De Cuba, al Xochicalco con un entrevistador de pirámides

 

Queridos amigo, aún con la memoria y el corazón puestos en La Habana, ya de regreso a mi Cuernavaca del alma, me quedo con lo siguiente: con la alegría de su gente; con los ritmos que por doquier se escuchan y el maravilloso son cubano que mi padre, hijo de habanera, bailaba despacito, con elegancia; me quedo, con el clima invernal –el mejor del año-; con los señoriales salones de habanos; con la vista que se observa del malecón y parte de la ciudad desde el piso 30 del Hotel FOCSA, pero sobre todo, guardo el recuerdo de la hospitalidad de su gente, con la creatividad que manifiestan en su arte con grandes pintores, en su música, en el Ballet Nacional de Cuba que es tan valorado que ya es Patrimonio Cultural de la Nación; me quedo con sus elevados ambientes literarios de estupendos escritores , con grandes cineastas y con su gran solidaridad entre ellos acentuada por las adversidades que enfrentan con dignidad y sin bajar la frente.

Pero tan pronto regreso a Cuernavaca, me encuentro en casa con un interesantísimo libro Recuento de las Contribuciones a la Arqueología de Xochicalco, escrito por la reconocida arqueóloga mexicana Claudia I. Alvarado León profesora de tiempo completo en El Colegio de Morelos, que el antropólogo Víctor Hugo Valencia director del INAH Morelos, nos compartió. Y qué creen: su lectura desde el comienzo atrapó mi atención porque de entrada lo dedica In memoriam, a Norberto González Crespo para luego en su prólogo reconocer el gran trabajo realizado tanto por este como por Silvia Garza Tarazona, ambos arqueólogo que dedicaron su vida durante más de 30 años al Proyecto Xochicalco en el que también participó arduamente la autora: Alvarado León la que asimismo agradece por todo el apoyo logrado para presentar este, su magnífico libro, al reconocido biólogo y paleontólogo Eduardo Corona Martínez y al arqueólogo Raúl González Quezada, todos los mencionados por la autora, destacados profesionistas a los que Morelos tanto les debe, lo que me hizo recordar: “Honrar, Honra”. Bien por la autora.

Y al seguir leyendo me topo en el libro con un conversador de vestigios arqueológicos, el revolucionario periodista austriaco-checoslovaco que, al luchar con la palabra, escrita siempre con la emoción de la verdad, demostraba su capacidad para captar la esencia de las situaciones y personajes que observaba, transformando sus reportajes en una forma de arte. No en balde se le considera pionero del periodismo moderno de altura. Su nombre: Egon Erwin Kisch (1885-1948), me gustaron tanto sus palabras que se las comparto tal cual aparecen en la obra de Claudia Alvarado. Van: “En general es tan difícil, poco menos que imposible, establecer una conversación con las pirámides. Pero si uno quiere dedicarse al oficio de entrevistador de pirámides, entonces uno no debe dejarse espantar por las imposibilidades; uno debe pensar que una pirámide siempre tiene algo que decir, ya sea porque en su interior tal vez se haya hecho un descubrimiento, o porque ella, la pirámide, por encima de todo, acaba por ser descubierta”.

Lo leo y respiro hondo. Cierro el libro y me sigo con el texto de la contraportada al que no le sobra ni una palabra: “A mediados del siglo XVI, fray Bernardino de Sahagún, este joven español que llegó a la Nueva España poco antes de cumplir 30 años y al observar la inmensa cultura no volvió jamás a España, se quedó rescatándola para todos nosotros. Él apuntó: “…un edificio llamado Xochicalco que está en los términos de Quauhnáhuac…”, dejo esta cita y me adentro en Sahagún quien en su obra Historia general de las cosas de Nueva España, habla de este lugar siendo la primera referencia escrita por el gran monje precursor de la antropología en México, sobre el sitio arqueológico que se encuentra en el hoy estado de Morelos, abandonado por sus habitantes alrededor del año 1100 de nuestra era.

Por cierto, mis amigos, Xochicalco es famoso por varios conceptos: valiosa ciudad prehispánica que fue un importante centro político, artístico y científico. Con una Pirámide dedicada a las serpientes emplumadas que cuenta con artísticos relieves que detallan el ajuste del calendario que se dio a conocer ahí ante sabios, deidades y guerreros destacados. Con un observatorio astronómico a través del cual estudiaban el sol y el tiempo. Su Museo de sitio es el primer museo ecológico del mundo. Su proyecto que inició en 1993 fue desarrollado por el arquitecto Rolando J. Dada y Lemus, fallecido en 2021 a los 87 años de edad.

El trabajo completo que realizó este morelense, sus investigaciones de la ciudad indígena y la construcción del museo formaron parte del programa gubernamental para conmemorar en 1992, los 500 años del evento histórico de la llegada de Colón a nuestro continente. La obra fue terminada el 30 de noviembre de 1994, el entonces gobernador Jorge Carrillo Olea mandó hacer un gran libro “La Acrópolis de Xochicalco” y el museo fue inaugurado en abril de 1996. En conjunto, la Zona Arqueológica de Xochicalco fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, tres años después, en 1999.

La lectura de este libro me lleva a destacar su importancia porque, además, Xochicalco es un vestigio arqueológico que cuenta con otra notable peculiaridad: su enigmática acústica. Al aplaudir desde el centro de la plaza, el sonido resultante es similar al graznido que emite una hermosa guacamaya. Y una de las valiosas piezas que exhibe el museo de Sitio, es justo una hermosa cabeza de esa ave. ¿Qué tal eh? Y nos leemos el próximo miércoles.

 

En esta imagen aparece una toma espectacular del también, valga la redundancia, espectacular sitio arqueológico de Xochicalco, tan valioso dentro de la cultura mesoamericana. A lo lejos, rodeándolo, vistas del campo morelense. Foto bajada de lugares.inah.gob.mx, proporcionada por la autora para su publicación.

Lya Gutiérrez Quintanilla