
Un llamado a la reflexión y la responsabilidad compartida
El desarrollo integral de las niñas, niños y adolescentes (NNA) representa uno de los desafíos más profundos de nuestra época. Lograr que cada joven en México crezca en un entorno de paz y pleno ejercicio de sus derechos no es solo un mandato legal, sino un compromiso ético que nos convoca a todos: familias, instituciones y sociedad civil.
A menudo, el ritmo de la vida moderna y las crisis de seguridad nos llevan a esperar de los menores una madurez y una rectitud que, en ocasiones, superan las herramientas que les hemos brindado. Les pedimos ser modelos de virtud en un entorno complejo, olvidando que la formación de valores no es un proceso espontáneo, sino el resultado de un acompañamiento constante y de un ejemplo coherente por parte del mundo adulto. Más que señalarlos como una “generación de cristal”, convendría preguntarnos cómo podemos fortalecer su resiliencia y su sentido de pertenencia en una realidad que los desafía constantemente.
Es comprensible que las noticias sobre adolescentes involucrados en delitos de alto impacto generen dolor e indignación. Sin embargo, más allá del impacto inmediato, estos sucesos nos invitan a mirar el fondo del problema. Con frecuencia, estos casos reflejan fracturas sociales y espacios donde la protección no llegó a tiempo. No se trata de incidentes aislados, sino de señales que nos alertan sobre la necesidad de fortalecer nuestro tejido social y nuestras redes de cuidado.
En Morelos, como en el resto del país, observamos con preocupación cómo la vulnerabilidad de la juventud es aprovechada por grupos que no valoran la vida. Cuando un adolescente es instrumentalizado por la delincuencia, estamos ante una pérdida colectiva. Esta situación no debe verse únicamente como una falla individual, sino como una oportunidad para revisar nuestras estrategias de prevención y el alcance de nuestras políticas públicas.
Existe una necesidad imperante de atender las causas estructurales. El vacío que deja la falta de oportunidades educativas, el entorno económico adverso o el debilitamiento de los lazos afectivos es, lamentablemente, aprovechado por quienes buscan lucrar con el futuro de nuestros jóvenes. En este sentido, es vital avanzar hacia marcos legales que protejan a la infancia del reclutamiento forzado, priorizando la desarticulación de esas redes sobre la mera respuesta punitiva.

El enfoque preventivo y el Interés Superior de la Niñez (ISN) deben dejar de ser conceptos técnicos para convertirse en realidades cotidianas. Este principio nos recuerda que cada decisión —desde el presupuesto público hasta la dinámica en el hogar— debe evaluarse en función del bienestar de las niñas, niños y adolescentes. Invertir en la primera infancia, en escuelas que integren en lugar de excluir y en programas de salud mental para las familias no es un gasto, sino una de las inversiones más estratégicas para la seguridad y el futuro de nuestra nación.
La indignación social es una energía poderosa que debe canalizarse de forma constructiva. En lugar de permitir que la furia dicte políticas de corto plazo que estigmaticen a la juventud, debemos transformar ese sentimiento en una exigencia de rendición de cuentas y soluciones de fondo.
Finalmente, el desafío que enfrentamos en Morelos y en México es transitar de la sanción a la protección. Hay que reconocer que cada joven en contacto con la ley es, en esencia, una persona que necesitó un entorno más sólido y protector nos permite actuar con mayor humanidad. Solo a través de una responsabilidad compartida, donde el Estado, la familia y la comunidad caminen de la mano, podremos saldar la tarea pendiente con nuestras infancias y construir un camino de esperanza y desarrollo integral.
Para más información sobre actividades, conferencias y temas de interés del TUJPA, puede contactar a través de: Teléfono: 7775002627 / Página web: www.tujpamorelos.gob.mx / Redes sociales: @tujpamorelos
*Magistrada propietaria del TUJPA.


