

Tecnología sin pensamiento: el ocaso de la escritura
Al leer publicaciones como “The end of writing and reading will be the end of freedom” (The Washington Post, 22 de mayo, 2025) obliga a preguntarnos si la humanidad está perdiendo una de sus conquistas más profundas: el lenguaje simbólico y la escritura y, con ello, ¿la capacidad misma de pensar?
Posiblemente, el mayor salto evolutivo del Homo sapiens, que lo llevó a la categoría de humano, fue aprender a simbolizar. El lenguaje oral fue el primer paso, y luego la escritura consolidó la posibilidad de trascender el instante.
Las primeras tablillas de arcilla con glifos cuneiformes, se grabaron en Mesopotamia hace 3300–3200 a. C. Estas fueron el inicio de la memoria colectiva, de la construcción de la historia. Gracias a la escritura, el pensamiento dejó de depender de la frágil memoria oral y pudo acumularse, transmitirse y perfeccionarse durante siglos.
Tuvieron que transcurrir decenas de miles de años, desde los primeros trazos rupestres hasta las primeras formas de escritura organizada, y más de tres milenios para consolidar alfabetos compartidos.
La escritura constituye una evolución social de la humanidad que dio lugar a la filosofía, a la ciencia, al derecho, a la literatura, a las constituciones políticas. Estos símbolos de las palabras, posibilitaron que la humanidad pudiera pensarse a sí misma y construir civilizaciones complejas.

En las últimas décadas, paradógicamente, nunca se había escrito y leído tanto en términos cuantitativos (mensajes, publicaciones en redes, correos electrónicos), pero tampoco, nunca se había debilitado tanto la profundidad de la escritura y la lectura como ejercicio intelectual.
Las redes sociales han modificado la manera en que procesamos la información. La inmediatez, la brevedad y la saturación informativa han atrofiado la capacidad de leer de manera crítica y de escribir con sentido creador.
La paradoja es enorme, lo que llevó milenios construir (la escritura como herramienta para pensar, imaginar y transformar), hoy corre el riesgo de perderse. El pensamiento reflexivo se ve desplazado por la lógica del clic, el “like” y las imágenes fugaces. El homo symbolicus retrocede frente al homo digitalis, atrapado en la inmediatez y la superficialidad.
¿Este deterioro es una regresión civilizatoria? Si la escritura fue la base de la crítica, su abandono puede derivarse en la imposibilidad de asumir posturas críticas. Es la pérdida de autonomía intelectual y la vulnerabilidad frente a discursos simplistas y manipuladores. La historia enseña que las sociedades que pierden su capacidad crítica se convierten en terreno fértil para la tiranía.
La tecnología no es enemiga en sí misma; lo es su uso acrítico. Aún es posible revertir esta atrofia recuperando la escritura como ejercicio formativo en la escuela, promoviendo la lectura reflexiva desde la infancia, creando espacios digitales que privilegien el análisis sobre la inmediatez y, sobre todo, cultivando la disciplina de leer y escribir con profundidad. La tarea no es menor.
Urge que la escritura se privilegie sobre la velocidad; la tecnología debe ser un complemento, un instrumento, una herramienta que facilite las funciones esenciales de pensar y crear.
El gran desafío de nuestro tiempo es evitar que el prodigio que nos elevó a la categoría de humanos se marchite. No se trata de nostalgia, sino de supervivencia como humanos. La humanidad aprendió a escribir, para recordar y construir. Si olvidamos escribir y pensar, quizá podamos seguir existiendo, pero ya no seremos humanos.
Imagen: blogsaverroes

