

Durante la edad moderna se ha explicado el comportamiento de las mujeres en un nivel muy básico del entendimiento, se rumora que existen estereotipos marcados por medios de difusión que determinan no solo la forma de vestirse o maquillarse si no también su comportamiento entre la sociedad, se cree también que hay un inherente interés por mirarse atractiva para los ojos de alguien más; este es el origen del error y una percepción bastante superficial de una realidad bastante compleja que ninguna filosofía ni alguna otra ciencia del comportamiento ha logrado descifrar.
Los años modernos han logrado hacer visible que la anterior explicación es insuficiente para entender al cerebro femenino y sus laberintos reflejados en comportamientos que ni la más concentrada observación ni la teoría más compleja podrá describir con exactitud los pensamientos de las mujeres tal vez esta sea la razón por la que muchos hombres hayan decidido describirlas mediante novelas y poesía, pareciera que el arte es el único instrumento que se acerca a una respuesta ante la pregunta que ha atormentado a grandes mentes: ¿Qué quieren las mujeres?
¿Será que quieren ser atractivas o ser saludables? La nula respuesta llevó a una idea de estereotipos incapaz de resolver lo que se observa día a día que más parece una competencia entre mujeres donde buscar la aprobación de otro género no es razón que mueva sus acciones diarias. Para las ciencias de la salud es igualmente un tema complejo que pocos especialistas se atreven a indagar y los que intentan se han limitado a una descripción basada en hormonas, una de las teorías mejor manejadas entre el campo médico, pero pensar que la totalidad de sus acciones solo tiene que ver con sus hormonas resulta poco creíble pareciera más bien una derrota de las ciencias duras.
Observando y escuchando se pueden detectar distintas características pero también contradicciones, por un lado tenemos mujeres preocupadas por cuidar su peso ya sea por indicación de salud o por un deseo de mirarse al espejo y sentirse cómodas; lo interesante surge en la manera que se proponen en lograrlo: buscan ideas de dietas ya sea en redes sociales o discursos de experiencias ajenas porque si buscan un apoyo nutricional encontrarán una respuesta que no les agrada, comer lo suficiente no es una opción ya que prevalece una idea de castigo reflejada en restricción de alimentos y duras rutinas de ejercicio cardiovascular.
La contradicción femenina se acentúa mucho si son observadas dentro de un gimnasio, lugar donde el deshago de los conflictos internos son expresados por comportamientos obsesivos al momento de realizar ejercicio donde la ciencia pierde poder sobre la razón y el conocimiento es desplazado por una necesidad casi mortal de verse pequeñas justificando todos los medios agresivos que utilizan, a pesar de pertenecer a una contemporaneidad en la que el acceso a la información es abierto al público en general solo es necesario indagar por Internet mediante palabras claves para revisar si el método a utilizar realmente nos llevará al objetivo planteado mentalmente.
Pareciera que estamos frente a mujeres modernas con gran capacidad intelectual y libertad recientemente obtenida que siguen persiguiendo una meta contaría al feminismo actual: seguir pareciendo pequeñas e indefensas, para lo cual están dispuestas a hacer lo que sea necesario incluso si el costo es su salud. Uno de los ejemplos más frecuentes es el uso de fajas a pesar de existir estudios científicos que han logrado comprobar una deformación visceral por su uso excesivo que -por supuesto- implica complicaciones a futuro; las indagaciones científicas concluyen en la propuesta de dejar de usarlas y reemplazarlas por ejercicios de fortalecimiento de los músculos abdominales, así como alimentación balanceada.

Contrario a esto, continuamos observando mujeres con fajas cada vez más agresivas durante su entrenamiento de cardio, pero también dentro del área de pesas, para esto hay que recordar que el uso de una faja durante rutinas de fuerza se justifica si y solo si el peso a cargar es mayor al 60% de lo tolerado normalmente con el fin de evitar lesiones a nivel lumbar, fuera de esta condición no es recomendable su uso, a pesar de la observación científica la mayoría de las féminas continúan el uso de dichos artefactos incluso en pesos mucho más bajos de lo que su cuerpo es capaz de cargar.
La mentalidad se centra en “sudar la grasa” y verse pequeñas porque claramente una mujer que reta su fuerza no sinónimo de feminidad, por lo tanto, continuamos fomentando y aplaudiendo comportamientos con significados que si son descifrados nos mostrarán otra de las derrotas de la batalla del feminismo. Las mujeres acuden a entrenar con fajas buscando ganancias en los glúteos y piernas, pero aterrorizadas de “parecer muy toscas” llevándolas a evitar entrenamientos del tronco superior y enfatizando los rasgos sexuales, esos a los que también les hemos declarado la guerra.

*Psico nutrióloga

