La siguiente reflexión se encuentra referida a lo que observamos y padecemos cotidianamente en lo público-social. Recuerdo a los diferentes gobiernos que hemos tenido desde Adolfo López Mateos a Ernesto Zedillo, gobernantes del siglo pasado y de Vicente Fox a Claudia Sheinbaum en lo que va del presente siglo XXI. Todos ellos, en mayor o menor grado, realizan acciones procurando el crecimiento y desarrollo del país, así como de su gente, pero también, toman decisiones que frenan su crecimiento o lo hunden en su rezago económico.

Me llama la atención que cada día el gobierno se empeña en hacer de sus errores o ineficiencias u omisiones en acciones de gobierno que parecieran normales, es decir, la anormalidad la convierten en normalidad, las cuales, lo único que hacen, es afectar al país y a todos sus habitantes. Pondré algunos ejemplos para tratar de ser más explícito:

Cuando uno se pregunta cuáles son las funciones esenciales de un Estado-nación, la respuesta aceptada por las mayorías corresponden a las siguientes funciones: Mantener el orden, garantizar la seguridad, proteger los derechos de las personas, proveer bienes y servicios públicos, y promover el desarrollo económico y social.

Pero qué observamos en nuestra realidad cotidiana: no es normal que maten a presidentes municipales (ya van 6), pero que las autoridades gubernamentales no hagan nada ni puedan contenerla y por el contrario ofrezcan explicaciones insulsas y todavía quieran culpar a otros y hacer de ello una normalidad-anormal es un insulto a la inteligencia. No es normal que las carreteras donde se circula todos los días y las calles de las ciudades estén llenas de baches, pero que las autoridades municipales o federales no hagan nada y solo se concreten a dar pretextos y, con ello, quieran hacer de lo anormal algo normal, no tiene nombre. No es normal que haya desabasto de medicamentos en los hospitales públicos y pretendan engañarnos con que no faltan ninguno y que ya merito se abastecerán, es un crimen para los enfermos.

Finalmente, no es normal que Donald Trump haga de México su piñata favorita y que para colmo por culpa de las omisiones e indolencia gubernamental le prestemos el garrote y le cantemos ¡Dale..dale…!

*Ex catedrático de la UAEM y analista político

Imagen: Forbes

Antonio Ponciano Díaz