
En febrero de 2026 se llevó a cabo el taller bilingüe Las raíces | The Roots, una actividad interactiva en torno a las raíces, la migración y la expresión emocional a través de la arcilla. El encuentro tuvo dos momentos presenciales en la Ciudad de México, el 14 de febrero en el Museo de la Mujer y el 20 de febrero en la Sala de conferencias “Mónica Verea” del Centro de Investigaciones sobre América del Norte (CISAN), en el piso 7 de la Torre II de Humanidades, en Ciudad Universitaria. Impartido por Afra Najat Najati, arquitecta y ceramista iraní, y Keren Flores, pedagoga venezolana, el taller se organizó en el marco del proyecto PAPIIT IN302324, “Comunicación y diplomacia de las diásporas. Perspectivas desde los contextos de recepción en las Américas, Europa y Asia”. Aquí algunas notas.
En la jornada del CISAN, la actividad fue inaugurada por el director del centro de investigación Juan Carlos Barrón Pastor. Posterior a ello las talleristas narraron parte de su experiencia previa en Museo de la Mujer y en su vida. Diversas situaciones de movilidad las llevo a conocerse y a reflexionar a través de la danza y arcilla sobre las raíces.
La primera actividad giro en torno a las raíces, la migración y la expresión emocional. Los asistentes realizaban una serie de ejercicio de movimiento no complejo, en donde Keren Flores narró un texto de introducción que insiste en que migrar no es solo cruzar fronteras visibles y que la raíz no siempre está bajo los pies, a veces está dentro del pecho, y escuchar eso al inicio convirtió la sesión en algo más que una actividad manual.
Fue un gesto de encuadre, casi ritual, que colocó la emoción en el centro y nos recordó que lo que íbamos a modelar no era “una figura”, sino una forma de estar en el mundo con la memoria a cuestas. Como si las grietas fueran líneas de ruta, marcas de roce, señales de que toda pertenencia se sostiene con fragilidad. Así, la narración inicial no solo introdujo el tema, también fijó el tono de lo que seguiría, una práctica lenta para volver hacia adentro, para nombrar lo que se mueve cuando una vida cambia de lugar, y para reconocer que las raíces no se encuentran, se trabajan, se comparten y se rehacen en comunidad.
En el primer taller se realizaron movimientos que iban de caminar descalzos, a observarse por minutos con otra persona. De andar rápido entre las personas participantes, a dejarse llevar por la música en el fondo. Lo interesante de los ejercicios fue que casi no se pronunciaron palabras, pero algo se había entendido. El lenguaje corporal, las miradas y el movimiento se pueden expresar más allá de la voz o de las cosas dichas.
La tallerista volvió a la idea que había sembrado antes de comenzar: que a veces creemos que al movernos perdemos tierra, pero que la raíz más profunda no se arranca, respira con nosotros. Entonces el cierre del primer taller funcionó como una forma de cuidado, una manera de llevarnos de regreso sin deshacer lo que se abrió.

Posterior al primer taller se tuvo un breve descanso, se preparó arcilla, agua y manteles de papel Kraft. La segunda parte fue liderada por Afra Najat Najati quién nos explicó la importancia de la arcilla, así como la relación que le podemos brindar con las raíces propias. Cada asistente definió cuestiones como ¿Qué son las raíces? ¿De qué raíces se está orgullosa? ¿Recuerdos sobre olores, sabores, texturas, sonidos que evoquen a las raíces?
La arcilla, que al inicio era solo materia, terminó convertida en lenguaje táctil, en una prueba concreta de que se puede estar en tránsito sin estar desarraigados, porque hay raíces que no se miden por pertenencia fija. Salimos con esa certeza discreta: que migrar transforma, sí, pero no borra, y que incluso en las grietas, en lo quebrado, en lo que duele o se desplaza, puede seguir habiendo hogar dentro de nosotros.
Las personas participantes compartieron reflexiones sobre sus raíces con arcilla.: de música regional a raíces de los árboles creciendo hacia adentro, de un elefante y un camello que se hacen amigas a manos marcadas en hojas de árbol. De mujeres de barro que representan la resistencia a objetos que aluden a cierto momento de la vida. Las diferencias son especificidades, momentos, cosas o representaciones que son fijaciones. Aunque las raíces son diferentes nada compartido es ajeno una vez que se abraza. Porque va borrando el viento lo que va pintando el barro. Las similitudes emergen de la capacidad de fijar, de moverse a veces hacia el interior.
Al final, entre piezas todavía frescas y manos con restos de tierra, quedó una idea sencilla. No sólo lo humano no se define en lo que decimos, se encuentra en lo que somos capaces de reconocer en el otro cuando el cuerpo, la mirada y el silencio también hablan. Las raíces | The Roots no buscó cerrar una definición de raíz. Propuso una experiencia compartida para sentirla y darle forma. Hizo recordar que migrar no parte entre de aquí y de allá. Coloca en continuidad y en una pertenencia que se rehace. Por eso el cierre tuvo algo de cuidado colectivo. La raíz más profunda no se arranca, viaja y respira con nosotros. Incluso en la fragilidad y en lo desplazado puede seguir habiendo un hogar o una patria interior. Ese hogar aparece cuando nos tratamos, de verdad, como personas.
El taller y el texto se lleva a cabo en el marco de las actividades del proyecto PAPIIT 302324 «Comunicación y diplomacia de las diásporas. Perspectivas desde los contextos de recepción en las Américas, Europa y Asia».
*Momoxca, internacionalista, escritor y migrantólogo.


