

Con gusto escuché a José Manuel Galván, el querido Topo y a Silvestre Anaya, contarme su preocupación por el giro comercial que está dominado la celebración de la feria de Tlaltenango, misma que tiene más de 300 años de realizarse, siendo uno de los eventos más queridos en Morelos.
El 8 de septiembre se celebra la Navidad de la Virgen María, patrona del pueblo, que significa “Sol de Justicia”, a quién se cantan las mañanitas, se le corona con flores, se encienden velas y veladoras. Además, se levanta el arco de flores que construyen amas de casa, campesinos y obreros de la comunidad; se realiza un tianguis de fruta, verdura, ollas de barro, sombreros, comida típica de Morelos, artesanías de Michoacán, Toluca, Guerrero y Tlaxcala, danzan los concheros, y confluyen gentes de varios estados.
Cuenta la feria con rueda de la fortuna, martillo, tiro al blanco; al anochecer se enciende el torito para gusto de jóvenes y niños correteando y “toreando” los cohetes del animal de carrizo y pólvora; al anochecer en el atrio se enciende el castillo en agradecimiento a la Virgen María. Esta celebración comenzó en 1720 y ha tenido continuidad hasta nuestros días.
Hace cincuenta años en ese jolgorio nacieron las Tandas Culturales con el lema de propiciar concientización social para la liberación de los pueblos. Arte contra la enajenación que promueve la cultura comercial al servicio de la clase dominante.
En 1973 a la capilla de la Virgen María, llegó el sacerdote Baltasar López Bucio como capellán. Preocupado por la situación de alcoholismo y descomposición de las redes sociales de la comunidad, propuso al presidente municipal que, se erradicara el alcohol y los centros de vicio que descomponían la feria de Tlaltenango. El presidente municipal recibió la carta firmada por 300 miembros de la comunidad y prohibió la apertura de cantinas y centros de vicio.
El Topo y Silverio pertenecieron al grupo Mascarones, mismo que trabajó en Cuernavaca para acompañar las huelgas de las fábricas de Ribetex y otras, donde hicieron teatro social, guerrillero. En 1974 se realizó una encerrona en Cuernavaca, a la que acudieron el sacerdote Baltasar López Bucio, amigo de don Sergio Méndez Arceo, quien les abrió las puertas y allí comienza el trabajo con las Tandas Culturales en Tlaltenango con la finalidad de atraer a los jóvenes, proporcionarles una cultura sana, que promoviera de concientización social.

Se instala un templete en el atrio del santuario de la Virgen María, se acomodan sillas, lonas y el pintor Felipe Galindo Feggo realiza un atractivo cartel.
Las tandas tenían de tres a cuatro presentaciones, en ellas teatreros, músicos, poetas, y conferencistas de la talla de Jean Robert, Silvia Marcos, Raúl Silva y Monsiváis participaron. Las tandas llegaron a contar con artistas como Óscar Chávez, Amparo Ochoa, Chava Flores, Guadalupe Pineda, Eugenia León, Gabino Palomares y el Zumbón. El obispo Méndez Arceo participó en la feria.
Se están cumpliendo 50 años de la fundación de las Tandas Culturales, pero sostienen el Topo y Silvano, que ha habido cambios. Una tendencia hacia la comercialización, ha olvidado la misión de las Tandas Culturales de alentar cultura popular rumbo a la liberación, cuyo lema es “Arte y Cultura para la liberación de los pueblos.”
Hoy la Ayudantía le ha quitado el lema, y el cartel de la feria es la imagen de la virgen rodeada de logos comerciales, lo que para el padre Baltasar supone una grosería para la virgen.
Para el Topo y Silverio la celebración de cincuenta años de la Tandas Culturales debe festejarse con exposiciones de libros, rescate de la memoria histórica, regreso a la misión social que tuvieron las tandas. Existe un libro con el nombre de las Tandas, que se editó en 1983, fuente de información y formación de lo que es la misión de las Tandas Culturales.
El padre López Bucio, ya retirado, propone que el cristianismo del pueblo debe ir unido a la cultura popular liberadora. Y como dice Méndez Arceo que la religión sea acompañante del pueblo. Ambas van juntas, “si les pides que dejen un vicio, debes darles algo a cambio, que es la cultura popular. La posibilidad de expresarse por medio del arte.”
El Topo explica que son cuarto los pilares de las Tandas: la iglesia de la Teología de la Liberación, los pobladores, los artistas y el ayuntamiento, los cuales deben estar unidos para dar continuidad a la misión de las tandas culturales nacidas hace cincuenta años.
El Ayuntamiento actual no ha tenido un acercamiento con los fundadores de las tandas para escuchar sus propuestas de regresar al sentido político de las mismas. Ahora los programas son comerciales, el enfoque es mercantilista.
Esperemos que la memoria viva de las Tandas Culturales para la Liberación retome su lugar, necesario hoy que la descomposición social y la violencia hacen de la suyas. Ojalá la apuesta del padre Baltasar de unir a la comunidad por medio de la cultura popular de calidad, sea un hecho.
¡Justicia para Mafer!
¡Alto al genocidio en Gaza!

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