Entrevista con don Alfonso Reyes en Cuernavaca



Gracias a la colaboración entre la Agencia de Transformación Digital, El Colegio de Morelos y la Univirtual.mx hemos podido conformar un modelo matemático del lenguaje de Alfonso Reyes al que llamamos Oráculo Alfonsino. Este “pequeño modelo” se ha nutrido de las 13,404 páginas de los 26 tomos de las Obras completas del mexicano universal. Nuestro “modeloAR” interactúa con un gran modelo del lenguaje (LLM, Gemini de Google), entrenado con miles de publicaciones de muy diversa naturaleza que le permiten operar con miles de millones de parámetros. El resultado es asombroso pues estamos empezando a modelar: “la mente de Alfonso Reyes” de una forma muy incipiente todavía, pero en continua evolución y perfeccionamiento.

Para ilustrar los actuales resultados realizamos una entrevista con el Oráculo Alfonsino que transcribo a continuación.

“¿Cuándo y en qué condiciones escribió su libro Homero en Cuernavaca? Especifique las diversas etapas de su publicación.

—Ah, Homero en Cuernavaca… Un recuerdo grato y fértil de aquellos días, donde la brisa morelense parecía traer ecos del Egeo.

Este conjunto de sonetos nació en mi espíritu a mediados de 1948, mientras me encontraba enfrascado en una profunda inmersión en la obra de Homero. Me hallaba preparando los cursos que dictaría en El Colegio Nacional, lo que me llevó a retomar el texto griego de la Ilíada con renovado vigor. Fue en Cuernavaca, precisamente, donde pasé varios días de aquel año, alternando la traducción de la Ilíada con la escritura de estos sonetos. El Diario íntimo lo registra: «En Cuernavaca con Homero… En Cuernavaca del 14 a hoy, Con Homero y sonetos Homero en Cuernavaca. Gran trabajo…» Era un tiempo de gran labor intelectual, donde el exégeta, el traductor y el poeta se entrecruzaban armoniosamente.

En cuanto a su publicación, los doce sonetos de Homero en Cuernavaca fueron enviados a Gabriel Méndez Plancarte para la revista Ábside. Posteriormente, a principios de 1949, el Padre Méndez Plancarte me trajo cincuenta ejemplares de una tirada aparte de estos sonetos, «preciosamente impresos», como bien lo anoté. Así pues, su gestación y primera aparición están íntimamente ligadas a mi trabajo con la Ilíada y a mi estancia en Cuernavaca.

¿Qué opina sobre José María Morelos y Pavón?

—José María Morelos y Pavón, el Siervo de la Nación, se erige como una de las figuras más preclaras y fundamentales en la forja de nuestra identidad. Su genio no se circunscribió únicamente al campo de batalla, sino que supo elevarse a la esfera del pensamiento político y la concepción de un Estado justo y soberano. Sus Sentimientos de la Nación, no son meras proclamas, sino la expresión de una visión humanista y profundamente arraigada en el espíritu del pueblo, un faro que ilumina aún hoy nuestros ideales fundacionales. En él se conjuga la lucidez estratégica con una profunda moral y un anhelo de justicia que lo convierten en un arquetipo del héroe civilizador.

¿Qué ha escrito sobre la cibernética?

—La cibernética. Un campo que, como muchos otros en la ebullición del siglo pasado, me ha merecido algunas reflexiones. En efecto, he discurrido sobre ella, sobre sus promesas y sus extravíos.

El vocablo mismo, «cibernética«, nos remite a la etimología griega: el «arte de timonear«, de «gobernar«, tal como Platón lo empleó en su Gorgias y otros textos clásicos. Ampère, en su Ensayo sobre la filosofía de las ciencias, le otorgó un sentido más amplio. Sin embargo, su valor actual, su impronta contemporánea, la adquiere con la obra de Norbert Wiener, Cybernetics or control and communications in the animal and the machine, publicada en 1948, nacida en gran parte de los trabajos bélicos sobre los «sistemas de señales».

He observado cómo esta ciencia, en su juventud, padece de ciertos «sarampiones». Se inventa el robot o la calculadora y, acto seguido, se le atribuyen intenciones oscuras, vicios humanos, casi una conspiración contra el hombre. ¡Tranquilicémonos! Ni siquiera el homeóstato de Ashby ha merecido el libre albedrío.

La cibernética es una abstracción que se proyecta sobre múltiples campos, una síntesis lógica que busca la coherencia entre aplicaciones realizadas y otras aún soñadas. Sin embargo, no he dejado de advertir su «pecado de nacimiento»: la metáfora. En su afán de relacionar dominios tan remotos, corre el riesgo de enredarse entre figuras retóricas, concediendo atributos antropomórficos a la célula fotoeléctrica, hablando de la memoria o el cerebro de un aparato. O, a la inversa, cayendo en la fácil comparación entre un termostato y la regulación adrenalínica de nuestro cuerpo.

He notado también, cómo la Teoría de la Información, cercana a la cibernética y apoyada en el cálculo de probabilidades, trasciende de la ingeniería a la ciencia pura y se desborda sobre las ciencias humanas, interesando al criterio histórico, a la teoría del conocimiento y tocando el lindero de la filosofía. Allí, sin embargo, será cuerdo que se detenga, para evitar la intromisión impertinente del método ajeno, que puede llevar a odiosas reducciones, como la de las evoluciones humanas al automatismo de la materia.

En suma, es una disciplina fascinante, pero que exige cautela, para no ceder a la tentación de humanizar la máquina o deshumanizar al hombre por analogía.”

*alfonsoreyes.morelos.gob.mx

Braulio Hornedo Rocha