Un Obispo, de acuerdo o no con él, nunca olvidado

 

Sí, queridos lectores, hace unos días asistí a la función especial en esta ciudad, de una película titulada Obispo Rojo, sobrenombre con el que se conocía a don Sergio Méndez Arceo VII Obispo de la Diócesis de Cuernavaca. Con una duración de 180 minutos, este gran trabajo cinematográfico que hará historia realizado por el cineasta morelense Francesco Taboada Tabone, vino a recrearnos la historia del obispo más polémico del siglo XX. Cuando quien esto escribe, entrevistó para mi libro Los Volcanes de Cuernavaca a don Samuel Ruiz García, el “Tatik” y Obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas, éste me dijo: “Sergio siempre caminó al filo de la navaja entre estar dentro o fuera de la Iglesia, si permaneció dentro fue por su enorme apego al mundo eclesiástico”.

Vuelvo a hacerme la misma pregunta: ¿Por qué fue tan polémico don Sergio? ¿Y por qué sectores tradicionales lo rechazan? Detallo varios motivos, ahí van: Porque con su ideología personal, grupos conservadores le gritaban que era abiertamente socialista y marxista, él se defendía diciendo: “No soy marxista, soy cristiano”, aunque también recibió grandes elogios como el de los teólogos franceses reunidos en un Congreso en Versalles que al paso de don Sergio por Francia rumbo a Roma le piden acuda y les muestre el trabajo de remodelación de la Catedral del siglo XVI de Cuernavaca.

Al terminar de pasar las fotos, con camiones de volteo dentro de la Nave Mayor sacando los derruidos altares levantados a lo largo de los siglos y al final cuando miran en la pantalla como quedó la Nave Mayor: austera, franciscana, conventual, como lucía originalmente, el impacto fue tremendo. Se hizo el silencio, pero, de pronto, todos de pie le aplaudieron a don Sergio por largos cinco minutos.

Sigo: polémico por sus comunicaciones y su derecho a picaporte con don Luis Echeverría Álvarez entonces Presidente de México quien siempre lo escuchó y apoyó, fueron amigos hasta que la muerte los separó; también por su respaldo a Fidel Castro en su revolución de 1959; por sus visitas en Roma con Juan XXIII y Paulo VI; por sus participaciones en reuniones emergentes entre empresarios y obreros en las que él mencionaba: “en esta reunión yo no soy juez, sino parte”, siempre del lado de los trabajadores, aunque cuando se les pasaba la mano, les decía: “Ya obtuvieron logros, ya párenle hermanitos ¿qué quieren? ¿qué cierre la empresa y se queden todos sin trabajo?”.

Sigo: su mente amplia logró su intermediación en secuestros en Guerrero, como el muy sonado del entonces senador y candidato a la gubernatura Rubén Figueroa, en que tanto sus familiares como los secuestradores del Partido de los Pobres, (organización política de izquierda fundada por el maestro rural Lucio Cabañas, luego transformada en grupo armado guerrillero), ambos bandos elegían a don Sergio, sabían que a ninguno traicionaría.

Y seguía la polémica: como sobrino de un gran masón defendió la causa de los francmasones, apoyó la práctica psicoanalítica en conventos, así como la defensa del ex Prior benedictino Joseph –Gregorio- Lemercier para evitar su excomunión. Polémico también por reunirse con protestantes, ateos, judíos buscando –decía-, una mejor convivencia humana. Era tanto su activismo que durante dos décadas la Academia Mexicana de Historia aguardó en vano por don Sergio. Ya eran otros sus intereses como defender la Teología de la Liberación.

Su carácter abierto a todo tipo de ideologías y osado, lo hizo vivir los años reformistas más intensos de la Iglesia Católica del siglo pasado, pero aunque era un historiador estudioso y un culto teólogo, fue también un absoluto crítico de las formas litúrgicas vigentes.

Obispo Rojo del cineasta Francesco Taboada que le llevó cuatro años de investigación, de recopilación de archivos, datos y testimonios de quienes interactuaron con don Sergio en su momento, logró que en medio del gentío que asistió esa tarde al Auditorio Teopanzolco de Cuernavaca, estuvieran de acuerdo o no con su quehacer, casi nadie se movió durante las tres horas que duró la proyección que inició con la escena de una turba de jóvenes de la ultra derecha anticomunista del MURO, arrojándole tinta roja sobre su alba sotana al regresar el obispo de Chile donde acudió, como único obispo, al evento Cristianos por el Socialismo gritándole:¡Cristianismo Sí! ¡Socialismo No!

Y de ahí “pal real” queridos lectores se sucedieron ante las atónitas miradas de tradicionales asistentes y miradas de admiración de sus seguidores, una tras otra, todas sus participaciones en las que con Lemercier e Iván Illich del CIDOC que al exhibir éste último al “Santo Oficio” terminó con él, mis volcanes que hicieron erupción casi al mismo tiempo en Cuernavaca cimbraron los cimientos del Vaticano al grado que la Jerarquía, ya con el tradicional Juan Pablo II no sabía cómo deshacerse del obispo. En vano, con el éxito de la película Obispo Rojo, Francesco Taboada demostró que su recuerdo sigue vivo. Y pues hasta el próximo miércoles.

Rescato con simpatía de esta imagen su pie de foto escrito por Carlos Fazio, gran periodista de investigación y académico universitario en su reportaje titulado: Méndez Arceo y el ´68 publicado en La Jornada Semanal del 6 de enero de 2008, núm. 670. Dice así: Foto: Luis Suárez, archivo Sergio Méndez Arceo, tomada del libro: Los volcanes de Quintanilla. Ediciones La Jornada Morelos. Y enviada por la autora para ser publicada.

Lya Gutiérrez Quintanilla