La Experiencia

BZ*

-La sesión empieza, y la persona que toma la palabra lo hace con un tono de lamento y exageración. Lo primero que nos dicen es que son siete las juntas de preparación para poder asistir a la experiencia. Todas ellas tienen lugar en un cuarto ubicado en un segundo piso, un espacio apartado de donde tenemos las sesiones ordinarias, aquellas que se llevan a cabo en una nave industrial que puede albergar a 300 personas. Generalmente es un varón de mediana edad quien lleva las juntas de preparación. La sesión consiste en que el “padrino” (así le llaman y al parecer también les llaman así a los compañeros que llevan más tiempo asistiendo a grupo) narra de manera exhaustiva su historia de vida y el por qué terminó asistiendo a un grupo de autoayuda. Sus discursos son en su mayoría monólogos donde el lenguaje soez se mezcla con lecturas del programa de AA y a veces con algunos versículos de la biblia. Se supone que son siete sesiones porque cada una corresponde a un pecado capital. Lo curioso del asunto es que durante las siete predominan, casi siempre, escenas de violencia sexual relatadas de manera cruda y directa, en una especie de recreación del hecho. Amparados en el supuesto anonimato del programa de doce pasos, muchos de esos momentos resultan violentas y denigrantes, sobre todo para las mujeres que asisten por primera vez. Lo que no nos dicen de la experiencia es que vamos a pasar un fin de semana encerrados en contra de nuestra voluntad escribiendo, obligados, los episodios más vergonzosos de nuestra propia vida: violaciones, abandonos y lo que se vaya sumando; lo que no nos dicen es que la mayoría de los “padrinos” y “madrinas” que se van a encargar de llevar a cabo la experiencia no tienen preparación en caso de que alguno de los “escribientes” (así nos llaman, para fines prácticos) tenga un colapso nervioso; lo que no nos dicen es que muchas de esas “escribientes” van a ser agredidas sexualmente antes, durante o después de la experiencia y que los padrinos van a proteger y a promover una red extensa de abusadores; lo que no nos dicen es que muchos de los padrinos tienen antecedentes penales y nula experiencia en cuestiones prácticas como primeros auxilios; lo que no nos dicen es que después de escuchar nuestras historias de vida y “perdonarnos” nuestras faltas, en nombre de Dios, después de dejarnos sin comer ni dormir, se van a establecerse mecanismos de violencia psicológica para someternos a nosotros y a nuestras familias, desvelando los tintes sectarios de la experiencia. La sesión empieza y la persona que toma la palabra se presenta: “Buenas noches, compañeros, mi nombre es M y soy alcohólico”. Los demás, escuchamos atentos.

*Laboratorio de Contra/Narrativas, CIIHu/UAEM

Fotografía cortesía del autor.

La Jornada Morelos