Cinema Planeta, referente ambiental y cultural de Latinoamérica

(Primera parte)

 

Queridos amigos, acaba de concluir un Festival más de Cinema Planeta de Cuernavaca. Con enorme gusto les refiero: Fue un éxito presencial y sobre todo de difusión que, vía las redes, destacaron el nombre del Festival y obviamente de Cuernavaca por varios países del mundo y no con noticias de inseguridad o delito alguno, sino con temas relevantes para el planeta en general y todo desde la ciudad capital de Morelos.

Curiosamente, aquí en Cuernavaca, en su sede natural, el Festival aunque tuvo grandes ayudas sobre todo de las Secretarías de Turismo y de Educación Pública estatales, así como de los municipios de Cuernavaca y de Cuautla, en cambio, las más altas autoridades culturales estales que no brindaron apoyo alguno, se perdieron la oportunidad de participar y de ser conocidos a nivel internacional. Decía mi gran amigo el periodista Efraín Pacheco Cedillo q.e.p.d. que me brindó mis primeras clases de periodismo, “pero siempre sucede lo mejor Lya”. Y sí, lo mejor sucedió. La cadena CINEMEX en sus cines de Plaza Bugambilia, recibió con los brazos abiertos, una vez más, a Cinema Planeta, con todo tipo de apoyo y enormes descuentos. Cuestionadas, decían las empleadas: “Lo que nunca, desde las 7 de la mañana comenzábamos a preparar palomitas que estuvieran recién hechas para recibir a estudiantes de distintos planteles que a partir de las ocho ocupaban las salas durante toda la mañana. Unos entraban, otros salían. Era precioso verlos avanzar formaditos en compañía de sus maestr@s, encantados de aprender acciones que pueden ayudar a mitigar los males que aquejan a nuestro bello planeta azul, la Tierra. Se dieron talleres, conferencias y conversatorios, todos dirigidos a estudiantes y a personas de la industria audiovisual que enseñaron a los alumnos de todas edades la importancia de reducir el impacto ambiental. Muy presentes estuvieron los alumnos de prepa de la UIJOVA y de varias escuelas más.

Les cuento queridos lectores que escribo estas líneas entre el fragor del agua que desciende de manera imponente desde el Ajusco Chichinautzin porque también en Cuernavaca ha llovido lo que nunca y hago un paréntesis en lo del tema de Cinema Planeta porque este le compete de alguna manera. Me explico: veo por la TV, en todos los noticieros escenas de imparables y atípicas inundaciones, con denuncias de drenajes azolvados por la basura. De esto, todos le echan la culpa al cambio climático o al nulo trabajo oficial que impide año tras año las inundaciones, pero ¡Aguas! porque cada vez será peor. Y mientras tanto, miles de familias pierdan todo por las crecidas de hasta un metro de altura en sus casas.

Ante esto, me asombra que, entre todas esas descripciones y escenas dantescas con el agua hasta la rodilla y los enormes esfuerzos de los trabajadores por destapar las coladeras, aun no surge una importante voz que prohíba a la ciudadanía, pero en serio con sanciones de por medio, tirar basura en las calles. Como recuerdo lo vivido en la Plaza de la Signoria, en Florencia, Italia. En esa ocasión una joven turista tiró el papel de la hamburguesa que se acababa de comer. Al verlo, un carabinieri -policía italiano-, se le acercó y a gritos, sin ningún miramiento, la obligó a levantar el papel del suelo amenazándola con multarla si lo volvía a hacer.

Eso debía de ocurrir aquí, pero tenemos una ciudadanía ciega, sorda y comodina que se le hace fácil tirar basura para esperar a que el gobierno la recoja por lo que ojalá surjan eficientes campañas para volvernos limpios. Recuerdo que hace un par de años, el alcalde de Cuernavaca José Luis Urióstegui que a dios gracias lo reelegimos en el mismo cargo, trató con gran esfuerzo de enviar a recoger la basura dividida de la siguiente manera: unos días, los camiones se llevarían solo desechos orgánicos, otros los inorgánicos y qué creen, fue la ciudadanía, no las autoridades municipales quienes boicotearon ese esfuerzo. Es una vergüenza que las coladeras se tapen por la basura que nosotros mismos tiramos.

Pero de vuelta al Festival, en este su 17 Aniversario, conocido dentro y fuera de México por su enfoque en el cine medioambiental y su compromiso con la educación y el activismo, lo nuevo es que presenciamos el debut del Green Market, que es un mercado internacional de cine medioambiental que se realiza por primera vez en Latinoamérica, concretamente en Cuernavaca que busca fomentar la producción de cine verde y sostenible. Y aunque me asombró ver durante los tres intensos días que duró el festival muy pocas caras conocidas, los eventos estuvieron pletóricos de rostros nuevos; así también me llamó la atención que muchos de los otrora niños que trabajaron de voluntarios en pasadas sesiones del festival, hoy, ya jóvenes mayores de edad, gracias a lo aprendido en Cinema Planeta, presentaron magníficos cortometrajes realizados por ellos mismos.

Para la premiación hubo un jurado calificado de cineastas reconocidos, Y los niños y jóvenes que representan el futuro del mundo, fascinados haciendo preguntas interesantes e inteligentes en todos los eventos. Realmente fue una experiencia única y significativa para los cinéfilos y los entusiastas por la defensa del medio ambiente en Cuernavaca, el haber asistido. Y como siempre lo ambiental va aparejado a lo cultural, el sábado, entre tantos filmes ambientales que quien esto escribe ya les dará a conocer los más destacados el próximo miércoles, el gran cineasta morelense Francesco Taboada y la fotógrafa y camarógrafa Fernanda Robinson que siempre han apoyado al festival, presentaron su filme Obispo Rojo que trata de los tres sacerdotes que pusieron en su época a Cuernavaca en el epicentro del pensamiento crítico mundial: el VII Obispo de Cuernavaca Sergio Méndez Arceo, el fraile benedictino José Lemercier y Monseñor Iván Illich, será presentado de nuevo el lunes 20 de octubre a las 17 horas en la Catedral de Cuernavaca. ¿Qué les parece?. Y seguimos el próximo miércoles.

Imagen que muestra la respuesta favorable de escuelas en el Festival Cinema Planeta que se llevó a cabo la semana pasada. Foto enviada por Edgar Quintero a la autora para su publicación.

Lya Gutiérrez Quintanilla