LLUVIA

 

Primero fueron unas gotas esparciéndose, absorbidas en segundos por el calor del piso. Siguieron poco después unos truenos in crescendo. Las gotas salpicaban ahora con mayor fuerza queriendo superar el ritmo inicial. Ximena bajó las escaleras exteriores para recolectar la ropa tendida al sol. El viento soplaba para volver a tapizar de hojas secas el piso recién lavado. Resignada, regresó a su cuarto para guardar las prendas. La luz se ausentó por media hora, tiempo suficiente para descomponer el módem o quemar algún cable exterior. Una vez la ropa guardada y la electricidad de vuelta en el hogar justo en el momento en el que se disponía en reportar la falla en el servicio, Ximena reseteó el módem sin muchas esperanzas de conseguir una pronta compostura. Además, ni humano con quien explicar el problema, fue atendida por una voz reiterativa que le pedía no colgar mientras analizaba la situación antes de arrojar un número de reporte al celular sumado al indigno plazo de tres días de espera para aportar una solución. Edna lo había hecho del mismo modo agregando suspiros de impotencia. La lluvia persistió por varios minutos más antes de rendirse. Aún no es temporada de tormentas y azotones líquidos que invaden las calles. Los días venideros nos aportaran información por parte de Tláloc.

Liquida es nuestra época definida por Bauman, pero Ximena no se resignaba. Tenía que haber una oportunidad humana para no empezar la semana laboral fuera de conexión digital. ¡Cuánta reincidencia por parte del proveedor de señal cuyas promesas publicitarias distan de la realidad de sus clientes! A sabiendas de que la competencia es aún peor, Ximena, en vez de buscar otras propuestas comerciales se dedicó a buscar en sus contactos el número del último técnico en fecha. La lluvia volvió, determinada a quedarse por la tarde ya oscureciente. La luz decidió por su parte retirarse nuevamente. Por lo memos Ximena había aprovechado para recargar su celular. No llamadas, no consultas de mensaje para mantener la batería llena. El estado hidrométrico seguía estable con precipitaciones aceleradas con pretensiones de seguir alimentando arboles plantas y tierra. El olor a tierra mojada se invitó en la sala junto a la cocina donde Ximena encendió la estufa para prepararse un té reconfortante endulzado con miel. Tiempo exacto para escoger con la lámpara eléctrica una lectura que la acompañe en una noche. Ximena escogió Detrás del espejo de Lewis Caroll, novela en la que Alicia no cae sino pasa del lado del mundo al revés que ahí se encuentra.

Una descarga de electricidad ocurrió en forma instantánea. Primero fue el resplandor luego el estruendo seco, aunque según la percepción de Ximena los eventos atmosféricos sucedieron al revés. De ser así la secuencia de aquel lado, compondrían la falla telefónica antes del reporte de Ximena. Lo cierto es que el libro cayó al piso en algún momento, señal de que ella había entrado en un sueño profundo. Al despertar, solicitó por desesperación o por ausencia de bola de cristal o de lámpara de los deseos de Aladino, la ayuda de ChatGTP para conocer la fecha del día de la visita del técnico a su domicilio. La inteligencia artificial le aconsejó esperar. Hasta este momento, Ximena se pregunta de qué lado de la realidad quedó o si es posible que todo esto sea parte de un sueño.

Nota: Los sucesos y personajes retratados en esta historia son ficticios. Cualquier parecido con personas vivas o muertas, o con hechos actuales, del pasado o del futuro es coincidencia, o tal vez no tanto. Lo único cierto es que no existe manera de saberlo y que además no tiene la menor importancia. Creer o no creer es responsabilidad de los lectores.

*Escritora, guionista y académica de la UAEM

Hélène BLOCQUAUX