La chispa de la vida: Prometeo, Frankenstein, Franklin, y Galvani

 

Quien haya leído la novela original de Mary Shelley, sabe que en el libro jamás se menciona que la criatura de Frankenstein haya cobrado vida por medio de la electricidad. Este elemento se repite también en la nueva película de Guillermo del Toro. Entonces, ¿cómo es que las adaptaciones instauraron en nuestro imaginario colectivo el hecho de que el rayo caído en una tormenta fue lo que dio vida al monstruo?

No sé si exististe un documento que dé cuentas claras de cómo y por qué en cada adaptación de la obra de Shelley la electricidad aparece una y otra vez como dadora de vida, pero basta con echar un vistazo a la vida de la autora británica para descubrirlo.

A finales del Siglo XVIII e inicios del Siglo XIX, la electricidad era la moda y novedad científica del momento. Para 1740, Franklin había demostrado, mediante su experimento con una cometa, que la electricidad podía conducirse como “fluidos”, y se popularizaron las botellas de Lyden para almacenar cargas eléctricas. En 1800, Volta crearía la primera pila, mostrando que la electricidad podía ya no sólo almacenarse sino controlarse.

Era imposible que nadie entonces desconociera estos avances científicos. Estaban por todos lados. William Godwin, padre de Mary Shelley, fue amigo personal de Humphry Davy, quien trabajó con la electricidad en el contexto de la galvanoplastia y la electrólisis; y su esposo, Percy Shelley, era un asiduo fanático de todos estos avances tecnológicos. Pero no fue sino hasta uno de sus viajes a Londres, en una visita al Colegio de Cirujanos, en donde se debatía sobre la “chispa de la vida”, que Mary escuchó al médico italiano Luigi Galvani argumentar que la electricidad era esa “chispa de la vida”, y tenía argumentos para sostenerlo, pues en 1780 tocó por casualidad, con un bisturí cargado de electricidad, las ancas de una rana diseccionada, y sorprendentemente ésta se movieron como si tuvieran vida.

Estos “trucos” se popularizaron como shows, por ejemplo, conectando la cabeza de un buey a una batería, y cuando lo hacían ésta abría el hocico. Pero Giovani Aldini, sobrino de Galvani, fue más allá, pues sometió a un criminal ejecutado a descargas eléctricas, y el cadáver tensó su mandíbula y abrió los ojos. Tal como aparece en la película de Guillermo del Toro, con el cadáver que le devuelve la pelota.

Mary Shelley nunca escribió explícitamente que la electricidad profirió vida a la criatura, pero sabemos que conocía muy bien todos estos descubrimientos. Se dice que una noche, antes de dormir, Mary estuvo conversando sobre esta “chispa de la vida”, y tuvo una pesadilla: un hombre que volvía a la vida gracias a la electricidad.

Nombró a su novela “Frankenstein, o el moderno Prometeo” (el titán que robó el fuego a los dioses para dárselo a los hombres), la cual, por cierto, era la forma que tenía Immanuel Kant para referirse a Franklin: el moderno Prometeo.

*Licenciado en Psicología por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), y maestrante en Salud Pública, por la Escuela de Salud Pública de México (ESPM/INSP). Contacto: freudconcafe@gmail.com

Fotograma de Frankenstein, James Whale, 1931. Universal Pictures

Luis Marín