Factores de riesgo cardiometabólico en México: las exposiciones provienen de factores estructurales, sociales y ambientales fuera del control individual inmediato 

Consuelo Escamilla Núñez, Lourdes Flores Luna, Rosalba Rojas Martínez y Eduardo C Lazcano Ponce* 

El término cardiometabólico se introdujo hace más de veinte años en la literatura médica y práctica clínica para explicar la relación entre la presencia de condiciones metabólicas y el desarrollo de enfermedades cardiovasculares. Entre los factores ambientales y sociales de riesgo cardiometabólico modificables o controlables, desde la perspectiva estructural, están: consumo de tabaco y alcohol, sedentarismo, dieta no saludable, sobrepeso, obesidad, obesidad abdominal, hipertensión, dislipidemias, diabetes y resistencia a la insulina.  

Las enfermedades cardiometabólicas como la diabetes, la hipertensión arterial y las dislipidemias se encuentran entre las principales causas de enfermedad y muerte en México. En ocasiones no se diagnostican de forma temprana, sino cuando las complicaciones ya están presentes. Los resultados de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) en hombres adultos muestran que 4 de cada 10 tienen hipertensión sin diagnóstico en zonas urbanas y 7 de cada 10 en zonas rurales. Mientras que en las mujeres adultas, son 5 y 3 de cada 10, respectivamente. Con respecto a la diabetes en hombres adultos ,1.6  de cada 10 en zonas urbanas y 6.2 de cada 10 en zonas rurales la padecen y aún no reciben un diagnóstico. Para mujeres adultas, 3.2 de cada 10 en zonas urbanas y 5 de cada 10 en zonas rurales la padecen y no lo saben. 

El factor de riesgo cardiometabólico que se presenta con mayor frecuencia en la población mexicana es la obesidad abdominal, que se observa en 8 de cada 10 hombres y 9 de cada 10 mujeres. Otros factores que se presentan con frecuencia entre los hombres mexicanos son la hipertrigliceridemia y los niveles elevados de colesterol malo (LDL) en 5 de cada 10, sobrepeso y bajos niveles de colesterol bueno (HDL) en 4 de cada 10, obesidad e hipertensión en 3 de cada 10. En tanto que, en las mujeres, se observan niveles elevados de colesterol malo y bajos niveles de colesterol bueno en 6 de cada 10, obesidad e hipertrigliceridemia en 5 de cada 10, sobrepeso, hipertensión y resistencia a la insulina en 3 de cada 10. 

Frecuentemente, los adultos con algún proceso cardiometabólico presentan al mismo tiempo tres o más factores de riesgo, lo que se denomina síndrome metabólico. Este síndrome, aunque se puede revertir, es usado para identificar a quienes presentan alto riesgo de desarrollar diabetes o alguna enfermedad cardiovascular. La frecuencia de dicho síndrome en los adultos mexicanos también es alta y, en función de la definición que se use, se presenta entre 35 y 50% de los adultos. Esta condición es cada vez más frecuente debido al incremento de la obesidad y su prevalencia es mayor conforme aumenta la edad. Dicha frecuencia se atribuye también a la mayor urbanización, a los estilos de vida sedentarios y a una dieta poco saludable. Los resultados de la Ensanut muestran una frecuencia que se incrementa en forma exponencial conforme avanza la edad, de tal suerte que 9 de cada 10 hombres de 60 años y más tienen tres o más factores de riesgo cardiometabólico (en las mujeres es 6 de cada 10).  

Por otro lado, 37 de cada 100 hombres obtuvieron un riesgo alto (mayor al 10%) de presentar un evento cardiovascular fatal en los siguientes 10 años, sin importar el lugar de residencia, mientras que dicho riesgo lo obtuvieron 18 mujeres de cada 100 en áreas urbanas y 31 de cada 100 residentes de localidades rurales. 

¿Qué hay que hacer?  

Enfrentar los factores ambientales y comerciales de la salud requiere un enfoque multifacético que combine acciones individuales, políticas públicas, regulación comercial y participación comunitaria. En nuestro ámbito, es necesario implementar intervenciones educativas para mejorar los estilos de vida de la población, promover una dieta saludable y ejercicio físico, así como campañas para dejar de fumar y de beber alcohol, ya que con estas acciones se beneficiarían todos los integrantes del hogar. Además, realizar estudios de tamizaje usando escalas de riesgo en adultos aparentemente sanos con un estilo de vida poco saludable, para identificar a aquellos con riesgo elevado de tener o desarrollar síndrome metabólico, diabetes, hipertensión y eventos cardiovasculares.  

Se debe calcular también la probabilidad de desarrollar diabetes o un evento cardiovascular en los próximos 10 años usando escalas de riesgo “ad hoc”, así como realizar el diagnóstico de las condiciones cardiometabólicas observadas en las pruebas de tamizaje para poder proponer el mejor tratamiento para cada persona y, después, dar seguimiento a los enfermos buscando niveles de control de glucosa en sangre, tensión arterial y lípidos. 

En conclusión, son necesarios modelos de atención primaria a la salud, para implementar las estrategias preventivas más efectivas, entre las que se incluyen la promoción de estilos de vida saludables, la detección precoz o tamizaje y el tratamiento de los factores de riesgo cardiometabólico que desencadenan el continuo cardiometabólico para aminorar, detener o retardar la aparición o la progresión de las enfermedades metabólicas y cardiovasculares. 

La afirmación de que los riesgos a la salud no son atribuibles únicamente a las personas es correcta desde una perspectiva de salud pública y de los determinantes sociales. Esto es, la mayoría de los riesgos provienen de factores estructurales, sociales y ambientales que están fuera del control individual inmediato. Por esta razón, un sistema de salud basado en la atención primaria de salud, debe de orientar sus estructuras y funciones hacia los valores de la equidad y la solidaridad social. 

* Especialistas en salud pública. 

Imagen: Cortesía de los autores 

La Jornada Morelos