Es claro que no tendría por qué haber tensión entre una investigación militante y, al mismo tiempo, de calidad académica. Sin embargo, es digno de destacar que en La revolución social en el norte de México y las comunas anarquistas del Partido Liberal Mexicano las dos cosas suceden con sobrada solvencia. Se trata de una obra de Luis Fabián Olvera, un militante, investigador y divulgador del anarquismo en México. Un camarada comprometido con las mejores causas y muy generoso a la hora de compartir sus conocimientos sobre el tema.

La obra explora experiencias anarquistas en el norte de México a principios del siglo XX, enfocándose en las actividades del Partido Liberal Mexicano (PLM). Se organiza en tres capítulos; el primero describe las incursiones del PLM en Baja California, cuando, en enero de 1911, un grupo de 17 anarquistas armados tomó la ciudad de Mexicali, apoyado por obreros de la Industrial Workers of the World (IWW). En pocos días, las fuerzas anarquistas crecieron a unos 120 hombres, logrando el control de Mexicali y Tijuana por aproximadamente cinco meses. En estos primeros capítulos, el autor analiza el establecimiento de una especie de “zona liberada”, también brinda pistas para comprender cómo los insurgentes organizaron la vida cotidiana en estos territorios, impulsando formas de justicia y organización comunitaria.

A mi parecer, uno de los aspectos más interesantes del libro es el análisis del uso de términos despectivos en la prensa de la época para referirse a estos anarquistas, a quienes se les solía llamar “bandoleros” o “filibusteros”. Estos términos insinuaban que sus acciones carecían de un contenido político y se asemejaban más a actos de delincuencia común. Ello me llama la atención porque, haciendo una comparación con mis áreas de especialización, hubo procesos muy similares durante las décadas de 1960 y 1970. En ese periodo, era común que guerrilleras y guerrilleros que querían hacer una revolución socialista en nuestro país fueran catalogados de “terroristas”, “delincuentes” o “criminales” (incluso, cierto sector académico se ha hecho eco de tales categorizaciones). Entonces, observamos prácticas similares a principio del siglo XX y durante la segunda mitad del mismo siglo, por lo que sería valioso realizar investigaciones comparativas sobre prensa y estigmatización entre los anarquistas del Partido Liberal Mexicano y militantes guerrilleros de las décadas de 1960 y 1970.

El segundo capítulo se enfoca en las actividades del PLM en Coahuila, un tema que ha sido muy poco investigado. A principios de 1912, el líder anarquista Primitivo López Gutiérrez organizó un grupo armado que tomó la localidad de Las Vacas (hoy Ciudad Acuña) y proclamó “el Comunismo en Coahuila”. Este capítulo nos adentra en una “revolución desconocida” —como la llama el autor— en la que pequeños grupos anarquistas desafiaron a los gobiernos de distintas localidades de Coahuila, inspirados en el Manifiesto del Partido Liberal Mexicano de 1911, un documento que contiene críticas directas al capitalismo y se posiciona a favor de la organización anarquista de la sociedad. En términos de radicalización política, es un avance ante el Programa del Partido Liberal Mexicano de 1906.

El capítulo final traslada la mirada a California, Estados Unidos, donde, en 1915, varios miembros del PLM establecieron una comuna anarquista, experimentando con formas de vida comunitaria. En este espacio vivieron algunos de los líderes más prominentes del PLM, como Ricardo y Enrique Flores Magón, Librado Terán, entre otros. Sabemos que la historia personal de Ricardo Flores Magón está llena de persecución política y encarcelamiento. También conocemos de su penosa muerte en la cárcel. Sin embargo, la investigación de Olvera nos muestra que, en la comuna, Ricardo vivió unos años más tranquilos en cuanto a las repercusiones de su militancia política. Parece ser que fue uno de los momentos más tranquilos de su vida adulta (Armando Bartra, en Magón. Un anarquista en la Revolución Mexicana, plantea que los temas personales fueron la parte más conflictiva en la vida del dirigente revolucionario durante esos años).

Por último, destaco que La revolución social en el norte de México es una obra significativa no sólo en el ámbito académico, sino también para algo más importante: el compromiso con los cambios sociales de izquierda. En efecto, la obra de Luis Fabián es también una invitación a seguir pensando en la creación de sociedades justas, así como a comprometernos en ese objetivo.

* Profesor de Tiempo Completo en El Colegio de Morelos. Doctor en Estudios del Desarrollo por el Instituto Mora.

Cuitláhuac Alfonso Galaviz Miranda