

Pablo A. Castro Zavala, su vida entre artistas famosos y sus visitas de apoyo a condenados a muerte
(Primera parte)
Lo conozco hace poco más de 30 años cuando quien esto escribe era titular de la Dirección General de Relaciones Públicas y Atención Ciudadana del Estado de Morelos. Un día se presenta en mi oficina acreditándose como parte de la famosa empresa televisiva Telemundo Network, venía a visitar a sus padres y, al mismo tiempo, realizar reportajes de Cuernavaca para presumir su ciudad en E.U. Con el tiempo, Pablo Antonio Castro Zavala me fue narrando su vida como migrante exitoso, lejos ya de cuando cruzó a pie a principios de 1980 la frontera entre Mexicali y Calexico en busca del éxito.
Así me fui enterando de sus actividades alternas al periodismo como promotor de famosos artistas hispanos en Las Vegas. Y dado su crecimiento y su humanitaria labor actual, decido entrevistarlo. A mi primera pregunta, responde: “Recién cumplidos los veinte años mi primer trabajo en Los Ángeles, a donde llegué procedente de Calexico, fue barriendo en un negocio de fabricación de muebles de oficina”, me lo dice con orgullo. Y agrega: “Comencé ganando 3.35 dólares la hora en un turno matutino de ocho horas de trabajo de lunes a viernes.”
¿Por qué emigraste Pablo?, pregunto: “Quería que mis padres se sintieran orgullosos de que su hijo encontrara un futuro estable por él mismo. Y fíjate, Lya, que ahora que repaso ese momento, pienso que tal vez esa búsqueda del mundo del espectáculo que ahora vivo como Presidente del Salón Mundial de la Fama y del Paseo de las Estrellas de Las Vegas me viene, en parte, de familia, ya que hubo un tiempo en que mi padre, antes de retirarse, presentaba en los años 40s y 50s a conocidos artistas en Cuernavaca”.
Le pido que detalle cómo creció profesionalmente tan rápido. Él responde: “Desde mi primer trabajo, al ver mi entusiasmo, a los tres meses me proponen un ascenso para lo cual me capacitan durante dos días para manejar un montacargas para el movimiento y acomodo de muebles por la enorme factoría. Así aumentó mi salario al triple y me volví un experto. Estuve un año. Por cierto, desde ese trabajo, como tantos otros de mis compatriotas migrantes lo hacen, comencé a mandarle dinero a mi madre aunque al principio fuera poquito. Sin embargo mi sueño seguía siendo otro.

“Y cuanto supe que mi hermana Lupita estaba en Nevada y me invitaba a mudarme con ella, sin pensarlo mucho di las gracias y me despedí de mi trabajo, subí mis pocas pertenecías a mi carrito y salí al encuentro de mi nuevo destino, al llegar me encontré feliz también a Carlos un hermano mayor que yo del primer matrimonio de mi papá. Nunca imaginé que un amigo de Lupita me acercaría a pedir empleo en el lujosísimo Hotel Hyatt Regency en Lake Tahoe, Nevada. Ya para ese entonces hablaba yo un mejor inglés.
“Entré de garrotero (ayudante de mesero) y ahí ganaba yo 100 dólares al día, más que por el sueldo, por las propinas que en temporadas altas crecían mucho más, pronto ascendí a mesero y así pude servir en las habitaciones con lo que mis ganancias aumentaban, pero ni así me conformaba, seguía mi búsqueda porque también desde que acudí a un par de filmaciones del programa Siempre en Domingo en Televisa México con mi familia, vi a Raúl Velasco presentar a Vicente Fernández, a Julio Iglesias y a José José y al escuchar a Velasco decir: ´Y ahora con ustedes´… y después decir su icónica frase: ´Aún hay más´, soñé con entrar a ese mundo.
“Recuerdo con enorme satisfacción que la primera vez que pude volver a Cuernavaca, llevé a mi madre al super y le dije: ´compra todo lo que quieras, no te fijes en cuanto cuesta´. Ese día llenamos tres carritos, le quise dejar su despensa llena antes de regresarme a los E.U. Todavía vivían mis padres y pude ayudarles en lo que iban necesitando. Aunque me impulsaron los dos, fue mi madre, Lya, la que siempre apoyó mis sueños y me daba muy acertados consejos. Por cierto, en ese entonces me acerqué al periódico Ahora Latin Journal que se publica en español en Reno, Nevada, era ya casi finales de los años 80s cuando me dan la oportunidad de escribir una columna a la que le puse: Reportando desde Lake Tahoe.
“Siempre tocaba temas de interés para los mexico-norteamericanos. Al mismo tiempo me ofrecen un trabajo en el Hilton de San Antonio y como ya me iba acercando a mi sueño, dejo Lake Tahoe y me mudé una vez más de ciudad desde donde continué escribiendo a veces en otro periódico para seguir con mis temas de migrantes que yo sentía como propios. Dos años después, un amigo me llama y me dice que Telemundo buscaba un productor de campo, que son los que filman historias fuera del estudio y yo viajaba mucho, -aclara-, “me entrevistan y me aceptan. Me despido del Hilton y entro de tiempo completo. En esa época te conocí Lya. Poco después recibo en Telemundo una lista de 13 mexicanos condenados a muerte para entrevistarlos”. Seguimos el próximo miércoles.

Un muy joven Pablo Antonio Castro Zavala con el famoso cantante y actor Antonio Aguilar, uno de sus primeros homenajeados en Las Vegas. Imagen enviada por el entrevistado y proporcionada por la autora para la publicación de esta entrevista.

