Política y tecnología en 2025

 

El tema de las nuevas tecnologías arrancó en este 2025 bastante caliente; a partir de lo que se ha empezado a ver en estos primeros días podemos trazar algo de lo que se puede esperar en los próximos meses, en particular lo que puede acontecer a partir de la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos.

En el caso de las redes sociales prácticamente todos han terminado por doblar las manos ante Donald Trump, incluso antes de que él tome el poder. El grueso de CEOs de las plataformas/empresas dominantes de internet han mostrado una destreza para correr y estar entre los primeros en la cola del besamanos a Trump. Todas se disponen a donar dinero para contribuir a la ceremonia de toma de posesión de Donald Trump. Lamentable y triste espectáculo de todos estos que hacen un credo del moverse rápido y romper con sus posturas pasadas; sin rubor alguno compiten por tener los mejores lugares para lamerle las botas a Trump; devenir en trásfugas y renegar de sus políticas y justificar su abdicación en nombre de la libertad de expresión es la evidencia de que el único valor que guía a los directivos de esas plataformas es la reproducción del capital.

Un claro ejemplo de estos cambios de temperatura es Meta, quien anunció en días pasados —según reporta Axios— que pondrá punto final a sus programas de diversidad, equidad e inclusión (el llamado DEI) de forma inmediata. La medida, según la empresa, es un movimiento estratégico impulsado por Mark Zuckerberg con la finalidad de adaptar la cultura empresarial y modelo de negocio de Meta a los vientos que soplan con el arribo de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. Con el cierre del programa de fact-checking de Meta, y que solo operará en Estados Unidos, se abolen las reglas estrictas sobre moderación de contenidos, de esta manera se acaban las taxativas a la expresión sobre temas como inmigración, identidad de género y el sexo.

Está claro que para Meta no es justo que en X se puedan decir cualquier cantidad de sandeces, que se digan tonterías y se avienten a mansalva aseveraciones —ciertas o falsas—, y en las plataformas de Meta tengan que limitarse a censurar la expresión de determinadas personas solo para satisfacer el cumplimiento con los criterios de lo «políticamente correcto». De esta manera, ahora tendrá luz verde acusar de enfermedad mental o anormalidad a quien se quiera, de usarlo como un epíteto de burla o descalificación, de aborrecer y mofarse de las cuestiones de género u orientación sexual, de atacar y ofender con cualquier calificativo a los transgénero y homosexuales, divertirse a costa de los integrantes de la comunidad LGBTQI+. Se trata de volverle la espalda, de vengarse, de todo lo que huela a Woke.

Se trata para los trumpianos y nativistas, para parangonar a Neil Postman, de divertirse hasta morir en la nueva normalidad que se avecina en las redes sociales en Estados Unidos. Está claro que en las redes sociales la inspiración ahora viene de la extrema derecha, pero las plataformas ya tienen en Curtis Yarvin a su nuevo guía junto con Elon Musk; Yarvin, el profeta del llamado movimiento neoreaccionario (o NRx), estima que la democracia liberal prácticamente ha pasado a mejor vida, lo que es celebrado de manera estruendosa por los mayores ideólogos de las nuevas tecnologías, Elon Musk y Peter Thiel; pero también lo hacen Steve Bannon o el mismo vicepresidente J.D.Vance.

El gran incordio entre los plutócratas es Elon Musk —un silvestre en lo cultural y fanático del voluntarismo—, que los rebasó por la derecha, que le gusta mostrar arrogantemente sus contradicciones y afanes totalitarios, de autoproclamarse salvador de la humanidad y líder mesiánico de la extrema derecha, que quiere llevar al poder en el mundo occidental —a punta de mensajes en X— a puros exponentes de la derecha más extrema y reaccionaria, que son para él el pasaporte al progreso humano. Pero las locuras de Musk rayan en lo absurdo: por un lado, considera que este planeta está a punto de pasar a mejor vida, que la única alternativa para la humanidad será vivir en Marte, crear una colonia de selectos humanos que sigan reproduciendo a la especie humana en ese planeta, pero por otra todavía se interesa porque en estas ruinas civilizatorias lleguen al poder solamente otros orates como él de extrema derecha. La otra cuestión, es que, si el planeta está a punto de pasar a mejor vida, por qué todavía pega el grito en el cielo porque el mundo se enfrenta a un terrible colapso en lo inmediato por la exorbitante falta de electricidad por la demanda de la nube y la inteligencia artificial (IA).

Pero lo que está claro es que Musk y Trump tendrán en las redes sociales a sus ejércitos de «lemming», que los seguirán ciegamente, con lo que se garantiza que se siga propalando la «Teoría del gran reemplazo», esa aberrante y demente idea nacionalista blanca, según la cual los judíos y la élite global alientan la migración masiva de personas no blancas a países occidentales para reemplazar a las poblaciones caucásicas. Pero, de todas maneras, el éxito del apóstol de la extrema derecha, de Elon Musk, de su influencia, es engañosa; es absurdo pensar que los más de 200 millones de personas y bots, que usan X en la actualidad se rindan a sus ideas e imposturas. Esto se evidenció recientemente con la candidata alemana de ultraderecha, Alice Weidel del partido AfD, cuando la conversación en vivo que mantuvo con ella no superó las 200 mil personas, pero lo peor es que la mayoría de esa audiencia no eran alemanes, en donde se esperaba que la charla tuviera mayor penetración.

El otro tema que se espera que se agudice con el arribo de Trump a la presidencia tiene que ver con China; Trump ha sido un crítico feroz de esa nación asiática y es probable que adopte una postura aún más agresiva que Biden en la imposición de aranceles y restricciones comerciales, por lo cual es imaginable la implementación de sanciones contra empresas chinas, especialmente las involucradas en tecnología y telecomunicaciones. En este sentido la sanciones podrían alcanzar a empresas como Huawei y ZTE y otras, pero, sobre todo, a fabricantes de semiconductores. La experiencia ha demostrado que esas políticas proteccionistas y nacionalistas hay manera de sortearlas, de darles la vuelta, que no son tan efectivas, pero lo que es factible es que en lo inmediato se desencadene una subida o incremento en los costos de producción de los chips y que afecte a los mismos consumidores de Estados Unidos e incluso haya escases que no guste mucho a los consumidores.

Hay que recordar que, en el caso de los semiconductores, la guerra en ese sector ya es una realidad, lo que se espera es que la misma se redoble. Las restricciones impuestas por Estados Unidos durante la actual administración Biden, que ha prohibido la exportación de tecnología avanzada a China, se duplicará con Donald Trump, lo que limitará el acceso chino a tecnologías críticas para la producción de semiconductores, pero Estados Unidos no podrá ir solo a esa batalla y va a requerir de aliarse con otras naciones —Japón, Taiwán o Corea del Sur— para poder contrarrestar el avance tecnológico chino. Pero China tampoco se quedará cruzada de brazos, también meterá inteligencia y dinero para desarrollar su propia industria de semiconductores, lo que no será impedimento ya que tiene recursos económicos suficientes para invertir en investigación y desarrollo para alcanzar la autosuficiencia tecnológica en este sector.

@tulios41

Antulio Sánchez