

Hermanas del mismo dolor
Lucía Galavis López*
Busco a mi hijo Ricardo Rojas Galavis, que desapareció el 7 de septiembre del 2021. Soy una trabajadora doméstica y ese día llegué a mi casa alrededor de las seis de la tarde. Ricardo estuvo un rato ahí con su pareja mientras se preparaban para salir a pasear. Ese día estuvimos hablando, también lo abracé. Antes de bañarse me dijo que iba con un amigo, aunque yo le sugerí que ya no saliera porque había dicho que iba a pasear, no me hizo caso y aun así se fue. Dijo que regresaba rápido y me quedé platicando con mi nuera mientras lo esperábamos. A las siete de la tarde le mandé un mensaje preguntándole a qué hora regresaría, pero ya no me contestó. Ese día tembló en Puebla como a las nueve de la noche. Me empecé a preocupar porque él me había dicho que estaría cerca, a dos calles de la casa, pero ya se había tardado. Su pareja fue a su casa por ropa porque tenía que trabajar temprano al día siguiente. Le pedí a mi esposo que fuera a buscarlo; fue a ver si estaba con sus amigos de siempre, pero no lo encontró. También le pregunté a una de mis vecinas si Ricardo estaba ahí con su hijo, pero me dijo que no. No podía dejar de preguntarme qué le había sucedido. Incluso tembló y él no regresó para saber cómo estábamos. Más tarde mi esposo y yo fuimos a buscarlo a dos calles de donde vivimos, en la Unidad Infonavit Amalucan, Puebla. Fuimos con el amigo que supuestamente había ido a ver, pero su mamá nos dijo que Ricardo no fue a su casa en ningún momento del día. Esa noche lo estuvimos esperando sin poder dormir. Les avisé a mi familia que no sabía dónde estaba Ricardo. Días después mi esposo y mis hijos fueron a buscarlo por las barrancas, por lugares en los que podría estar él. También subimos fotos de Ricardo a redes sociales con nuestros números de teléfono. No sabíamos que no debía hacerse así; aun así, nunca nos hablaron, ni pidieron dinero, ni nada. Yo no me imaginaba que algún día me iba a ver en esta situación. Ya pasaron cuatro años y no hay ni un culpable. No hemos sabido nada de él. Todos los días me pregunto lo mismo: quisiera saber qué fue lo que realmente pasó con mi hijo, no sé con quién se fue y, si alguien se lo llevó, por qué lo hizo. Cuando mi hijo desapareció no sabía qué hacer, pero gracias a una amiga que ya era parte del colectivo me empezó a contactar con la fundadora del colectivo “Voces de los desparecidos en Puebla”, con ellas ya no tuve que buscar sola. Las compañeras siempre están al pendiente, te acompañan. Tu familia tal vez te entiende, pero no lo suficiente. Entre compañeras del colectivo somos amigas, hermanas del mismo dolor, y nos sentimos más apapachadas y acompañadas. Fue una diferencia muy grande estar con el colectivo.

Terminal de autobuses CAPU, Puebla, México. Fotografía cortesía de Roberto Monroy Álvarez.
* Colectivo Voz de los desaparecidos en Puebla. Transcripción Abdi Yadah Loranca García (LC/N)

