NUEVO PARADIGMA DEL PODER

Vicente Arredondo Ramírez *

La Jornada Morelos

15 de septiembre del 2025

Pareciera que la relación gobierno/sociedad nunca podrá ser armónica y que siempre estará sujeta a tensiones, conflictos o rupturas. La palabra “gobierno” la asociamos directamente con palabras como “autoridad”, “poder” “culpabilidad”, “responsabilidad” “represión” “corrupción” o “ayuda”, calificativos diversos y modificables, dependiendo de condiciones materiales existentes y de decisiones humanas tomadas al interior de cada país y entre países.

El cambio de orden mundial que estamos experimentando es debido en gran parte, a que en los últimos seis decenios ha habido cambios drásticos en las expectativas y prácticas de la relación gobierno/sociedad. Desde luego que el análisis y diagnóstico de cada país en este sentido nos daría resultados diferenciados en cuanto a causas y efectos; no obstante, podríamos generalizar señalando que la gran explicación es porque hubo cinco grandes cambios paradigmáticos: la desaparición de la U.R.S.S., la imposición del modelo económico neoliberal, el surgimiento de la sociedad civil organizada, la ineficiencia de la democracia liberal occidental, y la sorpresiva aparición de la República Popular China, como el mayor milagro evolutivo y de desarrollo que haya acontecido en tan poco tiempo en la historia de la humanidad.

Este torbellino de acontecimientos ha producido una gran crisis conceptual sobre cuál debe ser el adecuado papel del gobierno en la sociedad, y qué hacer para consensuarlo, o al menos, para asegurar que esté respaldado por la gran mayoría de la población. Lo cierto es que, si obviáramos el análisis ideológico que sustenta la defensa de intereses grupales particulares, y si fuera posible un análisis que tuviera como referencia el interés general, se pondrían las bases para una nueva etapa civilizatoria en este acontecer histórico de la humanidad.

Un ejercicio analítico de esta naturaleza sin duda debería hacerse, pero todo indica que es imposible, tomando en cuenta la existencia de trincheras mentales y de poderosos intereses económicos que, a pesar de la confusión actual, siguen moviendo inercialmente las fuerzas económicas, políticas, sociales y culturales en la dirección de su preferencia, y no la del interés general. Especialmente preocupantes son los poderes formales y fácticos que impulsan la dinámica de la sociedad en función de los actuales conflictos bélicos, y de los que en el futuro gustosamente tratarán de generar.

Lo cierto es que para los hasta ahora conocidos modelos de relación gobierno/sociedad, y para los nuevos que podríamos construir para hacernos más llevadero el estar en este mundo, la palabra clave es “poder”. El gran reto es descifrar el tema del poder en la sociedad, desde múltiples perspectivas.

El fenómeno del poder se ha estudiado a lo largo de siglos y milenios, desde puntos de vista tales, como su naturaleza, origen, evolución, alcance, tipologías, distribución, validación, defensa, y desde luego, de su abolición. El punto es que ese saber sobre el poder ha sido propio de unos cuantos, y no se ha traducido a una comprensión, diálogo, debate y acuerdo por parte de las mayorías sociales. Este hecho es incomprensible, ya que el poder y la sociedad van de la mano. No ha existido el uno, sin el otro, y sin embargo es un algo que ha estado ajeno a los más, y en control de los menos.

Se pensará que estas consideraciones son anacrónicas, habida cuenta de la existencia también milenaria del concepto de “democracia”, esto es, “el poder del pueblo”. El hecho, sin embargo, es el descrito. El poder siempre ha estado en manos de unos cuantos.

Desde las sociedades prístinas, el poder ha tenido la connotación de algo mágico, vinculado a ritos y ceremoniales, por lo que se ve natural la existencia de ámbitos y privilegios exclusivos para quienes lo detentan, y como algo prohibido e inalcanzable para el grueso de la población.

Si entendemos que el concepto del poder está preñado de valores sociales, un replanteamiento de cómo debe entenderse y expresarse en el futuro hace necesario que se expliciten dichos valores. Desde luego que “los valores” son meros constructos mentales, y hasta sujetos a polisignificación, si no quedan claramente modelados en las conductas humanas.

En efecto, en la vida de los seres humanos es más importante lo que hacemos, que lo que pensamos, ya que nuestros actos impactan en la vida y entorno de los demás, y hasta en la naturaleza misma. En ese sentido, como quiera que llegara a expresarse el poder en un deseable escenario o escenarios futuros para todas y para cada una de las sociedades existentes, el factor o perfil humano es el que marcaría la diferencia.

Dejemos apuntado que una característica de un futuro nuevo paradigma de ejercicio del poder debería implicar una ruptura con el actual sistema de estímulos e incentivos para buscar, alcanzar y mantenerse en estructuras de poder formal o factico, ya sean públicas o privadas, legales o ilegales. Elemento clave de esa ruptura sería incluir el valor de “la corresponsabilidad” en el ejercicio del poder, de tal manera formulado, que resultara poco o nada atractivo buscarlo para quienes no tuvieran la capacidad y la voluntad de servir a los demás.

¿Sería posible diseñar un cambio tan radical en esta materia, y ajustar las conductas del ser humano a dicho cambio? Más vale que lo intentemos.

*Interesado en temas de construcción de ciudadanía.

IMAGEN SUGERIDA

Imágenes de Poder libres de derechos | DepositPhotos

Vicente Arredondo Ramírez