

COINCIDENCIA
“Los agentes del destino” de 2011 figura en el top cinco de las películas románticas favoritas de Danna, amante de historias que cuentan amores contrariados por el destino o por sus mismos protagonistas empeñados en caer en cuanta trampa alcance la trama. Danna vio la cinta al menos diez veces desde su estreno. En esta cinta multipremiada, el conflicto es externo. El congresista David Norris y Elise Sellas, bailarina, sienten una fuerte conexión desde su primer encuentro. Sin embargo, desafían a arcanas fuerzas para estar juntos, puesto que una misteriosa organización de hombres vestidos con trajes y sombreros oscuros interviene para evitar su relación, ya que su destino no es estar unidos según un plan preestablecido.
Dichos agentes de negro tienen la capacidad de manipular eventos y moverse por la ciudad a través de puertas especiales, e incluso caminan por los techos. Conmovidos por la persistencia de los sentimientos de David y Elise – en esa parte, Danna suele servirse un tazón de frutos secos – los agentes deciden reajustar el destino para permitirles volverse a ver.
En primer lugar, figura la historia inversa en “Cuando Harry conoció a Sally”, de 1989, en la que los protagonistas, dos profesionales ambiciosos de Manhattan, tardan doce años en reconocer que están enamorados. En cada uno de los encuentros casuales entre Sally y Harry existe una relación en potencia entre ellos, pero cada uno se empeña en no reconocer la atracción manifiesta. Esa situación, le causa rabia a Danna, quien quisiera tener el poder de franquear la cuarta pared para intervenir como mediadora entre ellos. Después, recuerda que la historia perdería su encanto junto con la desaparición de la tensión dramática y se calma hasta la escena de la boda.
Por su parte, Danna, soltera empedernida, situación envidiada por sus amigas que la han estado convenciendo de conservar su vida libre de compromiso, rechaza la idea de contar su vida en las redes sociales, simulando, según ella, una película romántica filmada en directo. De hecho, cuando su pretendiente más reciente, de nombre Andrés, escogió el restaurante donde iba a pasar la tarde, no por la calidad del menú, sino por poseer la mejor terraza para retratar en Instagram, desprogramó la cita con el primer pretexto que le vino en mente: me duele la cabeza. El supuesto enamorado no canceló la reservación, sino que invitó a su mejor amiga Greta porque no quería perder la oportunidad de salir fotografiado sin necesidad de filtros. Huelga decir que Greta no fungió como amiga, pero eso creo que ya lo adivinaron.
Danna espera, aunque no lo quiera reconocer ante sus amistades, la magia de un encuentro inesperado o el cálculo preciso para que así suceda. Realmente no le interesa si interviene o no algún deus ex maquina (prohibido en las buenas historias cinematográficas pero aceptado en la vida real para torcer la verdad): algo parecido a intenta ponerse zapatos nuevos – si son rojos, esa es otra historia que aquí no contaré – demasiado ajustados, a la fuerza, aunque sea de voluntad. Al caminar la persona, nota lo ajustado, pero se celebra con júbilo la efectividad de tan oportuna resolución. Respecto de Danna, su historia personal no ha terminado. Nunca se filmará, pero puede sí aparecer de pronto un cliffhanger que nos lleve a otro capítulo con una intrigante trama romántica.

Nota: Los sucesos y personajes retratados en esta historia son ficticios. Cualquier parecido con personas vivas o muertas, o con hechos actuales, del pasado o del futuro es coincidencia, o tal vez no tanto. Lo único cierto es que no existe manera de saberlo y que además no tiene la menor importancia. Creer o no creer es responsabilidad de los lectores.
*Escritora, guionista y académica de la UAEM

