En el sistema de justicia juvenil, ¿es válida la segunda oportunidad? 

Este tema continúa siendo controversial en parte de nuestra sociedad, donde la segunda oportunidad en la justicia juvenil suele ser criticada, no porque carezca de fundamento, sino porque tensiona emociones sociales profundas frente a la comisión del delito. 

Para algunas personas, cuando existe la percepción de impunidad, la “segunda oportunidad” se asocia con “falta de castigo”. Asimismo, cuando la sanción no es privativa de libertad o se modifica debido a avances en el proceso de reinserción social, puede percibirse como indulgencia. 

Desde la percepción del impacto emocional del delito, la sociedad reacciona desde el dolor, la indignación o el miedo. Cuando el hecho es grave o ha generado un gran daño, en ese contexto resulta difícil para algunas personas hablar de reintegración, pues puede parecer insensible hacia la víctima. Por ello, en muchas ocasiones surge la pregunta: ¿y la segunda oportunidad de la víctima? 

De igual manera, en ocasiones se posiciona en primer plano el temor a la reincidencia y, para evitarla, se asume que lo mejor es castigar o elevar la penalidad, pues existe la creencia de que ofrecer alternativas favorece que la persona adolescente vuelva a delinquir. 

Sin embargo, los modelos centrados en la reintegración, como los que promueve la Convención sobre los Derechos del Niño, están diseñados precisamente para reducir la reincidencia. 

Así, el sistema de justicia juvenil reconoce que una persona adolescente no debe quedar marcada de por vida por un error y que el objetivo del sistema no es castigar para excluir, sino responsabilizar para transformar. 

En términos claros, la segunda oportunidad significa que: 

El error cometido no define quién es el adolescente, sino una conducta que puede corregirse. 

  • La respuesta del Estado debe ser educativa y restaurativa, no meramente punitiva. 
  • El adolescente asume responsabilidad por sus actos, pero con acompañamiento, orientación y apoyo real. 

Dentro del sistema juvenil, la segunda oportunidad se concreta a través de: 

  • Sanciones proporcionales y especializadas. 
  • Acceso a educación, atención psicológica y fortalecimiento familiar. 
  • Programas de reinserción social y comunitaria 
  • Y la posibilidad de revisar o modificar las medidas cuando haya avances en el proceso. 

Ahora bien, la segunda oportunidad no es impunidad; implica reconocer el daño, repararlo cuando sea posible y aprender del error, protegiendo el futuro sin renunciar a la responsabilidad. Lo que la distingue del castigo tradicional es que fortalece la capacidad de reeducar a la persona adolescente durante su proceso de desarrollo y le ofrece herramientas y condiciones para construir un proyecto de vida, al tiempo que contribuye a una sociedad más justa y segura. 

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Foto: humanium.org
Abigail Rodríguez Nava