


La crisis de nuestro tiempo es una crisis humanitaria, sí, pero también se trata de una crisis de la humanidad. Después de casi cien años el título del libro de Oswald Spengler La decadencia de occidente, aún describe nuestra situación. El segundo triunfo de Donald Trump es una de sus manifestaciones concretas, ante el horizonte de hostilidad que se avecina, un mainstream que ni siquiera se oculta. De tal modo, bajo la magnitud de este desastre y a la luz de sus terribles consecuencias, conviene preguntarnos ¿quién ha elegido a este monstruo? Sí, Trump es un monstruo por sus excesos, por la ausencia de límites en su comportamiento, por el nulo respeto a la naturaleza de las relaciones jurídico-políticas, por su falta de empatía, por la arbitrariedad con la que conduce los asuntos públicos, por el racismo y la avidez que lo mueven. Pero ¿Qué podemos decir de aquellos que apoyaron a este monstruo para embestir a sus víctimas? ¿son responsables de la política que vemos? Considero que Trump es la ocasión precisa para replantearnos el fondo ético del ejercicio del voto y el nexo que se traba a entre representantes y representados.
De acuerdo con Pew research, el voto latino viró hacia la derecha, creciendo hasta 48% en 2024 frente al 36% que había reportado en 2020, en lo que los diarios más importantes de los Estados Unidos describieron como un giro dramático. Si bien, Jimmy Carter sigue siendo el presidente con mayor respaldo hispano en 1976, año en el que obtuvo el 82% del respaldo de los votantes hispanos. Se trata de un hecho impactante debido a que el discurso de Trump se tornó aún más beligerante en contra de México y Latinoamérica. Un fenómeno cuya evolución puede rastrearse desde la primera elección del magnate. Cuando nos damos cuenta del amplio respaldo migrante que respalda al máximo representante de la ultraderecha, se abren aún más las proporciones del desastre, acaso, ¿nuestros hermanos migrantes suscriben el discurso y las prácticas de este monstruo?, ¿la llegada a los Estados Unidos les han hecho olvidar sus orígenes y la empatía con su gente? Quizá simplemente los migrantes latinos votaron bajo la lógica del sálvese quien pueda.
Desde esta perspectiva, la compleja identidad de los migrantes latinoamericanos debe estudiarse a profundidad. A manera de hipótesis, recupero un argumento proveniente de la difícil etapa de los 50’s, cuando la academia mexicana reflexionaba en torno a la identidad de lo mexicano. En este sentido, me pregunto si, ¿acaso podemos señalar al sentimiento de inferioridad propuesto por Samuel Ramos como responsable del respaldo latino a Donald Trump? Y, de tal modo, hablar de una aparente satisfacción de un narciso herido al cruzar el border. Todavía más, una enajenación después de recibir la green card y poder decirse: american citizens, a pesar de ser una gota proyectada en un espejo. Por ahora únicamente son supuestos derivados del impacto de los números. Otros factores pueden traerse a colación, como la evidente falta de empatía y la avasallante actividad de la maquinaria norteamericana de los sueños, artefacto que opera sin descanso para llevar a las hordas migrantes a desear, a través de cualquier medio, convertirse en norteamericano. Quién no conoce la práctica de los matrimonios falsos, los acuerdos ilícitos, que completan el cuadro de la migración indocumentada y de la locura que emerge desde la Casa Blanca.
Así pues, el escenario planteado por la última elección americana nos permite comprender la importancia del voto latinoamericano en el triunfo de la ultraderecha, así, sin mentiras ni engaños. Desde esta perspectiva la situación es mucho más compleja que el maniqueísmo que nos exalta bajo la simpleza de Estados Unidos de Norteamérica versus México. En este sentido, Donald Trump es la expresión de una fuerza profunda que se manifiesta a través del desvarío de aquellos que migran y pretenden transformarse, a cualquier costo, en norteamericanos y no sólo en norteamericanos sino, paradójicamente, en republicanos. La locura que nos ofusca a escala mundial no es una laceración provocada por Trump como individualidad en la historia, sino por las hordas que lo respaldan, con pleno conocimiento y aceptación de su ideología y de sus procedimientos. Por mi parte, considero que la elección presidencial que lo lleva a ocupar por segunda ocasión el cargo puede verse como un guiño al individualismo maximizador descrito por la teoría de la rational choice.
En estas condiciones, el viraje hacia la derecha de una comunidad latina convencida de su nueva realidad nos muestra el rostro más torvo del artificio jurídico de la ciudadanía, la facilidad con la que se rompen los lazos étnicos y el poder involucrado en el tránsito del umbral ontológico entre el nosotros y el ellos. Bajo esta perspectiva me resisto a evaluar a Trump como lo hacen otros autores, colegas y compañeros, lo menos importante es el individuo rubio y recalcitrante, sino la multitud deseante que lo proyecta como representante de su causa.

Imagen: Foto publicada por El País, 7 de noviembre de 2024.

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Nahuatlato, Profesor de Tiempo Completo en el Colegio de Morelos. ↑

