

Septiembre es sinónimo de reinicios. Es el mes que marca el fin del periodo vacacional y el regreso a las rutinas escolares, un ciclo que, durante generaciones, ha sido sinónimo de mochilas nuevas, cuadernos sin estrenar y reencuentros en los pasillos. Sin embargo, para los adolescentes de hoy, el rostro de septiembre ha cambiado. La vuelta a clases ya no es solo un evento físico, sino un complejo entramado de interacciones digitales y desafíos emocionales que redefinen la adolescencia misma.
Para los jóvenes actuales, el aula no es el único ecosistema. Su mundo se expande y se contrae a través de una pantalla. El regreso a la escuela, que para nosotros era un simple cambio de escenario, para ellos representa un doble desafío: deben cumplir con las expectativas académicas y, al mismo tiempo, mantener su estatus en el universo de las redes sociales. Los reencuentros ya no se limitan a un «hola» en el pasillo; están precedidos por la ansiedad de lo que se publicará en redes. El FOMO (Fear Of Missing Out o «miedo a perderse algo») es más real que nunca y septiembre, con su avalancha de historias y publicaciones, se convierte en un campo minado de comparaciones y validaciones entre adolescentes.
Pero no todo es superficial. Detrás de las fotos perfectas y las modas, los jóvenes enfrentan una gran presión. La pandemia y los confinamientos forzados moldearon a una generación que se vio obligada a socializar a distancia, a aprender por sí misma y a enfrentar la incertidumbre de un mundo en constante cambio. Ahora, el regreso a la normalidad presencial no es un alivio total. Para muchos, es el momento de confrontar las habilidades sociales que perdieron, de manejar la ansiedad o de encontrar su lugar en un grupo que ha evolucionado sin ellos.
El septiembre de las generaciones actuales es un llamado a la acción para los adultos. Es hora de dejar de verlos únicamente como «la generación de los teléfonos». Necesitamos entenderlos como lo que realmente son: jóvenes que enfrentan desafíos únicos, que navegan la soledad en medio de la conectividad masiva y que buscan su voz en un mundo saturado de información.
En este mes de reinicios, mientras los vemos empuñando sus móviles como si fueran una extensión de su brazo, recordemos que lo que llevan en sus mochilas no son solo libros. Cargan expectativas, miedos y, sobre todo, una resiliencia forjada en la era digital. Septiembre es el nuevo rostro de una generación que está aprendiendo a vivir, a sentir y a conectar de una manera que nosotros apenas comenzamos a comprender.
Nos leemos en la próxima…

*Juez Especializado en Justicia penal para Adolescentes del Estado de Morelos

