

Random Shakespeare: aves, canciones y mujeres que no se callan
El domingo pasado fui al Paraíso del Café por invitación de Semilla Dinamita, una agencia cultural que siempre está tramando cosas sabrosas en Cuernavaca. Me dijeron que habría unos monólogos de María Jaimes sobre el amor romántico, pero no cualquier amor, sino ese que nos han vendido como destino, sacrificio o tragedia. Así que, con el café en mano y la expectativa en alto, me senté a ver Shakespeare 9.5, una obra que desmonta al bardo más famoso del teatro occidental y lo sacude, lo remezcla, llenándolo de música y alas.
¿Qué pasa cuando sacamos a las mujeres de Shakespeare del guion del amor romántico? ¿Qué pasa si además les ponemos música, les damos alas, les dejamos cantar como aves? Lo que pasa, es puro fuego escénico.
La obra es un collage de monólogos femeninos de Shakespeare reinterpretados desde una mirada crítica y profundamente poética. Julieta, Ofelia, Lady Macbeth y compañía ya no están atrapadas en las narrativas del sacrificio, el desamor o la locura. Aquí se rebelan. Aquí dialogan con nosotras desde otro lugar. Desde el deseo propio, el hartazgo, la voz que ya no pide permiso e incluso desde la denuncia.
Pero lo más poderoso es la forma en que María entrelaza estas voces con clips musicales y datos sobre aves. Es como un tejido simbólico. “Las aves siempre se han relacionado con la feminidad”, me dijo María, y en escena eso se siente con una claridad brutal. Hay una metáfora hermosa ahí: los pájaros, tradicionalmente vistos como emblema de libertad, aquí se vuelven una especie de eco instintivo de estas mujeres y se vinculan con sus historias. Sus plumas no acompañan la historia, la narran.
Cuando la entrevisté, María me contó que esta obra nació de una necesidad muy personal. Hablar de las mujeres y la violencia que enfrentan todos los días. Ella es actriz, escritora y maestra, y fue escuchando las historias de sus propias estudiantes que entendió que el amor, tal como nos lo han contado, muchas veces duele más de lo que libera. “Aguantar todo en nombre del amor, como si fuera un acto de virtud, es una forma de violencia”, me dijo.

Me confesó también que desde muy joven le pusieron como ejemplo a William Shakespeare, y fue justo desde ahí que decidió subvertir el canon. ¿Qué pasaría si las mujeres de esas obras tomaran la palabra con sus propios términos? Después de años de trabajo escénico, descubrió que las aves podían ser ese hilo conductor. Cada una con su canto, su ritmo, su potencia… y su vínculo con alguna de las protagonistas. Luego vino lo musical: el disco Re de Café Tacvba fue una inspiración clave. Tomó su espíritu híbrido, diferentes géneros, una misma esencia, y lo trenzó con las voces femeninas y los pájaros.
“Para mí el arte es político”, dijo sin dudar. Y se nota. Porque esta obra no se limita a representar: denuncia, provoca, confronta. María Jaimes es actriz, maestra de idiomas, viajera y observadora feroz de la realidad. Esa mezcla de lenguas, trayectorias y cuerpos vividos se refleja en escena.
Entre escena y escena, sentí esa mezcla de tristeza y ternura que solo da el arte cuando toca una fibra muy íntima. Porque ¿cuántas veces no nos han dicho que el amor duele, que el silencio es elegancia, que la obediencia es virtud?
Salir de esa función fue como despertar de un sueño lúcido. De esos que no olvidas, que te sacuden bonito y te hacen caminar diferente. Porque si algo logró esta obra fue recordarnos que la cultura no está escrita en piedra, que las historias que nos contaron pueden reescribirse, cantarse, gritarse. Y que en ese grito puede haber belleza, rebeldía y mucha, muchísima esperanza.
Gracias Semilla Dinamita por invitarme. Gracias María, por darnos alas con esta obra. No se pierdan la segunda parte de estos monólogos el próximo domingo 10 de agosto 4:30 en el Paraíso del Café en el Centro de Cuernavaca.

Imagen, cortesía de la autora

