitales. La conversación que tuvieron aquella tarde memorable sobre el tema de Alfredo y Corina dejó huellas visibles en su relación. Todo empezó cuando ella le relató lo sucedido recientemente con sus amigos Silvana y Juan Antonio, respondiendo a su mandato de: “¡Chisme!” – palabra que fungía en vez de saludo cuando llegaba a casa – agotado por sus labores como experto de sistemas. Provocativa, Corina le enseñó la pantalla de su celular. “¿Quieres escuchar un chisme? Ahí te va uno. Noor Alfallah, la novia de Al Pacino, acaba de dar a luz al cuarto hijo del actor. El detalle estriba en que ella tiene 26 años y él 83”. Alfredo respondió un monólogo más cercano a la misoginia que a la hipergamia. Corina lo dejó hablar sin prestarle mucha atención, puesto que, conociéndolo, podía adelantarse al tenor de su argumentación. “Lo va a dejar pronto, si es que no lo ha hecho ya; por la jugosa pensión alimenticia que le va a tocar hasta que el pequeño cumpla su mayoría de edad. De haber sido un hombre promedio, jamás se hubiera acercado a un hombre al ocaso de su vida. De lo que son capaces las mujeres para asegurarse el nivel de vida anhelado, ¿te das cuenta, Corina?” La mujer esperó el fin de sus palabras para tomar el relevo en forma de preguntas. Antes de eso, le sirvió un tarro de cerveza fría en un intento de apagar la toxicidad del humo verbal. Alfredo prendió un cigarro para acompañar la bebida y tomó una respiración prolongada antes de seguir con su logorrea. Corina se quedó con sus preguntas sin poder formularse. “Mira, Corina, la mayoría de las mujeres priorizan el nivel económico sobre el valor de sus sentimientos. Curiosamente, si desaparece el dinero, se esfuma el cariño…”

Corina conservó la mente fría y el corazón blindado antes de interrumpirlo, haciendo un gesto para evadir el humo del segundo cigarro que estaba ya encendido. “¿Acaso pretendes darme una lección sobre la naturaleza femenina? Oye, Alfredo, para opinar hay que informarse como principio mínimo antes de lanzar al aire una opinión. La supuesta cazafortunas a la que te refieres es productora de televisión e hija de una de las más ricas y respetadas de Beverly Hills. En cuanto a nosotros, a la par de nuestros amigos, te recuerdo que la casa en la que vivimos es mía. El trabajo tuyo, se lo debes a mi padre y si nuestros hijos cursan su secundaria en una escuela de alto nivel académico, es gracias a la beca que reciben por parte de su abuela y directora de la institución”.

Ofendido, Alfredo se levantó y recorrió la casa sin rumbo, en busca urgente de recuperar su compostura.

Mientras tanto en el mundo, otro visitante de los museos donde se exponen los plátanos inmovilizados por su trozo de cinta gris, indignado por el precio de venta de la obra de arte expuesta, se comió el fruto. Lo bueno de este suceso es que no fue una manzana porque esta historia sí que la conocemos. No obstante, algo me sigue sorprendiendo respecto del plátano amarillo. Nadie se ha preocupado por saber respecto su sabor al momento de consumirlo.

Nota: Los sucesos y personajes retratados en esta historia son ficticios. Cualquier parecido con personas vivas o muertas, o con hechos actuales, del pasado o del futuro es coincidencia, o tal vez no tanto. Lo único cierto es que no existe manera de saberlo y que además no tiene la menor importancia. Creer o no creer es responsabilidad de los lectores.

*Escritora, guionista y académica de la UAEM

Hélène BLOCQUAUX