Arte, contradicción y mirada contemporánea

María Olivera*

“El trópico observa”, un intercambio semanal lleno de preguntas que no buscan respuestas únicas sino múltiples caminos para pensarlas, nace de la necesidad y el interés por colectivizar ciertos asuntos que atraviesan nuestra labor cultural y social. Bajo la premisa de que hablar de arte contemporáneo implica también hablar de comunidad y de experiencias compartidas, la inquietud que guía esta segunda entrega tiene que ver con ¿por qué vemos lo que vemos en los museos? y, ¿cómo podríamos o tendríamos que relacionarnos con piezas que a veces nos resultan ajenas o encriptadas en los espacios de exhibición? Las respuestas, así como las definiciones de la producción artística de hoy, son múltiples, por ello, hemos de pensar al arte contemporáneo como una posibilidad abierta, cambiante y plural.

A finales de los años noventa en México, los lenguajes y procesos del arte contemporáneo ya se habían consolidado y esto implicó aprender a mirar distinto y revisar las herramientas que habíamos construido y adquirido hasta ese momento para relacionarnos con la nueva producción artística. De pronto, las piezas ya no se podían «entender» sólo por lo que mostraban, porque los soportes habían sido desplazados y los significados de las piezas radicaban en lo que proponían pensar. En este sentido, aparecieron diversos modos de hacer –los conceptos habían reemplazado a los objetos– y con ello se abrió un abanico de posibilidades para la creación y la interpretación de las obras. Así pues, con la aparición y popularización del arte contemporáneo en espacios culturales y museos, comenzamos a formular preguntas distintas para buscar nuestro lugar en el aparato del arte.

“Si el objeto que tengo frente a mis ojos no me genera una experiencia estética podría clasificarlo como no-arte o arte malo”, nos suena familiar, ¿no? No obstante, la reflexión sobre el por qué vemos cierto tipo de arte en los museos o cómo podríamos dialogar con él si no compartimos los códigos de su lenguaje, es un asunto que se extiende hacia otros factores que atraviesan el arte de nuestros días: las inquietudes de las instituciones, de lxs artistas y de los públicos en sí mismos. Ahora, más que nunca, hay que repensar la manera en la que podemos leer el arte contemporáneo: dado que vivimos en una época donde la sobreproducción artística no siempre está a la par de nuestros saberes y sentires para interpretar las piezas, quizá reconocer desde dónde estamos mirando, qué herramientas tenemos, qué nos falta y qué queremos seguir pensando juntxs puede ser un buen comienzo. En este sentido, más que reducir la discusión en términos de si esto que tenemos frente a nosotrxs es arte o no es arte, la pregunta podría ser más bien ¿cómo viene a significar esta obra en nuestro presente?

El arte contemporáneo no implica el abandono de lenguajes como la pintura o la escultura tradicional sino que se trata de entenderlos y practicarlos desde otra concepción de lo escultórico y lo pictórico, además de ir haciendo de la práctica artística un espacio móvil. Los museos, en consecuencia, tendrían que encarnar la posibilidad de diálogo respecto a las prácticas artísticas contemporáneas –que además están en constante transformación– para mantenerse como un lugar de encuentro y diálogo activo sobre lo que se presenta en las salas. “Un buen proyecto museográfico”, nos dice Ana G. Bedolla, “debería ser original, sorprendente, contundente, atractivo y hasta polémico. La condición es que refleje una concepción construida por muchas mentes distintas que compartieron una ruta de propuestas y reflexiones que lograron materializar desde una perspectiva común»[1]. ¿Qué tipo de intercambios se permiten en los museos de arte contemporáneo? ¿Qué preguntas tendríamos que plantear con y hacia las instituciones para acortar las distancias entre públicos y arte? Continuamos la conversación.

* Subdirectora de Investigación del MMAC y crítica de arte.

  1. Bedolla, Ana G. «Entre lo ideal y lo posible: notas sobre el papel del guion temático en la planeación de exposiciones», 2013.
La Jornada Morelos