Efectos de las nuevas tecnologías en el aprendizaje

 

Un estudio reciente del MIT Media Lab titulado «Your Brain on ChatGPT», ha causado gran revuelo. En síntesis, el estudio indica que quienes usan ChatGPT para redactar ensayos muestran menos actividad cerebral que quienes escriben sin apoyo de alguna herramienta de inteligencia artificial (IA). Esta especie de «síndrome del perezoso» no quiere decir que se traduzca en el fin de las capacidades cognitivas de quienes usan de manera habitual los LLMs como ChatGPT, sino que puede derivar en que el cerebro termine acostumbrándose a no esforzarse y se incline por la comodidad. El estudio se une a una serie de indagaciones que se han ido acumulando en los últimos tiempos sobre los efectos de la IA en este caso en el campo educativo. Por ejemplo, Ethan Mollick & Lilach Mollick o Kukulska-Hulme, A. han analizado cómo el uso excesivo de la IA tiene efectos negativos en el campo del aprendizaje.

No obstante, la idea de que el uso (abuso o dependencia) de las nuevas tecnologías desembocan en la pérdida en la capacidad de agencia de los seres humanos, viene de lejos. Un largo debate ha pavimentado las relaciones entre tecnología y seres humanos, sobre todo las que tienen un efecto en el campo cognitivo. Para no viajar demasiado al pasado, señalemos un trabajo más reciente, de 2014, de Nicholas Carr (Atrapados. Cómo las máquinas se apoderan de nuestras vidas), en donde el autor estudia como la automatización ha venido a transformar de manera radical nuestra relación con la tecnología, afectando nuestras capacidades humanas fundamentales. Para Carr, la automatización que comportan los motores de búsqueda, el uso del GPS termina por hacer de las personas seres excesivamente dependientes de la tecnología, lo que se traduce en pérdida de habilidades y destrezas prácticas, haciendo de la memoria una capacidad frágil y en donde memorizar pierde fuerza porque todo dato que se busca está al golpe de un click.

En cuanto al estudio del MIT se apoyó en la electroencefalografía (EEG) de alta densidad con el objetivo de medir la actividad cerebral en 32 regiones del cerebro durante tareas de escritura en el proceso de cognición. De esa manera, se obtuvieron datos precisos sobre la conectividad neuronal y el llamado «compromiso cognitivo», proporcionando una perspectiva única sobre cómo el uso de herramientas como ChatGPT, y extensible a cualquier LLM, afecta procesos cerebrales como la memoria, la creatividad y el procesamiento semántico. La novedad del estudio radica en que incluye medidas neurofisiológicas, haciéndolo completamente distinto de investigaciones previas basadas principalmente en evaluaciones subjetivas o conductuales.

El estudio cubrió un grupo de 54 personas que fueron divididas en tres grupos: un usó ChatGPT, otro utilizó motores de búsqueda (como Google), y uno más que escribió sin asistencia externa y solo apoyado en su cerebro. Este diseño comparativo permite contrastar los efectos de diferentes herramientas en el rendimiento cognitivo, lingüístico y conductual. Además, la inclusión de una sesión en la que los grupos LLM y de solo de soporte cerebral intercambiaron métodos permitió agregar una capa adicional de análisis sobre los efectos persistentes del uso de la IA.

Destaca que dentro de los tres grupos analizados el de LLM fue el que mostró una conectividad neuronal más pobre (55% menos actividad cerebral), lo cual también se traduce en lo que los especialistas designan con el calificativo «deuda cognitiva», o mejor dicho de una atrofia de habilidades cognitivas debido a la dependencia excesiva de la IA. Esta investigación preocupa a investigadores en el campo educativo, ya que no es raro que una buena porción de estudiante desde niveles básicos se han vuelto propensos a usar diversos tipos de LLM, justo en el momento en que requieren habilitar sus cerebros y adiestrar sus habilidades cognitivas.

Lo interesante ahora es que claramente se ven dos posturas en torno al uso de los dispositivos electrónicos en las aulas. Después de una tórrida luna de miel entre dispositivos digitales y la enseñanza, hemos entrado en una etapa de retraimiento. Según la UNESCO, a fines de 2024, alrededor de 79 países (aproximadamente el 40% de los sistemas educativos) ya cuentan con leyes o políticas que prohíben los celulares en las escuelas, con un enfoque particular en los niveles de educación básica y, en algunos casos, hasta secundaria. Así países como Finlandia, Suecia, Francia, Reino Unido, Brasil o Países Bajos son algunas de las naciones que han metido reversa en el uso de tales insumos digitales.

Pero en este campo todo camina a dos o hasta tres velocidades y lógicas, porque al mismo tiempo que en algunas naciones prohíben las nuevas tecnologías, otras como Estados Unidos, España o Estonia tienen propuestas firmes de incorporar la IA en el campo educativo, ya que la IA se ve como la llave mágica para personalizar la educación y apoyar a los docentes en su formación y, sobre todo, preparar a los estudiantes para un futuro laboral signado por un mundo estrictamente digital.

Lo interesante es que después de la euforia perpetua, para parangonear a Pascal Bruckner, ahora llega la calma y las tempestuosas olas digitales han entrado en una fase de calma. Ahora ya no se considera que sólo es suficiente con la edad para poder navegar exitosamente por las olas digitales; incluso algunos piensan todavía que la denominada generación Z o centennial, es la apta para aprovechar las virtudes de las nuevas tecnologías, pero es una postura que no siempre gozó del consenso ya que personas como Enrique Dans, por ejemplo, cuestionaron que la edad fuera la determinante para aprovechar o relacionarse de manera efectiva con una tecnología.

Pero se han dado posturas más radicales como la de Miche Desmurget en La fábrica de cretinos digitales, donde prácticamente refiere que las tribus de adolescentes son auténticos papanatas, ahí donde muchos ven la aparición de trendsetters y de colectivos juveniles digitales devenidos en influencers y expertos en materia digital, para él dominan las turbas de desorientados y potenciales integrantes del precariado digital. Y eso tal vez es una advertencia por el entusiasmo que hoy domina en torno la incorporación de la IA desde temprana edad a las aulas, y se actualiza la vieja idea de Ivan Ilich (La convivencialidad) de pérdida de conciencia, de agencia cuando las herramientas se tornan demasiado fáciles de depender y dejan de empoderar al individuo para volverlo dependiente. Sin embargo, lo cierto es que todavía es muy pronto para tener una claridad sobre los efectos de las nuevas tecnologías en el campo educativo y se acumularán en los años por venir múltiples indagaciones que darán claridad a esta situación.

@tulios41

Antulio Sánchez